Ser privilegiada

2353 Words
Era su decisión pactar con el mismísimo diablo de Auschwitz. También tienes que cuidarte del diablo Le había dicho Mara en una ocasión. El miedo de la respuesta la invadió, sin embargo, ya en su interior Juno tenia una decisión, y era que jamás se metería con la persona que le arruinó su vida, la que dió orden de matar a sus padres, y encarcelar a su hermano que a esas alturas no tenía esperanza alguna de que Kai estuviera vivo. —Nunca me metería con un asesino—le tembló la voz, temía a que el nazi frente a ella no aceptara una negativa como respuesta, o peor aún, la volviera a tomar a la fuerza. El diablo la miró con suficiencia, el seguia siendo superior, y lo dejaba claro cuando esos ojos azules se volvían despreciables, cargados de un odio puro. Esta vez se inclinó quedando a su nivel, con una expresión fría. —¿Que dijiste asquerosa?—la frialdad en su voz fue tanta que Juno sintió como una espada apuntaba directo a su pecho. —Mataste a mis padres, a Kai, me mataste a mi misma. Me robaste lo más valioso que tenía, me quitaste todo. El capitán blanqueó los ojos. —Tus padres eran unos hijos de puta judíos. A Kai su flamante y caliente esposa lo entregó, y te pedí permiso para follarte—puso su mano en el pecho con solemnidad—. No soy un violador. Juno tuvo rabia por sus palabras porque él prácticamente la había obligado. —¿Que querias, que lo hiciera con amor? no es mi estilo. Fui rudo solamente—una sonrisa arrogante se formó en su rostro, mostrando sus dientes blancos perfectos, sus hoyuelos a cada lado de su mejilla. Maldito, maldito. Muy dentro de ella, Juno lo maldecia una y otra vez. —Eres una idiota, desaprovechar esta oportunidad de tu vida será lo peor que pudiste decidir—bufó tan serio que Juno temió a que la que la golpeara. El capitán se levantó, acariciandose la barbilla, tan pensativo y confundido que le costó recobrar la compostura. No podía mostrarse distraído menos ante esa asquerosa y apestosa judía. —¿Sabes lo que acabas de hacer 23990?— señaló limitándose a mirarla. Para él la chica no era más que un número y no una persona, un objeto, una basura que no valía nada. Los ojos de Juno estaban fijos en los movimientos del diablo, tanta calma por fuera pero furia por dentro la asustaba, en caso de que la agredieran, no podía defenderse, se encontraba lo demasiado débil para así sea rasguñar—. Acabas de firmar tu sentencia de muerte. Cabello de Ángel ni el Ángel de la muerte tendrán compasión de ti. vendran por ti, te harán parte de sus experimentos. Los ojos de las muchacha se abrieron de horror. El diablo de su bolsillo sacó el crucifijo de Juno. —¿Vez esto?—lo sostuvo con su mano a la vista de la muchacha, ella sintió un vuelco en su corazón—. Significa que crees en el Dios de los judíos. Pero dime... ¿crees que ese mismo Dios te librará de mi mano?—Juno no dijo nada—. No lo creo. Además, como fue que murió el profeta ese...—se hizo el pensativo abriendo sus ojos con tal alegría como si hubiese tenido una idea ingeniosa-. Crucificado... Dime 23990, ¿quieres morir crucificada? o peor aún echada en una olla hirviendo. —¡Eres un monstruo!—se le escapó de los labios a la muchacha. El capitán con violencia se inclinó a su nivel sujetandola por las mejillas. —¿Que dijiste asquerosa, zorra, puta, apestosa judía?... que no se te olvide que en este lugar tengo el poder para hacer lo que quiera contigo hija de puta. Estas aquí en este lugar lleno de mierda, apestoso como tú. Yo soy tu dios y deberías de inclinarte para besarme los pies para perdonarte la vida—la soltó levantándose—.No vales nada. Con la misma furia se dirigió a la puerta de hierro para abandonar la torre. Finalmente la chica pudo respirar en medio de lágrimas, había rechazado una propuesta que pudiera ser la salvación en su estadía en Auschwitz. Por sobrevivir se hacen cosas inimaginables Juno, hasta ser una perra. Cuando el hambre entra por la puerta, el pudor sale por la ventana. Sobrevive Juno, piensa en ti. La muchacha se echó a llorar en posición fetal como una niña desconsolada. Tenia el corazón desbocado, y la idea de haber tomado una decisión correcta aunque no estaba segura. Era una infamia acostarse con el hombre que la llamaba perra asquerosa. El mismo que le había dado orden de fusilamiento a su progenitor.