La nueva Juno

3000 Words
Aceptaste un trato con el diablo 23990, ahora eres mía. Esas palabras que el diablo le había dicho le rondaba la cabeza. Por lo menos estaba a gusto en esa habitación vacía. Desde que llegó a Auschwitz siempre había dormido en un suelo inmundo, ahora tenía una cama, sábanas limpias, cobija para el tiempo de invierno o para dormir más cómoda, así hiciera calor Juno se arropaba hasta la cabeza. Una pequeña chimenea encendida se encontraba en la alcoba calentando las maderas frías y todo el cuerpo adolorido de la muchacha. Ahora eres mía. Se sentía como un objeto que será usado y luego desechado como una basura. La puerta se abrió sacándola de sus pensamientos, todo su cuerpo reaccionó a un temblor que la invadía cada vez que veía a un nazis. —¡Hola!—saludó una mujer de unos 35 años, con su cabello en una coleta, se veía cansada por su semblante—.¡Que alegría de verla despierta! eso me deja más tranquila. Clamé mucho por su bienestar. Todavia la muchacha observaba a la mujer con cautela. Llevaba unos pantaloncillos limpios, zapatos cómodos, y una camisa que cubría todo su cuello y brazos. Y una bandeja de comida en la mano. —¡Gracias!—dijo con desconfianza. —Oh, soy Miriam. Le traigo algo de comida— en la bandeja había una cierta cantidad de alimento que Juno abrió los ojos como plato: de lenteja, sopa, pollo, arroz, ensalada, jugo de naranja. —Todo es para mí? Miriam asintió. Una sonrisa con lágrimas se formó en el rostro de la muchacha. Comía desesperadamente, como si nunca más volvería hacerlo. Mordisqueaba el pollo como una niña al comer su dulce favorito. Miriam solo la observaba sentada al borde de la cama mientras se frotaba las manos encima de su regazo. —¿Esta bien la comida?—preguntó. Juno asintió con la boca llena de todo un poco. —¡Eso me alegra! le doy gracias a mi diosito que estás bien, pensé que moriría. La joven alzó su vista sin dejar de comer. —¿Por qué? —Niña, el diablo me dijo que si usted moría, yo también moriría. Tuvo mucha fiebre, pensé que no resistiría a la paliza que le dió cabello de Ángel. Gritos, golpe, otro golpe. Patadas. Si tratan de huir esto sucederá. La chica no lo recordaba muy bien pero si parte de lo que había sucedido aquel día en la torre. Asimismo, Juno sintió un gran placer al quedar al reventar con la comida deliciosa que había preparado Miriam, pensó que nunca más comería de esa manera. Agradeció a Dios por haber un baño limpio y allí poder hacer sus necesidades sin ningún problema. Miriam la ayudaba a levantarse, aún se encontraba muy lastimada como para hacerlo sola. —Que mal educada soy. Me llamo Juno. ¿Desde cuándo estás aquí Juno? —Desde el día que pacté con el diablo. El rostro de la muchacha fue confusión total. —No me mal interprete muchacha, hace tres años el diablo necesitaba a alguien que se encargara de limpiar esta casa. Y yo fui la escogida. Los primeros días fueron difíciles, me golpeaba todo el tiempo porque decía que era una inútil, que no hacía nada bien. Pero... me fui acostumbrando, ya no me golpea. He sabido lo que le gusta o no, y así preparo las cosas o dejo todo en la casa. Hacia mucho tiempo que no recibía una amenaza de su parte hasta que llegó usted. Y créame Juno, tengo que sobrevivir—la expresión de Miriam se tornó triste—. Me he mantenido en este lugar no muy feliz, más sé que Stella comerá y ningún guardia abusará de ella. —¿Stella? —Si, mi hija. Tiene 12 años, está comenzando a ser una señorita. Temo a todo en este lugar Juno por ella. Quiero sobrevivir por ella. —Sobreviviremos Miriam—le sonrió Juno—.