Las llamas del infierno

1215 Words
¿Días, semanas o meses? Juno no lo sabía encerrada en ese calabozo. El calor insoportable, el mal olor de su propio cuerpo, el hambre tan feroz que tenía, la sed de poder por lo menos probar una gota de agua. De vez en cuando llegaba un guardia y le lanzaba un pan duro al suelo, con una taza asquerosa sin lavar con agua. La chica aguantaba las ganas de vomitar al tomarse ese líquido para que por lo menos le hidratara un poco. En su soledad pensaba mucho en Agatha, Sol, Mara, Aleja y todas las mujeres que compartían con ella en las barracas. En la noche que cantaron la canción, contaron historias y le regalaron el dibujo. Rayos, el dibujo lo había dejado en la barraca. Se preguntaba cómo estaría Mara, ¿cómo seguiría de su pierna? era imposible saberlo. Recitó las palabras de despedida de su amiga, y bien que fue una despedida porque ahora no sabia si la volvería a ver. Asimismo, la puerta metálica del calabozo sucio se abrió, las botas impecables, el uniforme, la gorra, la sonrisa que tanto caracterizaban al diablo se hicieron presente; en su mano derecha tenía una bolsa negra. Juno ya a esas alturas no tenía más lagrimas que botar. —Te vez terrible—murmuró, la chica ni siquiera lo miró. Bajó su vista al suelo mientras permanecía sentada en la mugre que ese calabozo caracterizaba. El capitán ojeó todo el perímetro. —Este lugar es un asco—musitó, sacando de la bolsa negra un frasco grande con agua—. Toma, bebe—se lo ofreció, la muchacha lo observo con desconfianza–. Bebe, debes tener mucha sed y más en esta época donde el calor está agobiante. Tranquila, no tiene veneno. Las manos sucias de la chica agarraron con desespero el frasco empinandose un largo sorbo, luego otro, y otro. —Te traje esto—era un pan relleno con pollo, ¿acaso era pollo? ya se le había olvidado el sabor del mismo. Juno lo miró como si estuviera mirando al mismísimo Beethoven, con tanta admiración que no dudó ni un segundo comérselo como un animal hambriento. Comió rápido, bebió mucha agua, la vida le había regresado al cuerpo, era verdad lo que decía su padre: los placeres de la vida esta en:comer una buena comida, beber una buena bebida y tener un sueño bastante placido. El capitán viéndola comer con desesperación sintió lástima por ella, había tenido tanto trabajo que no había podido ir a la torre del calabozo. Ni la sombra de esa Juno que conocí ya no queda nada. Auschwitz la ha destrozado. Él vio a la chica tan delgada que tuvo temor de que muriera, no tenía ni fuerzas para levantarse, ni hablar, sus ojos estaban perdidos, vacíos, sacarla de las barracas había sido una mala idea. —¿Por que me alimentas?—escuchó su voz casi en un susurro. —Aquí las preguntas las hago yo, tú solo. obedeces. El capitán se inclinó para quedar a su nivel. —Me han dicho que cuando estabas en la barracas guardaba tu ración de comida. ¿Por qué? Ella levantó su vista para ver esos ojos claros. –Para llevarsela a Mara. –¿Mara? ¿quién carajo es Mara?—frunció el ceño. —Mi amiga—murmuró Juno con tristeza. El diablo bufó. —Deberías de pensar en ti misma, eso es un consejo que te doy de gratis. —¿Debo agradecerte? La siguió mirando con cautela. —No has perdido el sentido de humor y la insolencia. —¿Por que me alimenta capitán, quiere seguir torturandome? No respondió. —Ya veo, el silencio otorga, quizás debería, resignarme que moriré de hambre o sed. —Aquí nadie morirá. Deja de decir tonterías, ¿quieres saber por qué te alimento? Juno asintió. Este se levantó obligando a Juno alza su vista para mirar sus movimientos. —Porque quiero hacer una propuesta. —¿Propuesta? —Si—volvió a inclinarse para quedar a nivel de ella—. 23990, te ofrezco salir de esta asquerosa torre que huele a mierda, comida, agua, un baño diario, lavarte los dientes cuando quiera, una buena cama, sábanas limpias, cobija para la temporada de invierno. Te ofrezco también protección mientras esté en Auschwitz, nada de trabajo forzado, solo algo leve que se te asignara, ni cabello de Ángel, ni Mengele, ni nadie podrá tocarte sin mi permiso. Te ofrezco ser privilegiada. Juno arrugó las cejas. —¿A cambio de qué?, no creo que el diablo me ofrezca un trato sin recibir algo a cambio. Él se rió con suficiencia mostrando sus dos hoyuelos en las mejillas. —Estas medio muerta y todavía te queda sentido de humor. Pero si, quiero algo a cambio—se levantó llevándose sus manos a la espalda—.Quiero que calientes mi cama todas las noches, prácticamente, quiero que seas mi mujer. La chica se rió. —¿Que es lo divertido para que nos riamos juntos?—la expresión del capitán se tornó seria. —¿No era lo demasiado judía para gustarle capitán? ahora quiere que haga un trato con el mismo infierno. Él curveó sus labios hacia abajo. —Si fuera tú lo tomaría sin pensarlo, no lo dudaría ni por un segundo. Cualquiera de las mujeres de aquí matarían por ser privilegiadas. Juno recordó las palabras de Mara cuando le preguntó el por qué otras trabajaban mas liviano. Esas mujeres que quitan la nieve trabajan para los nazis, si, suena extraño, son prisioneras pero reciben raciones extra de comida, y algunosprivilegios que ninguna de aquí tiene. ¿Intocables Juno?, son patéticas, aquí se hace lo que sea para sobrevivir hasta ser una perra con las demás. Igual no están excepto de ser mandadas a las cámaras de gas. —¿Estoy excepta de ser llevada a la cámara de gas? Al el capitán le sorprendió la pregunta. —23990 yo soy la cámara de gas. Ya te dije, te ofrezco protección, ni Mengele, ni cabello de Ángel pondrán tocarte mientras estés conmigo. Ya si no aceptas el trato, si estás exenta a que cabello de Ángel haga lo que quiera contigo o el Ángel de la muerte te involucre en sus experimentos. ¿Experimentos? La respiración de la muchacha se salió de control por un momento, no quería ni imaginar que era caer en las manos del Ángel de la muerte, le daba terror, pánico solamente su presencia. Recordó cuando le disparó en la pierna a Mara, y tuvo que cerrar los ojos con fuerzas para no caer nuevamente en lágrimas. —¿Tengo otras opciones? —¡Que graciosa! esta es tu única opción, así que decides: lo tomas o lo dejas. Juno sintió que se le revolvía todo el estómago, quería vomitar. Las llamas del infierno estaban a la puerta, al borde de tocarla. Vender su alma al diablo quizás era el peor error de su vida, pero Auschwitz se trataba de sobrevivir, y para mantenerte con vida aveces era necesario hacer un trato con el mismísimo diablo. -¿Decides ser mi mujer o ser las que las llamas queman en este infierno? Es tu decisión... ☆☆☆ Los Leo, dejen sus comentarios plis
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