Los pájaros no existen en Auschwitz

2059 Words
Usted sí me gusta... —Vaya, vaya, eres más interesante de lo que pensé—se rió acercándose a Juno—.¿Que intentas 23990? ¿sobrevivir? La muchacha parpardeó exhalando aire. Piensa en ti, sobrevive. —Pienso en mi—el rostro ahora del capitán fue confusión—.Le demostraré que digo la verdad. Con sus manos sucias, Juno comenzó a quitarse el andrajoso uniforme hasta mostrarse desnuda ante del capitán que atónito pero expectante la observaba. Su pecho subía y bajaba con fuerza, el temblor en todas sus extremidades era demasiado evidente. El diablo la miró como lo que era, como la había conocido, como un Angel caído del cielo. Le atemorizó perder el control y que esa asquerosa demasiado judía le reviviera el corazón. Juno alzó su rostro avergonzada, respirando hondo, inhalando, exhalando, En Auschwitz se hacian cosas inimaginables para sobrevivir, hasta entregar el cuerpo. En Auschwitz se hacen cosas Inimaginables por un plato de comida Juno. Prometeme que sobreviviras. La voz de Mara estaba tan adentro de su cabeza que la chica tuvo el valor suficiente para seducir aquel demonio frente a ella, al hombre que le habia robado su pureza, su sonrisa, su dignidad, el mismo que no le importo fusilar a su familia. El chico que conoció una noche bajo la lluvia de ojos azulados hermosos era un total monstruo. Juno no sabía nada de seducir, no lo habia intentado, sin embargo, esa era su única arma para que su estancia en Auschwitz fuera más soportable. Obligó a sus pies a moverse para aproximarse al soldado, pensando lo más positivamente posible a que éste le correspondiera ya que se encontraba inmunda, con el cabello hecho un desastre. Se detuvo cuando estuvo a centímetros de él, y reunió todas las fuerzas que su cuerpo débil pudo para mirar a los ojos al asesino de su padre y hacerle una petición indecente. Cuando el hambre entra por la puerta, el pudor sale por la ventana Eso se le habia dicho Agatha en una oportunidad. —Bésame. El diablo abrió sus ojos de asombro, definitivamente, Juno Hoffman no era la mojigata que él había conocido hace tiempo atrás, ni la tímida chica que le habían dicho. Ahora, ella se estaba rebajando a un nivel de suplica al punto de pedirle que la bese. —¿Por que te besaria judía?—dijo, acercándose a sus labios pero sin besarlos, la adrenalina en su cuerpo se activó al tenerla tan cerca. Juno percibió el olor a cigarrillo que desprendía su uniforme, su boca. —Porque sé que quieres—fue la cereza final para que el diablo tomara con fuerza su boca con desesperación, con lujuria. Su lengua quería introducirse más adentro hasta llegar a su garganta. Sus manos se posicionaron en su cintura, pegando su cuerpo al de él, sintiendo el calor que ambos forjaban al besarse de esa forma. El capitán no debería besar a una judía, a una prisionera de Auschwitz, no eran lo correcto, pero ahí estaba, dejándose llevar por los impulsos, por su instinto de placer, de lujuria o ¿de amor?. Ambos con sus ojos cerrados se envolvieron en aquel beso apasionante, fogoso. Juno se despegó con sus labios hinchados, rojos y la respiración echa un lío. Sin embargo, el capitán quería más, quería hacerla suya en ese instante sin importar nada. Quiso aproximarse a ella tan desesperado en tomarla, en estar con ella, en penetrarla que se sintió decepcionado cuando Juno se apartaba lentamente de él. —Aquí no, vendrán a buscarlo pronto—ella tenía razón, al no verlo estaba seguro que cabello de Ángel o cualquiera lo buscaría. Juno se mordió los labios, y fue suficiente para que el hombre la tomara a la fuerza y estampara un beso violento. Luego, la soltó dándole una mirada lujuriosa para marcharse. Ella no pudo respirar. Las lágrimas salieron de inmediato, se había rebajado como una puta. Cuando el hambre entra por la puerta, el pudor sale por la ventana Las palabras de Agatha venían a su mente, más no le daba el consuelo que necesitaba. El diablo era un asesino, un vil esbirro que los había enviado a ese infierno, la había violado sin compasión, y humillado de tal forma que no merecía nada de ella. Recordó cuando fusilaron a su padre y eso la hizo caer al suelo envuelta en lágrimas. Hija más allá de las lágrimas, del rencon tiene que brillar la luz del amor a pesar de lo que veamos, aún cuando no veamos un arcoíris en nuestra vida, nunca pierdas la fe, ni la bondad que te caracteriza Esas palabras fueron días antes que los soldados inrrumpieran su casa para condenar a su padre. Fe, bondad... es un chiste papá. Siguió llorando con fuerza, como una niña desamparada. Bésame. ¿por qué lo haría judía? Porque quieres. Nunca se imaginó poder hacer algo así, venderse por sobrevivir, rebajarse y perder el pudor de esta manera. El hambre, la sed, el miedo hacían hacer cosas inimaginables, que nunca pensaste en tu vida hacer. Tranquila hija, tienes que vivir, tienes que hacer música. Ese pensamiento marcado con la voz de su padre la hizo levantarse, secarse las lágrimas, vestirse y correr a las barraca. El invierno había parado, y la primeravera soleada ahora gobernaba el cielo. El calor era tremendo, y más cuando trabajabas tanto sin una gota de agua, sin embargo, en ese momento agradecía a Dios que el invierno hubiese pasado porque esa temporada fue dura. Al llegar a la barraca, una mujer estaba atendiendo a Mara que se había desmayado del dolor. —Mara—se arrodilló en la litera que compartían tomando su mano. Agatha la miró con preocupación. Sol también estaba ahí—.Tienes que sobrevivir, vive Mara—sollozo con el corazón desbocado, las lágrimas no paraban de correr por sus mejillas—. Lo siento, lo siento, abre los ojos, tienes que vivir, no me dejes sola por favor, no me dejes sola—estalló en llanto. Llevó la mano de Mara a su rostro y siguió llorando sin consuelo—. Tenemos que salir y bailar, y hacer música Mara, no me dejes por favor. —¡Ya basta!—se levantó Sol abrumada también por las lágrimas—. Ya basta de falsas esperanzas. Entiendelo Juno, nunca saldremos de aquí, nos matarán. En Auschwitz nadie canta, nadie sueña, los pájaros no existen, aquí tenemos que acostumbrarnos a esta vida de porquería. Deja de llenarla de ilusiones—expresó con lágrimas, con amargura en sus labios, en sus ojos. Sol estaba muy delgada, con hambre, con sed. Su cabello estaba comenzando a crecer. Sus uñas sucias, su ropa andrajosa, toda ella era un cadaver a la vista de cualquiera. —¡Basta! no perdamos el control, confiemos que Mara se salvará. Iré a otras barracas a ver si hay alguien que sepa de medicina y la traeré aquí, ustedes vayan antes que cabello de Ángel las castigue. Juno asintió, sol también y ambos fueron a sulabor acostumbrado. Por la noche, Mara ardía en fiebre, una polaca había hecho todo lo necesario para extraerle la bala, vendarle el muslo, y dejarla en reposo, pero por las condiciones del cuarto, tenían que tener mucho cuidado que la herida no se fuera a infectar. Las semanas comenzaron a transcurrir como un abrir y cerrar de ojos. Ya en el cuarto donde habitaba Juno no había música, ni cantos por las noches, ni sueños. Ese disparo a Mara había matado también toda esperanza, todo rastro de querer libertad. Lo único que podían escuchar a media noche en medio de la inmersa oscuridad eran los quejidos de Mara. Su pierna se había infectado, según la polaca que estudió medicina declaró que su pierna tenía algo llamado gangrena y que hasta podía perder la extremidad. Los ánimos de ese lugar estaban por el piso, la moral, las lágrimas fluían todos los días en medio de la penumbra. Para Mara era una verdadera pesadilla perder su pierna, nunca más podría bailar, prefería morir, con tal, ya no tenía nada para sobrevivir. Solo sería un estorbo para las chicas del cuarto y para los nazis seria una más que enviar a la cámara de gas. Mara sabia que en cualquier momento vendrían por ella. Juno hacia