Desconfiando del destino

1555 Words
Capítulo 3: Desconfiando del Destino Punto de vista de Adelaida La mañana siguiente, desperté con la mente llena de pensamientos sobre Emre. Cada momento que pasábamos juntos se sentía como una danza entre el deseo y el peligro. Decidí que era hora de compartir mis inquietudes con alguien en quien confiara plenamente. Llamé a Zoraida, mi hermana, y le pedí que se reuniera conmigo en un café cercano. —¿Qué ocurre, Adelaida? —preguntó Zoraida, sentándose frente a mí con una expresión preocupada. —Zoraida, necesito hablar contigo sobre Emre —comencé, sin rodeos. —¿Qué pasa con él? —preguntó, inclinándose hacia adelante. —Hay algo en él que me asusta, pero al mismo tiempo me atrae. No puedo dejar de pensar en él, y no sé si eso es bueno o malo. Zoraida me miró en silencio por un momento antes de hablar. —Adelaida, te entiendo. Pero también debes ser cuidadosa. No sabes quién es realmente ni qué puede estar ocultando. —Lo sé, y eso es lo que me preocupa. Pero cada vez que estoy con él, siento que hay algo más, algo que podría ser real. Zoraida suspiró y me tomó de la mano. —Entonces, prométeme que serás cautelosa. No quiero que te lastimen. Asentí, agradecida por su preocupación. Después de nuestra conversación, me sentí un poco más tranquila, aunque las dudas seguían acechándome. Más tarde esa noche, recibí otro mensaje de Emre. "¿Te gustaría cenar conmigo esta noche? Tengo algo importante que decirte." Sentí un nudo en el estómago. No podía resistir la atracción que sentía hacia él, a pesar de mis miedos. Respondí con un simple "Sí." Emre llegó puntual, como siempre, y me llevó a un restaurante diferente, uno que parecía más discreto, pero igualmente lujoso. La atmósfera era íntima y relajada. Nos sentamos y ordenamos nuestras comidas. Emre parecía más serio de lo habitual, lo que aumentó mi nerviosismo. —Adelaida, hay algo que necesito contarte —dijo finalmente, rompiendo el silencio. —¿Qué es? —pregunté, mi corazón latiendo con fuerza. —Mi vida es más complicada de lo que he dejado ver. Estoy involucrado en negocios que no son del todo... legales. Lo miré, sin poder ocultar mi sorpresa. —¿Negocios ilegales? ¿Qué tipo de negocios, Emre? —Dirijo una organización criminal —dijo, sus ojos fijos en los míos—. Tráfico de influencias, contrabando, cosas de ese estilo. Mi mente comenzó a girar. Sabía que había algo oscuro en él, pero no esperaba esto. —¿Por qué me lo dices ahora? —pregunté, tratando de mantener la calma. —Porque no quiero mentirte. Y porque quiero que entiendas en lo que te estás metiendo si decides seguir viéndome. Me quedé en silencio, procesando la información. Una parte de mí quería huir, pero otra parte estaba profundamente atraída por el peligro y el misterio que Emre representaba. —No sé qué decir, Emre. Esto es... mucho. Él asintió, comprendiendo. —Lo sé. Y no espero que tomes una decisión ahora mismo. Solo quiero ser honesto contigo. La cena continuó en un silencio tenso. Después de comer, Emre me llevó de regreso a mi apartamento. Antes de que pudiera salir del coche, él me detuvo. —Adelaida, pase lo que pase, quiero que sepas que estoy dispuesto a protegerte. Siempre. Lo miré, sintiendo una mezcla de miedo y deseo. —Gracias, Emre. Necesito tiempo para pensar. Él asintió y me dio un beso en la mejilla antes de que me bajara del coche. Punto de vista Emre Ver la reacción de Adelaida a mi confesión fue difícil, pero necesario. Sabía que la verdad podía alejarnos, pero también podía acercarnos de una manera más profunda y significativa. Cuando regresé a mi penthouse, Hakan me estaba esperando con un informe. —Jefe, hemos estado siguiendo a Adelaida como pediste. No parece estar involucrada en nada sospechoso. Solo es una estudiante con una vida bastante normal. —Gracias, Hakan. Sigue vigilándola. Quiero asegurarme de que esté a salvo. Hakan asintió y se retiró, dejándome solo con mis pensamientos. Sabía que mi vida no era fácil de aceptar, pero estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para que Adelaida se sintiera segura y protegida. Punto de vista de Adelaida Al día siguiente, recibí una llamada inesperada de Zoraida. —Adelaida, ¿podemos hablar? —preguntó, su voz tensa. —Claro, Zoraida. ¿Qué pasa? —Es sobre Emre. No me has contado todo, ¿verdad? Suspiré, sabiendo que no podía seguir ocultándole la verdad. —Tienes razón. Anoche, Emre me confesó que está involucrado en actividades criminales. Hubo un