Descubriendo verdades

1332 Words
Capítulo 4: Descubriendo Verdades Punto de vista de Adelaida La primera luz del amanecer se filtraba por las ventanas del penthouse de Emre, dándole a la habitación un brillo suave y dorado. Habíamos pasado toda la noche hablando, compartiendo secretos y abriendo nuestros corazones. Me encontraba en un lugar extraño, entre el temor y la fascinación. —¿Tienes hambre? —preguntó Emre, rompiendo el silencio matutino. —Un poco —admití, sintiendo cómo el estómago empezaba a protestar. —Vamos, te prepararé algo —dijo, levantándose del sofá y extendiéndome la mano. Lo seguí hasta la cocina, que era tan impresionante como el resto de su penthouse. Superficies de mármol blanco, electrodomésticos de acero inoxidable y una vista panorámica de la ciudad. —Siéntate —dijo, señalando un taburete en la isla de la cocina—. ¿Te gustan los huevos? —Sí, me encantan —respondí, observándolo mientras se movía con destreza. Mientras Emre cocinaba, me di cuenta de lo extraño que era verlo en una situación tan doméstica. Este hombre, que dirigía una organización criminal, también sabía cómo preparar un desayuno sencillo y delicioso. No podía evitar sonreír ante la contradicción. —Aquí tienes —dijo, colocando un plato frente a mí con huevos revueltos, tostadas y aguacate. —Gracias —respondí, tomando un bocado—. Esto está delicioso. —Me alegra que te guste —dijo, sonriendo mientras se sentaba a mi lado con su propio plato. Desayunamos en silencio por un rato, disfrutando de la comida y de la compañía. Finalmente, decidí abordar el tema que no podía dejar de rondar en mi mente. —Emre, quiero saber más sobre tu mundo. Quiero entenderlo, aunque sea peligroso. Él suspiró, dejando el tenedor en el plato. —Adelaida, te lo contaré, pero debes prometerme que serás cautelosa. No quiero que te pongas en peligro. —Lo prometo —respondí, mirándolo a los ojos. —Bien. Mi organización se ocupa de varias actividades, desde el tráfico de influencias hasta el contrabando. Controlamos gran parte del comercio ilegal en la ciudad. Es un mundo lleno de peligros, pero también de oportunidades. —¿Y cómo manejas todo eso? —pregunté, intrigada. —Tengo un equipo de personas de confianza que me ayudan. Pero siempre hay riesgos. La competencia, los traidores... Es una vida complicada. Mientras hablaba, podía ver la carga que llevaba sobre sus hombros. Emre no era solo un criminal; era un líder, alguien que se preocupaba por su gente, aunque sus métodos fueran cuestionables. Terminamos el desayuno y Emre insistió en llevarme a casa. Durante el trayecto, el silencio era cómodo, pero también estaba cargado de preguntas no dichas. —¿Nos veremos esta noche? —pregunté, antes de bajar del coche. —Sí, me encantaría —respondió, sonriendo—. Te recogeré a las ocho. Asentí y bajé del coche, sintiendo su mirada en mí mientras entraba en mi edificio. Punto de vista de Emre Ver a Adelaida partir siempre era difícil, pero sabía que necesitaba tiempo para procesar todo lo que le había contado. Mientras conducía de regreso a mi penthouse, mis pensamientos estaban llenos de ella. Adelaida era un rayo de luz en mi mundo oscuro, y haría todo lo posible para mantenerla a salvo. Llegué a mi oficina y encontré a Hakan esperándome. —Jefe, tenemos un problema —dijo, con el ceño fruncido. —¿Qué pasa? —pregunté, sabiendo que cualquier cosa que preocupara a Hakan debía ser serio. —Parece que alguien está investigando a Adelaida. Hemos detectado movimientos sospechosos cerca de su apartamento. El enojo burbujeó en mi interior. Nadie amenazaba a Adelaida y salía impune. —Averigua quién está detrás de esto y qué quieren. Y asegúrate de que Adelaida esté protegida en todo momento. —Entendido, jefe —respondió Hakan, saliendo de la habitación con determinación. Me recosté en mi silla, mirando las luces de la ciudad. Sabía que estar con Adelaida la ponía en