¿De dónde eres? —Era de Varsovia, antes de ser gobernada por estos esbirros. —Yo judia. La puerta se abrió lentamente, un nudo se formó en la garganta de ambas. Sin embargo, Stella se asomaba a la habitación donde se encontraba su madre. —¡Mami! —Stella, ven. La niña entró, Juno percibió su cabello rubio hasta los hombros en dos trenzas, un vestido azul limpio, unos ojos del mismo color del vestido precioso, una piel de niña que apenas se está convirtiendo en mujer. La muchacha sintió lástima por ella al recordar su época donde tenía esa edad y era feliz como su hermano. Stella tenía que enfrentar su adolescencia en un campo de concentracion. Por alguna razón, Juno sabía que tenía que protegerla, ese sería su objetivo. Las semanas comenzaron a transcurrir, Miriam y Stella se habían vuelto muy cercanas a Juno. —Debo decirte: El diablo todo los día se va a las 8 en punto, ni antes ni después. Llega a eso de las 7 de la noche. Cena, y se encierra en su despacho—explicó Miriam—. Aveces vienen guardia, y ahí Stella no sale de la habitación que ambas compartimos, ya sabes, necesito protegerla Juno. Juno asintió. —En el desayuno mayormente se come: Huevos revueltos, tostadas, pan, café o chocolate. Después de eso, me toca dejar todo impecable—Miriam, continuó guiando a Juno mientras está ya pudiéndose levantar la seguía. —Se almuerza carne, pollo, granos, todo. Siempre trato de hacer lo que a él más le gusta. Y es inevitable, ama con locura la pasta con carne. La chica arrugó las cejas. —Se cena todos los días a las 7. Después de ahí me manda a la habitación y yo no salgo para nada en el mundo. Stella le mostró la casa. —Esta es una pequeña sala, mi mami siempre la mantiene limpia ya que llega cabello de Ángel o cualquiera para ensuciarlos—continuó por un pasillo largo—.Ese es el lugar prohibido, mi madre y yo no tenemos autorización de pasar. Aveces le dice a mamá que limpie, pero es incomodo ya que pasa su mayor tiempo en ese lugar—la muchacha lo miró con curiosidad. —¿Que habrá allá? Stella se encogió de hombro. —Ni porque me paguen me acerco—siguieron recorriendo la casa hasta pasar por la cocina y ver a Miriam cocinando—.Ya conoces la cocina, y está es la habitación de diablo. Solo mi madre entra y cuando él no está—Juno se quedó mirando la puerta, apostaba que debía de haber cosas espeluznante, tal vez: calaveras, armas, cuchillos, sangre, todo lo digno de un monstruo—. Vamos a nuestro cuarto—la tomó Stella por la muñeca. La habitación de Stella era oscura, con muchos dibujos en las paredes. Había un arcoíris pintado con distintos colores, un retrato hermoso de ella y su madre, aves, el sol con el cielo, eso le hizo recordar el dibujo que Aleja le había regalado. —¡Eres una artista! —Quiero serlo Juno, cuando salga de aquí seré la mejor. Y te invitaré a mi galería para que toques el piano. Juno le sonrió. Stella era una niña muy bonita, inocente y ingenua, tal como Juno había llegado. Ser privilegiada no era lo más feliz del mundo, pero si lo confortable. Por lo menos, se bañaba diario, se cambiaba de vestido, se peinaba su cabello n***o que ahora le llegaba a los hombros. Se cepillaba los dientes tres veces al día. Sus heridas estaban terminando de sanar, los golpes de su cara solo eran recuerdos de un ayer tormentoso. No había cumplido con su parte del trato, aveces, el diablo llegaba muy tarde, pasaba por su dormitorio y ella fingía estar dormida, y cuando se levantaba, ya el mismo se había marchado. Todo el día hablaba con Miriam y Stella, le ayudaba a lavar la ropa, la limpiar los baños, o pulir los muebles. No sé atrevía a cocinar porque el diablo era muy exquisito con la comida, se enfurecia si no estaba preparada como a él le gustaba. En el desayuno, almuerzo y cena como fuera Juno tenia que estar en la mesa junto a él, y en un silencio tan incómodo ambos comían. Un día, Juno encontró un reproductor para disco, y junto a ella el mismo disco, y colocando música enseñó a Stella a bailar mientras que la niña le dibujaba el arcoíris, la fe, la esperanza de algo que lo consideraban muy lejano que se llamaba: libertad. Aveces, cuando la casa solo era para ellas tres, Juno cantaba a todo pulmón junto a Stella, la estaba enseñando a cantar, a afinar a usar su diafragma para llegar a notas altas. En Auschwitz había encontrado a una madre y una hermana, para la chica Stella y Miriam eran sumamente de gran importancia, y haría lo que fuera para protegerlas. No quería nunca más estar sola, por lo menos tenerlas cerca la reconfortaba. Una mañana después que el diablo como de costumbre se marchó en silencio, pensativo. Juno ayudó a Miriam a limpiar, y despues de mirar la zona prohibida se atrevió a ingresar al lugar que Stella le había dicho que no fuese porque lo tenían completamente prohibido. Habían dos habitaciones, una frente a otra, era como si fueran dos puertas paralelas. Santa virgen de los indefenso, ayúdame. Se llevó una uña a los dientes para mordisquearla. Juno llevaba un vestido amarillo, su cabello peinado hacía el lado, y unas botas negras. Tuvo temor de lo que pudiera encontrarse en esa zona prohibida, quizás cadaveres, gente picadas o torturadas ¿quien sabe? o experimentos del Ángel de la muerte. Tomó el pomo y cuando se arrepintió, la puerta se abrió. El corazón se le exaltó de inmediato. ¿Que había hecho? Trató de cerrar nuevamente cuando observó que uno de los cuartos prohibidos era una oficina. Había un escritorio, una mesa con bebida alcohólicas, cuadros, la bandera de Alemania, un cuadro de Hitler, una biblioteca llena de libros. Esa biblioteca le llamó la atención, le hacía recordar a su hermano. Caminó directamente liberando un libro polvoriento y todo rojo, nuevamente las lágrimas brotaron porque sabía lo feliz y el cuidado que tenía Kai con todos los libros. Era un lector ávido, un escritor de la verdad, del amor y el romanticismo. Juno dejó el libro en su lugar acercándose al escritorio donde admiró dos fotografías. En una de ellas se apreciaba a el diablo con dos adolescentes, y la otra al diablo con dos adultos. Encima del escritorio también había una carta, Juno tuvo temor de tomarla, sin embargo, lo hizo, ya estaba en la zona prohibida, ya había hecho un impulso de idiotez. La carta decia: Auschwitz-Birkenau 1944. Estimado capitán y amigo de la infancia Ax Schulz. El motivo de esta carta es para expresarle mis más sincera información con respecto a sus familiares, le explico, ya conoce a su madre, pues sigue molesta y tiene la idea de abandonar al general junto a sus dos hijos, sin embargo, el general se rehúsa. Ya sabrá cómo está todo: en constantes peleas. Anna y Bruno están hartos de todo, algunos días vienen a visitarme y me cuentan como sus dos progenitores discuten día y noche. Amigo mío, sería bueno que los fueras a visitar a Berlin, ellos te escuchan, tu madre lo hace, tu padre también, seria bueno que les evites esos malos rato a los niños, solo por diferencias de ideas y partidos. Hazle entender que son una familia, y ante todo pensamiento político, el amor, la paz y la tolerancia no puede ser interrumpida. También aprovecho mi estimado amigo para comunicarle que Estados Unidos se ha aliado con los soviéticos, ya sabes que eso significa. El ejército sigue luchando, aunque somos fuerte no podemos fingir que estamos bien, los soviéticos también son fuertes. A veces tengo miedo Ax, porque presiento en mi corazón que la victoria no será nuestra y que terminaremos derrotados. Mantengo la fe de que no sea así, porque si mi corazón no me reprende con este asunto, nos irá muy mal a todos lo que defendimos a Hitler y nuestro único destino será la muerte. Sin más nada que decirte, espero verte pronto en Berlin o yo visitarte en Auschwitz. Tuyo: Ronald. Juno dejó la carta cuidadosamente donde estaba, un destello de alegría se infundió por toda su alma: los estadounidenses se habían aliado con los soviéticos, eso significaba que había esperanza, que pudieran todos salir de ese infierno. Caminó despacio, cerró la puerta de la zona prohibida abandonando ese pasillo para encontrarse con una enorme sonrisa con Stella que dibujaba en la mesa y Miriam que cocinaba. —¿Por que estás tan feliz?—la miró curiosa Stella. —Porque pronto podremos salir de aquí— Miriam se echó a reír—.Eres muy imaginativa Juno. —Imaginativa no, los estadounidenses se han aliado con los soviéticos—Juno lo dijo con tanta emoción que la alegría le brotaba por los poros. Miriam dejó de cocinar para verla con una expresión seria. —¿Que estas diciendo? ¿cómo sabes eso? —Lo he leído en una de las carta del diablo. —Ah—Stella abrió la boca asombrada—.¿Entraste a la zona prohibida? —Bueno—se rascó la nariz. —¡Juno, por dios, nos vas a colocar en riesgo!—regañó la mujer enojada. —Lo sé, lo siento no lo volverá a hacer —¿Que no volverás hacer?—se escuchó la voz ronca que las asustó a todas en la cocina. Stella de inmediato se puse de pies bajando la mirada. El diablo las miró con cautela, su mirada era gélida como el mismísimo invierno. Éste caminó alrededor de ellas. —Tú... ¿de qué estaban hablando?—señaló a Miriam que palideció del miedo. —Yo... s-señor... yo. —Yo arruiné la comida, lo siento—repuso Juno. Miriam me estaba enseñando a cocinar y eché algo a la sopa que ha usted no le gusta, lo siento. El diablo se acercó quedando a centímetros de ella. —No te traje para que cocines, te traje para que me complazca. Juno tenía que pensar rápido, fingir. Soltó una risita. —Lo siento, es que... usted llegó antes. El capitán le dió una mirada a la adolescente y al dibujo que estaba haciendo, era una mar extenso con muchas aves en el cielo. Juno temió que le dijera algo a la niña. —Necesito hablar con usted—intervino para que el diablo no le dijera nada a Stella. —Bien, vamos a la sala—habló, caminando hasta allá, Juno le siguió no sin antes guiñarle el ojo a la niña asustada. Él se quedó inmóvil visualizando el vestido amarillo de la muchacha, la silueta que le resaltaba sus curvas. Ya había engordado un poquito más y eso le hacía lucir hermosa. Su cabello n***o azabache le llegaba a los hombros, sus ojos tan oscuros como el universo eran una mezcla de miedo y curiosidad al mismo tiempo, su timidez. El capitán bufó. Amaba su timidez, su insolencia. —¿Que tienes que hablar?—Juno se apretujó las manos. En realidad no tenía nada que hablar con él, solo quería librar a Stella de su monstruosidad. —Bueno, quería darle las gracias por traerme aquí, alimentarme... y... y—perdió las palabras cuando el diablo se acercó a ella. Su cuerpo comenzó a temblar de repente. —Era parte del trato, y yo cumplí. Ahora te toca a ti—sus mejillas se ruborizaron, el esbirro le observó todo el cuerpo de arriba y abajo, apreciando sus curvas, su delgadez, lo bonito que sería arrancarle la ropa. —Besame 23990, bésame, complaceme, dime que valió la pena preservarte la vida. Bésame—la chica se quedó inmóvil, su mente no reaccionaba, debía hacerlo, tenía que fingir para sobrevivir. Piensa en ti, sobrevive. Cuando salgamos tendre mi galería y tu tocarás el piano Juno. Obligando sus piernas acercarse para buscar sus labios crueles y maldicientes del capitán, JunoHoffman lo besó. No fue un beso apasionado, ni lujurioso, más bien inocente, suave, delicado. Su boca sincronizaba con la del nazi que cerró sus ojos para que aquella niña lo guiara en ese beso. Aunque por su experiencia con las mujeres se había dado cuenta que la hija del militar estaba aprendiendo a besar con él. Juno se alejó y sus ojos azules la miraron directo a los de ella. El diablo acarició su mentón, buscando su boca nuevamente, proporcionándole besos cortos, suaves. —¿Nunca había besado a nadie 23990?—la chica enrojeció de la vergüenz—.Respóndeme. —Yo... pues...eh... no, nunca me había besado con alguien—el diablo sonrió complacido por la respuesta. Ensanchando una sonrisa tan grande como un niño cuando le regalan un carro. —Ya lo sabía...—le dió otro beso—. Me alegra ser el primero—intensificó el beso, pegando el cuerpo de la muchacha con el suyo—. Me excitas, me excitas demasiado—siguió atacando sus labios con tanto entusiasmo que las ganas de tenerla se le alborotaron. —Eres mía, solo mía. Tu cuerpo me pertenece. Juno tembló, sabia que esos besos desenfrenados los llevarían a algo más, a lo que el primer día en su llegada experimentó y le dolió demasiado. Tu cuerpo me pertenece. El diablo tendría su cuerpo, pero nunca su corazón. Mientras este la guiaba a sus llamas con los besos cada vez más intensos y apasionados, la nueva Juno, la que surgió de las cenizas, revivió de aquella paliza por cabello de Ángel le rodeó el cuello con sus brazos, ese era el trato: Complacer al diablo. ☆☆☆ Dejen sus comentarios. Los Lectores también disfrutaron 19/20 CAMILA LO QUE ||| Camila, Lo que la Vida... <
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