largo silencio antes de que Zoraida hablara de nuevo. —Adelaida, esto es serio. No puedes seguir viéndolo. Es peligroso. —Lo sé, Zoraida. Pero hay algo en él que me hace querer entender más, ayudarlo de alguna manera. —Ayudarlo no es tu responsabilidad. Tienes que pensar en tu seguridad primero. —Lo haré, te lo prometo. Solo necesito tiempo para procesar todo esto. Esa noche, decidí enfrentar mis miedos y encontrar respuestas. Llamé a Emre y le pedí que se reuniera conmigo en un parque cercano. Llegué temprano, necesitando tiempo para aclarar mis pensamientos. Emre llegó poco después, y nos sentamos en un banco apartado. —Adelaida, ¿qué pasa? —preguntó, preocupado. —Necesito entender más sobre tu mundo, Emre. No puedo seguir adelante sin saber en qué me estoy metiendo. Él asintió, tomando mi mano. —Te contaré lo que quieras saber, pero tienes que entender que hay cosas que no puedo compartir por tu seguridad. —Empieza por decirme cómo te involucraste en esto. Emre suspiró y comenzó a hablar, su voz baja y grave. —Crecí en un entorno difícil. Mi familia tenía conexiones con el crimen organizado, y desde joven, me vi arrastrado a ese mundo. Al principio, era una cuestión de supervivencia, pero con el tiempo, me di cuenta de que tenía una habilidad natural para los negocios... aunque fueran ilegales. Me quedé en silencio, procesando su historia. —¿Y ahora? ¿Qué quieres de mí, Emre? —Quiero que confíes en mí. Sé que no soy un hombre perfecto, pero estoy dispuesto a cambiar, a hacer lo que sea necesario para que te sientas segura y feliz. Mi corazón se aceleró al escuchar sus palabras. Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía evitar sentir una profunda conexión con él. —Emre, quiero confiar en ti. Pero necesito tiempo. Él asintió, acercándose más y envolviéndome en un abrazo. —Toma todo el tiempo que necesites, Adelaida. Estaré aquí, esperando. Los días siguientes fueron un torbellino de emociones. Entre mis estudios y mis encuentros con Emre, sentía que mi vida estaba girando fuera de control. Una tarde, decidí buscar consejo en alguien más. Me reuní con Joshua, mi hermano mayor, en una cafetería. —Adelaida, te ves preocupada —dijo Joshua, tomando un sorbo de su café—. ¿Qué pasa? —Es Emre —comencé, y le conté todo lo que había descubierto sobre él. Joshua me escuchó en silencio, su rostro serio. —Adelaida, tienes que ser muy cuidadosa. Este tipo de personas pueden ser muy peligrosas. No quiero que te lastimen. —Lo sé, Joshua. Pero siento que hay algo más en él, algo bueno que vale la pena descubrir. Joshua suspiró, mirando por la ventana. —Solo prométeme que no te pondrás en peligro. Y si alguna vez necesitas ayuda, no dudes en llamarme. —Lo prometo, Joshua. Gracias por estar siempre ahí para mí. Esa noche, mientras me preparaba para dormir, recibí un mensaje de Emre. "¿Puedes venir a mi penthouse mañana? Hay algo importante que necesito mostrarte." Sentí un nudo en el estómago, pero respondí con un simple "Sí." Sabía que estaba adentrándome más en su mundo, y aunque me asustaba, también sentía una emoción innegable. Al día siguiente, Emre me recogió y me llevó a su penthouse. Era un lugar impresionante, con vistas panorámicas de la ciudad y una decoración elegante y moderna. Me llevó a una sala de estar y me pidió que me sentara. —Adelaida, quiero mostrarte algo —dijo, abriendo una puerta que daba a una habitación oculta. Dentro, había una serie de monitores que mostraban diferentes vistas de la ciudad. —¿Qué es todo esto? —pregunté, sorprendida. —Es mi centro de operaciones. Aquí es donde monitoreo todas mis actividades y aseguro que todo esté bajo control. Sentí un escalofrío al ver la magnitud de su mundo. —¿Por qué me muestras esto, Emre? —Porque quiero que entiendas en lo que estoy involucrado. Y quiero que sepas que, a pesar de todo, mi prioridad es protegerte. Me acerqué a él, mirándolo a los ojos. —Emre, esto es mucho para asimilar. Pero quiero intentarlo. Quiero entenderte y ver si podemos tener un futuro juntos. Él sonrió, una sonrisa llena de esperanza. —Entonces, empecemos por aquí. Te enseñaré todo lo que necesites saber. Pasamos el resto del día en su penthouse, hablando y compartiendo más de nuestras vidas. A medida que caía la noche, sentí que estaba comenzando a entender más de su mundo, y aunque seguía siendo peligroso, también veía la posibilidad de algo real y hermoso entre nosotros.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD