Lo que guardo dentro Bea apagó la luz de su escritorio, satisfecha con el progreso que había hecho en Un año para cambiar. El libro estaba avanzando mejor de lo que había imaginado nunca. Las palabras fluían como un río, aunque a veces el proceso removía sentimientos que preferiría no revivir. Revisar su propia historia había sido un ejercicio revelador, pero también doloroso. Ale llevaba un mes extraño. Estaba más atento con los chicos, más presente, pero cuando estaban solos, Bea sentía que él estaba en otro lugar, como ocultando algo. Estaba intranquila. No había vuelto a quedarse en la casa, como si necesitara esa distancia. Una parte de ella quería ignorarlo, convencerse de que era solo su imaginación, pero no podía. Había algo en su mirada, en la forma en que evitaba ciertos temas,

