En el límite

1617 Words
Capítulo 2: En el Límite Punto de vista de Adelaida Me desperté al día siguiente con una mezcla de emoción y ansiedad. La noche anterior había sido un torbellino de emociones, y no podía dejar de pensar en Emre. Sus ojos oscuros y su presencia magnética habían dejado una impresión imborrable en mí. Mientras me preparaba para la cena de esa noche, sí, volveríamos a salir de nuevo, me esforzaba por no pensar demasiado en lo que significaba todo esto. Me paré frente al espejo, examinando mi reflejo. Opté por un vestido sencillo pero elegante, de un color azul que resaltaba mis ojos. Un toque de maquillaje, y estaba lista. Cuando el reloj marcó las ocho en punto, escuché el sonido del timbre. Abrí la puerta y allí estaba él, tan impecable como siempre, vestido con un traje oscuro que acentuaba su porte imponente. —Buenas noches, Adelaida —dijo, su voz tan suave como seductora. —Buenas noches, Emre —respondí, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda. Él extendió su brazo y lo tomé, sintiendo la calidez y la fuerza de su mano. Bajamos hasta su coche, un lujoso vehículo n***o que relucía bajo las luces de la ciudad. Durante el trayecto, la conversación fue ligera, aunque no podía evitar sentir que había un subtexto más profundo en cada palabra que decía. Llegamos a un restaurante exclusivo, donde el ambiente era aún más sofisticado que la noche anterior. Las luces tenues y la música suave creaban una atmósfera íntima, casi hipnótica. Nos sentamos en una mesa en un rincón, lejos de las miradas curiosas de otros comensales. Emre me miró intensamente, y sentí que cada fibra de mi ser estaba bajo su escrutinio. —Adelaida, cuéntame más sobre ti —dijo, rompiendo el silencio. Tomé un sorbo de vino, intentando ganar tiempo para ordenar mis pensamientos. —Bueno, no hay mucho que contar —respondí—. Soy estudiante de literatura creativa, y paso la mayor parte de mi tiempo leyendo o escribiendo. Me gusta la tranquilidad, la rutina... hasta ahora. Él sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Hasta ahora —repitió, como si saboreara las palabras—. ¿Qué ha cambiado? —Tú —dije, más honesta de lo que había planeado—. Desde que te conocí, siento que todo está cambiando. Emre asintió lentamente, como si estuviera esperando esa respuesta. —A veces, el cambio es necesario —dijo—. Puede ser perturbador, pero también puede llevarnos a lugares que nunca imaginamos. Antes de que pudiera responder, el camarero llegó con nuestros platos. La comida era exquisita, pero apenas podía concentrarme en los sabores. Mi mente estaba llena de preguntas, de dudas. —¿Y tú, Emre? —pregunté—. ¿Qué es lo que realmente haces? Sus ojos brillaron con una intensidad peligrosa. —Soy un hombre de negocios, Adelaida. Manejo muchas cosas, algunas más complicadas que otras. No pude evitar sentir que había mucho más detrás de esa respuesta. —¿Negocios complicados? —pregunté, intentando no sonar demasiado intrusiva. Él se inclinó hacia adelante, acercando su rostro al mío. —Adelaida, hay cosas en mi vida que son mejor no saber. Pero quiero que sepas esto: todo lo que hago, lo hago con un propósito. Y en este momento, mi propósito eres tú. Mi corazón dio un vuelco. No sabía si sentirme halagada o asustada. La cena continuó con una conversación más ligera, pero la tensión entre nosotros era palpable. Cuando terminamos, Emre insistió en llevarme a casa. Durante el trayecto, el silencio entre nosotros era cómodo, casi íntimo. Llegamos a mi edificio, y antes de que pudiera bajar del coche, Emre me tomó la mano. —Adelaida —dijo, su voz baja y grave—. Quiero verte de nuevo. —Yo también quiero verte, Emre —admití, sintiendo el rubor en mis mejillas. Él sonrió, y por un momento, vi una chispa de ternura en sus ojos. —Hasta mañana, entonces. Bajé del coche y lo observé alejarse. Entré a mi apartamento con el corazón acelerado, tratando de procesar todo lo que había sucedido. Emre Bolat era un misterio, uno que estaba ansiosa y temerosa de desentrañar. --- Punto de vista de Emre Verla alejarse fue una prueba de mi paciencia. Adelaida era todo lo que no sabía que necesitaba, y más. Su inocencia, su curiosidad, incluso su nerviosismo, todo en ella me atraía de una manera que nunca había experimentado. Mientras conducía de regreso a mi penthouse, mi mente repasaba cada detalle de nuestra noche. Sabía que estaba jugando un juego peligroso, pero la verdad era que no podía detenerme. Adelaida era un enigma que debía resolver, un deseo que debía satisfacer. Llegué