Un silbido característico de este hombre se
pronunció mostrando una sonrisa encantadora.
Se acercó primero a Juno, mirándola de arriba a bajo, escaneando su cabello que lo tenía hasta los hombros, su rostro sucio, sus marcas en el cuello, su ropa andrajosa.
—Por fin te veo—se rió tan hilerante que Mara se sobresaltó—. Me habían dicho que los hijos del general Hoffman estaban aquí, pero no te había visto. ¿Por qué será?
Juno tembló del pánico. El Ángel de la muerte se le acercó quedando a centímetros de ella.
—¿Me tienes miedo?
Ella no respondió, en ese momento supo que
su vida corría riesgo, peligro.
Mengele se rió volviendo a silbar una
melodía.
—Si estas aquí es porque te has portado bien, no cualquiera viene a canada.
Calló, Juno consideró que era más prudente
guardar silencio.
—Dime...he escuchado que eres una artista—
se rió—. Bueno, eras... según me dijeron que
cantas muy bien y tocas es piano ¿es cierto?
El Angel de la muerte la rodeó respirandole enel cuello.
—Canta para mi.
A Juno le tembló todo, sintió que lentamente
su alma dejaba el cuerpo.
—Entretenme para dejarte vivir, sabes que tu
vida dependen de este momento—le lanzó una mirada a Mara—. La vida de esa asquerosa depende de lo feliz que me hagas hoy.
Las lágrimas ya estaban saliendo.
—Estas sorda ¿eh?
Sin dudarlo, sacó su arma de la cintura y le
disparó en la pierna a Mara.
—¡Maraaaa!—gritó, mientras que la única
amiga que había hecho se revolcaba de dolor en el suelo—. Lo haré, lo haré.
—Buena chica.
Juno inició el canto. La misma música de amor que por primera vez entonó en la barraca. Las lágrimas brotaban por si sola, y de vez en cuando la voz se le quebraba, sin embargo, hizo su mayor esfuerzo para hacerlo bien.
Mengele se quedó paralizado, fascinado por
aquella estupenda pieza de amor, pero este
hombre sabía algo muy bien: en Auschwitz no había amor, ese sentimiento pasajero se olvidó.
Sus ojos estaban fijos estudiando a la
chiquilla con la misma admiración que uno de sus experimentos.
Cuando ya terminó de cantar, él aplaudió.
—Bravo, tienes talento—se aproximó a ella, la chica sintió la piel de gallina al escuchar los sollozos de Mara.
—¿Una cancion de amor? ¿enserio?, aquí el
amor no existe, ni la misericordia 23990.
Un aplauso los sorprendió a ambos, el Ángel
de la muerte volteó mirando con frustración a el diablo que llegaba acompañado de una mujer rubia, de la misma que había ido a la torre cuando Juno estaba encadenada.
—Te dejan solo un minuto y haces desastres —los ojos azules del diablo cayeron en Mara
dándole una calada al cigarro.
—Tiene talento Mengele, ¿no lo cree?—dijo
cabello de Ángel.
—Es una asquerosa y a la vez encantadora.
Aún sigue cantando canciones de amor—se rió Mengele.
—La hija del general Hoffman ahora es una
rata asquerosa y andrajosa. Tu crimen zorra fue nacer judía— sonrió cabello de Angel.
Juno guardó silencio abrumada por las
lágrimas.
La mirada del capitán seguía fija en la
muchacha.
El Ángel de la muerte se dirigió nuevamente a Juno.
—¡Mirame asquerosa!
—Vamos Josef, ya déjala, y anda a encargarte de tu laboratorio de masacre. Deberías limpiar un poco, esta asqueroso
Josef así se llamaba el Ángel de la muerte.
Mengele rodó los ojos, posando una sonrisa.
—Siempre tan cagante Ax.
Ax, entonces, así se llamaba el famoso diablo: Ax.
El capitán sonrió soltando el humo
contenido.
—Y tu siempre tan desobediente.
—¡Ya basta los dos!—intervino cabello de
Ángel—. Mengele vamos a tu lugar, quiero que me explique un experimento con unos gemelos que están prácticamente cocidos, ¿qué coño te pasa? ¿ acaso eres un psicópata? casi me muero cuando
veo esa atrocidad.
Juno sigue temblando.
¿Gemelos? ¿cocidos? ¿qué es éste hombre?
Se preguntó ella misma mientras miraba de
reojos a el Ángel de la muerte.
Cabello de Ángel llamó unos guardias que rápidamente recogieron a Mara por los brazos marchándose todos.
—¿Que? Maraaa... ¿a donde se la llevan?
Maraaa—comenzó a gritar la muchacha.
El diablo lanzó el cigarrillo a un lado.
—¡Callate! se la llevan a su barraca
—Voy con ella.
—¡No! tu te quedas—ordenó, colocándose
frente a ella, la cara de pánico de la chica era muy evidente . Te acuerdas... me debes algo.
Haré lo que sea...
Ella cerró los ojos.
—¿Lo recuerdas?
Juno asintió.
—Baila para mi 23990, ahora mismo.
La chica arrugó las cejas.
—Quiero divertirme.
Piensa en ti, sobrevive.
Piensa en ti Juno, prometelo
La voz de Mara y su hermano estaban
presente en su cabeza.
Juno se rió.
—¿Que es tan gracioso?—la voz retadora,
ronca del capitán la estremeció.
—¿Le gusto?
El diablo se rió con fuerza.
—Es lo más gracioso que has dicho hoy—le
observó de pies a cabeza—. Eres demasiado judía para gustarme.
El rostro de la muchacha se ensombreció.
Sobrevive Juno, piensa en ti.
—Usted si me gusta—los ojos de el diablo se
abrieron de sorpresa.
Usted sí me gusta...
☆☆☆☆
Los leo, hasta aquí los dejo, estoy muy
emocionada con esta historia.
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