todo lo posible para ayudar a su amiga. Su porción de comida se la guardaba para llevársela a Mara, aveces hablaban, otras veces, su amiga parecía perderse en la tristeza, en la derrota que sus ojos puntualizaban, y el silencio era más que suficiente para saber que todos en ese infierno estaban sufriendo. Aleja, Sol y las demás estaban en silencio, ya casi ni entre ellas hablaban, se limitaban a ser lo suyo, a descansar, a comer lo poco que podían, a beber (cuando les daban agua), a ser fuerte para no desmayarse en jornada laboral para no ser declaradas inútiles por cabello de Ángel, y vivir de los recuerdos, de los momentos hermosos que cada uno pudieron tener. Sin embargo, no podían soñar con el final feliz, ni podian tener fe de que en algún día fueran libres. Juno una mañana salió y miró el cielo junto a sus compañeras. Un inmerso universo azulado, lleno de nubes que alumbraba a todos. —Gracias Dios, por permitirme ver el cielo- musitó Sol que se encontraba a su lado. Juno la miró y se dió cuenta que esta mujer lloraba en silencio. En medio de ese agradecimiento se ocultaba una profunda tristeza. Sol sonrió limpiandose las lágrimas. —Hoy canta para nosotras Juno. Hoy contaré una novela que una vez escribí y nunca me atreví a mostrar por miedo. Las lágrimas de Juno salieron de inmediato, asintiendo. Todas esas desconocidas, con diferentes caracteres, historias, amores y desamores se habían convertido en la familia de Juno, ella las había aprendido a querer por más desgraciadas y pesadas que fueran. Después de varias semanas de silencio, esa noche fue especial, había algo en el ambiente que la hizo única. Esa noche había estrellas, había una luna muy redonda, y una alegría formidable en el cuarto. Juno cantó con todas sus fuerzas, sin lágrimas, con alegría. Todas escuchaban expectante, contentas por volver a reír. También, Sol contó una historia de amor que había escrito sobre dos personas que se habían conocido en situaciones inesperadas bajo la lluvia. La chica no pudo evitar pensar en el diablo, en esa noche que lo vió por primera vez bajo la lluvia. Sol tenía una manera particular de contar historias de amor, las dramatizaba, les ponía sentimientos al punto que todas se podían imaginar las escenas. Agatha le había llevado una hoja con un lápiz a Aleja la cual había hecho un retrato de lo que había detrás de la alambrada. En ese retrato se podía observar un arroyo, animales, aves, música, amor, dedicación, esfuerzo, felicidad. En efecto, ella era toda una artista. Ese regalo, Aleja se lo dió a Juno agradeciéndole por haberla inspirado. Juno lloró de la emoción, yacía mucho tiempo que no se sentía así. Mara dió unas palabras a todas, era más bien como una despedida y de repente la celebración se convirtió en una despedida, todas hablaban de lo bueno, real y hermosa que es la vida. Que si pudieran abrazar más lo harían, que si pudieran cambiar los momentos malos y convertirlos en bueno lo harían. La vida seguía siendo hermosa con sus defectos y fallas. Esa noche todas tuvieron algo que decir, algo que contar, algo que recordar. ### Asimismo, después de tres días de su memorable reunión, una noche los soldados fueron por Juno. La levantaron a los golpes y ella lo último que pudo ver de sus compañeras fue su rostro lleno de lágrimas. —Maraaa, Agathaa, Sol—comenzó a gritar, más ellas no pudieron hacer nada. Mientras la sumergían en un pasillo oscuro, las lágrimas seguían cubriendo sus mejillas, Hasta que finalmente vio su pesadilla: El calabozo. —Nooo, por favor, no quiero volver ahí, no por favor—trató de huir más los SS la golpearon con violencia, llevándola arrastra nuevamente a esa fortaleza. Esta vez no estaba encadenada, pero si sola. Al cerrar la puerta, Juno la golpeó hasta el cansacio desvaneciéndose en el suelo. ☆☆☆ Los leo mis amores... Denle amor a estos personajes desamparados.
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