Huracán Bea Categoría 5 La noche avanzaba y la despedida de soltera estaba en su punto máximo. Las luces del hotel brillaban con intensidad, el karaoke resonaba a todo volumen, y las chicas, flacas, gordas, jóvenes y veteranas, se movían al ritmo de la música, dejando de lado cualquier preocupación. Pero para Bea, la música no era solo diversión; era un escape. Un desahogo emocional que se desbordaba con cada verso que salía de sus labios. Con el micrófono en mano y un vaso de vino que ya no recordaba haber llenado por tercera vez, tomó aire y comenzó a cantar con una pasión que dejó a todas boquiabiertas: —¡Mentiras! Lo único que dicen son mentiras... que me quieres, que me amas todavía... ¡mentiras! —su voz rompía el aire con una mezcla de furia y dolor. Las chicas comenzaron a graba