a mi penthouse y me dirigí directamente a mi oficina. Había mucho en juego y muchas cosas que planear. Me senté en mi escritorio y encendí mi ordenador, revisando los informes y las operaciones de la noche. Pero, a pesar de todo, mi mente seguía regresando a ella. Tomé mi teléfono y llamé a uno de mis hombres de confianza. —Hakan, necesito que sigas a Adelaida. Quiero saber todo sobre ella. Dónde va, con quién habla, todo. —Entendido, jefe —respondió Hakan. Colgué y me recosté en mi silla, mirando las luces de la ciudad a través de la ventana. Adelaida Koch era más que una simple obsesión. Era un desafío, una prueba. Y yo estaba decidido a ganar. --- Punto de vista de Adelaida. Al día siguiente, desperté con la misma mezcla de emoción y ansiedad. Tenía clases, pero mi mente no podía concentrarse en la literatura. Emre ocupaba todos mis pensamientos. Llegué a la universidad y me encontré con Zoraida, mi hermana menor, que me esperaba en la entrada del edificio. —¡Adelaida! —exclamó ella, sonriendo—. ¿Cómo estuvo tu cita anoche? —Fue... interesante —dije, tratando de sonar casual—. Emre es un hombre complicado. —¿Complicado? —preguntó Zoraida, arqueando una ceja—. Eso suena intrigante. —Lo es —admití—. Pero también es un poco aterrador. Hay algo en él que no puedo descifrar. Zoraida me miró con preocupación. —Solo ten cuidado, ¿sí? No quiero que te lastimen. —Lo sé, Zoraida. Tendré cuidado. Entramos a la clase y traté de concentrarme en la lección, pero mis pensamientos seguían regresando a Emre. Después de las clases, me dirigí a la cafetería del campus para encontrarme con Esmeray, mi mejor amiga. La cafetería estaba llena de estudiantes, y el bullicio de conversaciones y risas llenaba el aire. —¡Adelaida! —gritó Esmeray desde una mesa en la esquina—. ¡Ven aquí! Me acerqué y me senté frente a ella. —¿Cómo estuvo la cena con el misterioso Emre? —preguntó, con una sonrisa traviesa. —Fue... intensa —respondí—. Es como si pudiera ver a través de mí, leer mis pensamientos. —Eso suena un poco espeluznante —dijo Esmeray, frunciendo el ceño—. ¿Estás segura de que quieres seguir viéndolo? —No lo sé —admití—. Hay algo en él que me atrae, pero también me asusta. —Solo prométeme que serás cuidadosa —dijo Esmeray, tomando mi mano—. No quiero que te lastimen. —Lo prometo —dije, apretando su mano—. Gracias, Esmeray. Pasamos el resto de la tarde hablando de cosas triviales, tratando de alejar mis pensamientos de Emre. Pero incluso en medio de las risas y las bromas, no podía dejar de pensar en él. Esa noche, recibí un mensaje de Emre. "¿Te gustaría cenar conmigo mañana? 8 PM. Te recogeré." Sentí una mezcla de emoción y temor. No podía resistirme. "Sí, me encantaría," respondí. --- El día siguiente pasó en un borrón. Las clases, las tareas, todo parecía desvanecerse mientras esperaba la noche. Cuando llegó el momento, me vestí con un vestido elegante y esperé a que Emre llegara. Puntual como siempre, él llegó a las ocho en punto. —Estás hermosa —dijo, mirándome con admiración. —Gracias —respondí, sintiendo el rubor en mis mejillas. Subimos a su coche y él me llevó a otro restaurante exclusivo. Esta vez, la conversación fue más profunda, más personal. Hablamos de nuestros miedos, nuestros sueños, nuestras esperanzas. Sentí que estaba conociendo a un lado de Emre que pocos habían visto. Después de la cena, Emre me llevó a dar un paseo por la ciudad. Caminamos por un parque, las luces de la ciudad reflejándose en el lago. —Adelaida, hay algo que debo decirte —dijo, deteniéndose y mirándome a los ojos—. Desde que te conocí, no puedo dejar de pensar en ti. Eres todo lo que he estado buscando. Mi corazón latía con fuerza. —Emre, yo también he estado pensando mucho en ti —admití—. Pero hay tanto que no sé sobre ti... —Lo sé, y quiero que confíes en mí. Pero también quiero ser honesto contigo. Mi vida es complicada, peligrosa. Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para protegerte. Nos quedamos en silencio, la tensión en el aire palpable. Finalmente, Emre se inclinó y me besó suavemente en los labios. Fue un beso lleno de promesas, de deseos no dichos. Cuando nos separamos, me miró con una intensidad que me hizo temblar. —Te veré mañana, Adelaida. —Sí, mañana —dije, sonriendo. Esa noche, mientras me preparaba para dormir, no podía dejar de pensar en Emre. Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía evitarlo. Estaba atrapada por el mafioso, y no sabía si quería escapar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD