El regalo que nunca llegó Era lunes, y Bea decidió hacer algo especial para Ale. Desde hacía tiempo, le preparaba comida saludable para esos días largos en los que sabía que él apenas tenía tiempo de cocinar en su apartamento. Ese día, optó por unas empanadas de verdura y las dejó en un táper con un papelito pegado en la tapa: "Tiene dos V: va y vuelve a casa. Ja, ja." Era una de esas bromas recurrentes que solo ellos entendían, un pequeño guiño a su complicidad de siempre. Ale solía sonreír cuando las leía, y a Bea le encantaba provocar ese gesto en él. Dejó el táper en su auto y se dispuso a regresar a casa. Sin embargo, al girar para cerrar la puerta, algo llamó su atención. En el asiento trasero había un paquete envuelto cuidadosamente, acompañado de un marcapáginas que decía: "Cada

