Capitulo 13 (no editado)

1438 Words
—Nebuloz Darklorian— Lucys, padre, madre, Nustredam, Celis... Kiria y Zalbion, unidos por la vida, se despidieron. Desearía despedirme de alguien, ya no tengo a quien despedir. Nada que perder, nada que temer. Nos acercamos a la entrada secreta de la vieja capital. Bajamos nuestras frecuencias al mínimo. Kiria, cumplía mis órdenes. El acueducto no es un sitio del todo confiable, la presencia de guardias es menor allí. Recordamos el plan pautado después del segundo año, a la entrada del mes alfa, siguiente al mes omega, iniciariamos la infiltración, una misión peligrosa, que podría fallar en cualquier paso en falso. Las rejillas. Me disolví, pasé entre ellas como humo n***o. Kiria, me siguió. Orgulloso, aprendió a la perfección la materialización. Soy un mago oscuro sentimental, gracias madre por hacer de mi padre un buen hombre y de nosotros, seres vivos emocionales. Sería una perdición vivir como mi compañero de arma, quien no he vuelto a ver desde la captura de Kiria, ruego por Dubinis, su bienestar. Percibimos la energía del pulular de la vida citadina. Conocía la ruta hacia el primer cristal, ubicado a los límites del este. Llegamos sin decir palabra a una puerta de metal, un mínimo ruido, es la alerta para los magos de elite, una mínica frecuencia alta, la muerte. Analicé la rejilla, nos volvimos humo de nuevo, llegando al otro lado, donde una escalera rodeada de maleza, anunciaba la subida. Cada vez más cerca de la superficie. Como lo planeamos, vimos un grupo de guardias. Kiria debía absorber la información de los cadaveres, adentrandose en sus mentes antes de morir definitivamente. Me preparé, desenvainando mi espada, sonreí sobre su filo. Uno, dos, tres, cuatro... Muertos al desvanecerme y aparecer, probar mi hoja sus cuellos. Kiria extrajo la mayor información posible sin decir palabras, dejamos los cadaveres al descubierto, con el dedo escribí, tinta roja de los fallecidos: Venganza, sangre, igualdad. Nos desvanecimos por el mismo camino. Sonaron las campanas en la superficie, no tardaron como supuse. —Dieron la alarma —dijo Kiria. —Tienes la ubicación de los demás cristales —ella asintió—. Kiria, por la voluntad de Lucys. —Por la voluntad de Lucys. Nos dimos las manos, se desvaneció. Abrí la puerta de metal, ya no importaba el ruido o la frecuencia. El plan estaba hecho, soy la carnada. —¡Draklor! Maté al primer guardia, quien cayó en convulsiones. El mosquete disparó tocando suelo. Me desvanecí, yendo a la torre este. Dos guardias alertas custodiaban la entrada. Degollé al primero cuando me posé a su frente, sus ojos llenos de sorpresa y terror, desplomado, escapando su vida en el chorro de sangre de la garganta. El segundo intentó dar un paso atrás, de los nervios se le escapó el tiro cuando en sus manos temblorosas apuntó, errático. Quize tener compasión, pero la imagen de Lucys, avivó el filo de la espada, suficiente la fuerza para decapitarlo. Sonó la campana del oeste, Kiria había entrado en combate. Subí las escaleras de la torre, en una piedra falsa, presioné. —¡Larga vida a Ronia! —gritó un guardia apuntándome en la cima. —¡Explo! —recité. Me cubrió la pequeña detonación. Silbó la bala en mi oído. Pasos comenzaban a escucharse, agitados, desenvainando los sables. La puerta secreta accionada, dió apertura a una entrada especial, para cuando entré, cerró automático. Una bajada acompañada de antorchas que se encencieron a penas pisé el primer escalón, dieron la bienvenida al subterráneo, donde se encontraría el altar del cristal, ilusorio. Silencio, solo el crepitar de las llamas y yo. Presentía una presencia en el fondo, me preparé, espada en mano, cargué una esfera oscura. Al llegar, me esperaba en el borde del altar. Reloj de bolsillo en mano, cabello largo, n***o, ojos oscuros, labios finos, mirada perdida en las agujas del reloj. Mi compañero de armas, Mortago Darklorian. —No esperaba volver a verte —dije. —El tiempo es digno para encontrarnos —dijo, guardando el reloj en el bolsillo del costado izquierda de la levita. —Mortago, debo destruir el cristal. —Ronia I nos designó guardianes de los cristales cardinales —bajó del borde, retirándose la levita y el sombrero, dejándolo en el suelo. —Tú ¿y