Palabras que sanan el silencio Bea se recostó en la cama con la computadora portátil sobre las piernas. La tarde había transcurrido entre respuestas a mensajes de lectores que mostraban un creciente interés en la sinopsis de su primer libro, Un año para cambiar. El título había surgido casi por sí solo, como un susurro insistente en su mente, una frase que resumía no solo su experiencia personal, sino también el largo camino de autodescubrimiento que había transitado tras tomar la decisión más difícil de su vida. A pesar de las decenas de mensajes que inundaban su bandeja, había uno que no dejaba de resonar en su mente. TuAle. Desde hacía semanas, este lector anónimo había estado escribiéndole comentarios que la conmovían profundamente. Sus palabras eran precisas, empáticas y llenas de u