¿Como? ¿cómo podía abrirle las piernas? ¿como podía besarlo? ¿cómo podía calentar su cama sin tener nauseas, sin vomitar? ¿cómo podía convertirse en una zorra para ver a ese maldito como un cliente? No, no podía, Juno fue criada con principios, con valores, con pudor. A pesar de que su padre era un militar exigente era muy cariñoso con ella por ser la chiquilla de la casa. Su madre le había enseñado a como comportarse ante una sociedad de hombre que solo quería usar a la mujer y luego desecharla como si fuera una papel higiénico. Su madre siempre le decia: tu deseo, tu virginidad tiene que ser para solamente tu esposo. Juno creyó que al hombre a quien ella se entregaría tenía que ser: apuesto, de hermoso sentimientos, trabajador, divertido, y sobre todo que la tratara bien. Conseguir a un chico así era un matrimonio seguro. Cuando cumplió su mayoría de edad, su padre le regaló unos aretes de diamante y su madre un vestido blanco bordado por ella misma. Mi niña ya es una mujer Aún recordaba la expresión de su voz a punto de llorar cuando profesó esas palabras con melancolía. Juno que lo amaba lo abrazó susurrandole en el oído. Siempre seré tu niñita. Su padre emotivo, con los ojos llenos de lágrimas se despegó de ella mirando a la esposa que una lágrima súbita habia abordado su mejillas coloradas. Temo de que algún día te vayas. Kai sonrió, su hermano yacía en la puerta con su elegante traje. —Temen de que ella se vaya, oh, pero si es el varón no les importa—se rió abrazando a su hermana-. Felices 18 Juno. Ese recuerdo fue como una patada en el estómago, le dolía tanto la barriga que quiso vomitar todo lo que había comido unas horas antes, sin embargo, se contuvo llevándose su mano a la boca para no desbordar aquel delicioso pan con pollo que el diablo le había traído. Te ofrezco salir de esta asquerosa torre que huele a mierda, comida, agua, un baño diario, lavarte los dientes cuando quiera, una buena cama, sábanas limpias, cobija para la temporada de invierno. Te ofrezco también protección mientras esté en Auschwitz, nada de trabajo forzado, solo algo leve que se te asignara, ni cabello de Ángel, ni Mengele, ni nadie podrá tocarte sin mi permiso. Te ofrezco ser privilegiada. ¿Privilegiada? ¿qué era ser privilegiada cuando estabas pasando hambre? ¿qué es ser privilegiada cuando mueres de sed? ¿qué es era ser privilegiada cuando tienes que abrirle las piernas a un hombre que te ha traído miseria y dolor? Por un plato de comida se hacen cosas inimaginables. Cuando el hambre entra por la puerta, el pudor sale por la ventana. Quizás Agatha y Mara tenían razón, en momentos de crisis se hace lo inimaginable, hasta acostarse con los esbirros. ### Los días seguían pasando, de vez en cuando a Juno le traían una ración de pan duro con un poco de agua. No sé había bañado en semanas, quizás en un mes entero o quien sabía encerrada en esa torre no podía saber que día era, o si habían pasado semanas o meses. Siempre en medio de su soledad pensaba en Mara y en su pierna, en si ya estaría más recuperada. Si sobrevivían a ese infierno tocaría el piano hasta el cansancio para que ella bailara como el Ángel que era. La torre estaba echa un asco, excremento habían en un rincón del lugar. Orina por un lado y cuando le bajaba la menstruación era otro desastre. A los días, un guardia le trajo un uniforme limpio y a pesar de que no se había aseado, agradeció por lo menos una ropa que no olia a mierda. A los días la puerta de hierro se abrió, Juno como un animalito acorralado apretó sus piernas contra el pecho con el corazón latiendo muy rápido. Cabello de Ángel ingresó. Su cabello largo rubio era espléndido, brillante parecía oro. Sus labios rojos le hizo recordar una fiesta que había asistido con su padre donde por primera vez había usado ese color para un vestido y sus labios. Su maquillaje estaba tan perfecto que Juno sintió envidia de ella. Olia bien, cabello de Ángel desprendia un olor a un perfume exquisito. Su uniforme a algo parecido a la lavanda. Su piel perfecta, sin golpes, ni moretones, ni reseca, ni deshidratada. Sus dientes blancos, tan brillantes como el mismo sol. En cambio los dientes de Juno era como una goma de mascar pegados por los días que no se cepillaba. —Aah, aquí está esta puta apestosa—susurró con la risa que caracterizaba a todos los nazis. Se llevó la mano a la nariz—. Wuao, huele a mierda con orine y a sangre. Este lugar es un cagadero. Su voz era melodiosa, su fachada de pura piedad, ella era la mismísima loba vestida con piel de lana, y tan extravagante como un pavo real. Miró a Juno con desprecio, sintiéndose superior a ella, y vaya que era superior en todos los sentidos. —Mira en lo que te has convertido puta. En un animal, una bestia del campo con olor a mierda. Después de ser la hija de un militar—se burló—¿Que eres ahora? ni la basura, la basura tiene más valor que tú—se echó a reír con más fuerza—. Escoria, ven bésame lo pies—se llevó un mechón de cabello a la oreja mostrando unos aretes de diamante. Juno peló los ojos. —¿Te gustan? Son hermoso estos aretes. Tu cuñada me los dió. —Son mio—apenas pudo pronunciar con lágrimas en sus ojos. —Eran zorrita: Los voy a vender. ¿Cuantos creen que me darán por ellos? ¿7000 mil franco? no, no creo que sean tan valiosos para dar tanto por ellos. —Por favor, me los regaló mi padre antes de morir. Devuelvemelos por favor. Cabello de Ángel se rió. —Lambe mis zapatos. Con tu lengua pule todo mis zapatos. La chica la miró estallando en llanto. —¿Lo quieres 23990? ven por ellos. Como un animalito que se arrastra, la chica llegó ante los pies de ese Ángel maligno para pasarle la lengua por todos sus zapatos. La mujer sonrió disfrutando el momento, le complacía tener el poder sobre las mujeres cautivas, hacerlas sufrir, humillarlas al punto de destrozarlas en pedazos, tanto físicamente, como mental, espiritual y emocionalmente. Una vez Juno terminó como un perrito de ojos tristes suplicó nuevamente por el regalo de su padre. —Comete una porción de esa pila de mierda —señaló el excremento, y Juno pensó en el diablo. Te ofrezco salir de esta asquerosa torre que huele a mierda, comida, agua, un baño diario, lavarte los dientes cuando quiera, una buena cama, sábanas limpias, cobija para la temporada de invierno. Te ofrezco también protección mientras esté en Auschwitz, nada de trabajo forzado, solo algo leve que se te asignara, ni cabello de Ángel, ni Mengele, ni nadie podrá tocarte sin mi permiso. Te ofrezco ser privilegiada. ¿Sabes lo que acabas de hacer 23990? acabas de firmar tu sentencia de muerte. Cabello de Angel ni el angel de la muerte tendrán compasión de ti. Por fortuna, un guardia entró junto a un hombre con bata de médico. El Angel de la muerte. Fue lo primero que pensó Juno llena de terror. Sin embargo, no era el Ángel de la muerte, pero si un súbdito del mismo por la bata de médico que tenía. —Llegaste justo a tiempo—dijo cabello de Ángel con una pizca de diversión—. La zorrita se iba a comer esa pila de mierda. El hombre blanqueó los ojos. —Tengo mucho trabajo así que lo haré rápido—respondió él. Hará... ¿qué hará? El hombre se aproximó a ella buscando la forma de arrebatarle los pantalones. La muchacha pataleó haciendo movimientos exagerados con sus pies, golpeando al sujeto. Éste le dió una bofetada. —¿Que me va hacer?—gritó Juno—.Por favor. —¡Ayudame!—le dijo el hombre a cabello de Angel. —No puedes hacer nada solo—blanqueó los ojos—.Hombres La mujer se inclinó para sujetarla. —¿Que me van hacer?—se seguia moviendo como una serpiente. —Callate, solo vamos a quitarte la menstruación hija de puta—otra bofetada, cada golpe era más fuerte que el anterior. El sujeto la despojó de sus pantalones y las ganas de llorar fueron inminente. Tenia que hacer algo, no confiaba en ellos. ¿Sabes qué acabas de hacer 23990? acabas de firmar tu sentencia de muerte. Cabello de Ángel, ni el Ángel de la muerte tendrán piedad de ti. Cabello de Angel estaba muy cerca de ella, sus aretes más. Lo que Juno iba hacer era arriesgado, tal vez su sentencia de muerte. Como pudo levantó su mano y con la pocas fuerzas que tenía, arrancó el arete de diamante de las orejas de cabello de Ángel. Ahora sí era su fin... Ni cabello de Ángel, ni el Ángel de la muerte tendrán piedad de ti. ☆☆☆ Leo sus comentarios. Los quiero.
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