quiénes? —pregunté, apuntando con la punta de la espada hacia él, rodeándolo. —Lo sabrás sobre mi c*****r —blandió la espada, cargó de energía su mano libre—. Reto duelo a muerte, sir Nebuloz —alzó su mentón. —Reto aceptado, sir Mortago —respondí. Hubo un momento de silencio. —¡Darklor! —recitamos al mismo tiempo. Impactaron nuestros conjuros, creando una pantalla de humo. Me sumergí en ella, nuestro acero danzó. Esgrimiendo, grácil, repiqueteamos dos estocadas, dando pasos hacia atrás. Me volví humo, el también, nos repelimos, en el aire, hice impulso, acto seguido, volvimos a cruzar nuestro acero. —Ronia I desea la destrucción de Celis —dije bloqueando una punzada derecha, rebotando su espada. —La corona carece de importancia, soy leal alguien más —continuó con un corte al costado, respondí bloqueando. Caímos en tierra, a causa de la gravedad. —¿Quién pertenece tu lealtad? —pregunté. —¡Lord SoS! —exlcamó. Volvimos a repelernos, en el aire, sonó el duelo a muerte. —¡Darklor! —volvimos a recitar al mismo tiempo. Hicimos el mismo patrón. Esquivé dos punzadas, hice una finta cuando sentí la tierra en mis pies, traté de engañarlo, su habilidad me superaba. Deslizó mi espada, dibujando un arco en el aire, llevando la punta al suelo. Mi mano libre la usé para absorber el darklor lanzado, me alejé, causada la distracción. —SoS está encerrado, Ronia I escucha sus voces, es una marioneta, sigues obedeciendo a la corona —dije, tratando de tomar aire. —Lord SoS pronto será liberado, piedad tendrá a quienes fieles le serán —dijo Mortago. —No hay remedio contigo, Mortago. Elevé mi frecuencia y energía. Mis ojos se volvieron negros absoluto, Mortago también hizo lo mismo. Nuestras espadas se cargaron de materia oscura. —Sir Nebuloz, ¡Dubinis bendiga su muerte! —dijo Mortago. —Sir Mortago, ¡Lord SoS tenga piedad con tu alma! Cuando chocamos las espadas en el aire, batiendonos en duelo, coletazos de energía oscura, acompañados de los gritos y susurros de las almas en pena, emergían. Hice dos pasos, atrás, izquierda, derecha, bloqueando las punzadas. Moví la espada, avanzando, respondiendo con cortes. —¡Alfa Darklor! —recitamos. Nos rodeó un campo de oscuridad, me sumergí en la materia. Repeliendonos, impactabamos. Imaginar dos bolas de humo del tamaño de una bala cañón chocar y chocar, adelante y atrás. Aparecí en físico, volví a bloquear un corte deslizando mi espada, dibujando de nuevo el arco, conocía su estrategia, di un paso atrás, me desvanecí evadiendo el conjuro, esparcí el campo de oscuridad desde su espalda. —¡Alfa Exploiter! —recité apuntando hacia el cristal. La explosión fue suficiente para derribar los pilares magnéticos, haciendo que el cristal cayera, revantandose en fragmentos. Me volví, sonriendo, cumplí mi objetivo. Me encontré en duelo, llevando la ventaja, lo hice retroceder. Aumentó de pronto su frecuencia, inclinando la contienda en mi contra, retrocedí, esgrimiendo lo mejor que podía la espada. Recordé a Lucys, las flechas enterradas en su espalda. El odio profundo hacia la corona, me ayudó alcanzar el estado omega. Nuestras piernas se volvieron humo, aumentaban los coletazos de energía, mientras el cristal seguía lloviendo en pedazos, desvaneciéndose, perdiendo su luz. —¡Omega Graviton! —conjuró. —¡Negora Omega Graviton! —cancele el conjuro, consumiendo gran parte de mi energía. —¡Dubinis, perdona su pecado! —bramó furioso. Su espada alzada, flotando hacia mi, era una batalla igualada, ninguno de los dos ganaríamos. Dominamos las espada, artes mágicas y estrategía parecidas. Debo hacerlo, Zalbion debió de haber dado la señal. Mi objetivo en el mundo... Ha terminado... Lucys, voy por ti. —¡¿Qué haces?! —gritó. Agarré la hoja de su espada. Mi mano izquierda tomó la suya, hice presión con el pulgar sobre su piedra. —¡Celis tendrá un mejor futuro, lejos de la muerte! —cerré los ojos, corriendo mi lágrima en la mejilla, no esperaba que esto fuera la muerte, ¿así se siente las horas antes de morir?—. ¡OMEGA DARKLORAGA! —¡MALDITO SEAS NEBULOZ! Lucys... Te veo... Te veo tan cerca... —Hermano —escuché su voz. —Hijo —madre. —Eres un talento innato, querido hijo —padre. Dentro de la oscuridad, hallé luz cuando abracé a mi hermana.
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