peligro, pero no podía alejarme. Ella significaba más para mí de lo que estaba dispuesto a admitir. Esa noche, me dirigí al apartamento de Adelaida a las ocho en punto. Cuando salió del edificio, supe que había algo diferente en su expresión. —Buenas noches, Adelaida —dije, abriendo la puerta del coche para ella. —Buenas noches, Emre —respondió, sonriendo, aunque noté un rastro de preocupación en sus ojos. Nos dirigimos a un restaurante diferente, uno con un ambiente más relajado. Nos sentamos en una mesa cerca de una ventana con vista al mar, y ordenamos nuestras comidas. —Emre, he estado pensando mucho en lo que me contaste —dijo Adelaida, rompiendo el silencio. —¿Y qué has decidido? —pregunté, mi corazón acelerándose. —Quiero entender más. Quiero conocer más sobre tu vida, tus desafíos. Pero también quiero asegurarme de que estamos en esto juntos. —Adelaida, no sabes cuánto significa eso para mí —dije, tomando su mano—. Te prometo que haré todo lo posible para protegerte y hacer que te sientas segura. La cena transcurrió con más conversaciones sobre nuestros sueños y miedos. Adelaida me habló de su amor por la literatura y su deseo de escribir una novela algún día. Me encantaba escucharla hablar de sus pasiones, y me prometí que la apoyaría en todo lo que pudiera. Después de la cena, caminamos por la playa, el sonido de las olas creando una sinfonía relajante a nuestro alrededor. Nos detuvimos y nos sentamos en una roca, mirando el mar. —Emre, ¿crees que es posible encontrar la paz en medio del caos? —preguntó Adelaida, mirando las estrellas. —Creo que sí, Adelaida. La paz no siempre es la ausencia de caos, sino encontrar un equilibrio en medio de él. Ella sonrió y se recostó en mi hombro. —Contigo, siento que podría encontrar ese equilibrio. Mi corazón se llenó de esperanza al escuchar sus palabras. Estaba dispuesto a luchar por nuestro futuro, sin importar los obstáculos. Punto de vista de Adelaida Los días siguientes fueron una mezcla de emoción y tensión. Emre me mostró más de su mundo, y aunque había momentos de miedo, también había momentos de profunda conexión. Un día, mientras estábamos en su penthouse, recibimos una visita inesperada. Un hombre alto y musculoso, con una expresión severa, entró en la sala. —Emre, tenemos problemas —dijo, sin molestarse en saludar. —¿Qué pasa, Ahmet? —preguntó Emre, frunciendo el ceño. —Hay rumores de que una facción rival está planeando algo grande. Podría ser un ataque. Sentí un nudo en el estómago al escuchar esas palabras. —Adelaida, necesito que te quedes aquí, en el penthouse, donde estarás a salvo —dijo Emre, mirándome con preocupación. —¿Estarás bien? —pregunté, mi voz temblando. —Lo estaré. Prometo que volveré pronto. Antes de irse, Emre se inclinó y me dio un beso en la frente. —Confía en mí, Adelaida. Te protegeré. Lo observé mientras se alejaba, sintiendo una mezcla de miedo y determinación. Sabía que el mundo de Emre era peligroso, pero también sabía que estaba dispuesta a enfrentar esos peligros por él. Las horas pasaron lentamente mientras esperaba en el penthouse. La ciudad estaba tranquila, pero podía sentir la tensión en el aire. Finalmente, escuché la puerta abrirse y Emre entró, luciendo cansado pero ileso. —¿Todo bien? —pregunté, corriendo hacia él. —Sí, logramos detenerlos antes de que hicieran daño —respondió, abrazándome con fuerza—. Pero esto no ha terminado. Me recosté en su pecho, sintiendo el latido de su corazón. —Emre, estoy contigo. Pase lo que pase. Él me abrazó más fuerte, como si no quisiera dejarme ir. —Gracias, Adelaida. No sabes cuánto significa eso para mí. Esa noche, mientras nos acurrucábamos en el sofá, supe que había tomado la decisión correcta. Estaba dispuesta a enfrentar cualquier desafío, porque en medio del caos, había encontrado a alguien por quien valía la pena luchar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD