CAPÍTULO 2 — La boda

2016 Words
Apenas llegamos a casa, corrí a mi habitación para encerrarme. Mamá tocó mi puerta muchas veces pidiéndome perdón, porque ella no sabía que papá planeaba un matrimonio largo. Nada de eso importaba, porque, cuando a papá se le metía una idea en la cabeza, nada lo sacaba de ahí. Lo único que sí lo hizo, fue la negativa de Neizan a casarse conmigo, porque ahí ya no quedaba nada más que hacer. Neizan había desaparecido de mi vida tan rápido como decir “no te amo”. Lloré mucho, por miedo, por frustración, por la rabia que sentía con papá y mamá. Los famosos Lennox obligando a su hija a casarse, ¡linda la cosa! Como odiaba ser hija de ellos en ese momento. Tomé mi teléfono y quise hacer un video para descargar esa rabia que sentía, pero luego me arrepentí. No quería ni imaginar el desastre que dejaría un video quejándome de mi familia, cuando yo jamás había hablado de ellos. Eso no era correcto. Tampoco obligarme a contraer matrimonio lo era. A la hora de la cena, mamá insistió tocando a mi puerta y esta vez sí le abrí para que entrara. Y lo hice, porque después de todo, era mi madre y no podía ignorarla toda la vida. Sabía perfecto que ella me manipulaba al igual que papá, pero era la única familia que tenía, no había nadie más, ni siquiera tenía un perro o un gato con quien hablar y sabía perfecto, que las personas de las r************* no eran mis amigos. —Lamento mucho esta situación, pero… tu padre está muy feliz y… —¿Y yo, mamá? ¿Acaso les importa mi felicidad? —le pregunté frustrada. —¡Claro que sí, hija! Mira, no te eches a morir aún, esperemos a ver qué pasa en este año de matrimonio y ya luego vemos —miré a mamá incrédula, no podía con sus palabras. Era como si nunca me escucharan, como si nunca les hubiese importado mi opinión. Ahí me di cuenta de que así había sido toda la vida, yo jamás había podido opinar sobre mi vida, sobre lo que quería y lo que no. Pero ella no sabía que mi forma de pensar había cambiado hace mucho tiempo, no sabía que ya no apoyaba sus decisiones ni su forma de ver la vida. Esta era mi vida, ya tenía treinta años y no podía permitir que manejaran mi vida a su antojo. Ya no más. Así que, me puse de pie y con voz decidida le hablé. —¡No, mamá! No me casaré, ¡ni ahora ni nunca! —mamá quedó sorprendida por mi actitud. —¡Sí lo harás! —me giré asustada para ver a papá de pie en la puerta de mi habitación —. Te casarás, porque así lo decido yo. —¡Papá, yo…! —Te casarás, porque de este matrimonio dependen muchas cosas, tu estilo de vida, el mío y el de tu pobre y santa madre. Te criamos como una niña de bien, hogareña, con valores y principios. Fuiste nuestra creación —dijo con rabia, algo que me sorprendía, porque jamás lo había visto así —, nuestro milagro y como tal, tenemos todo el derecho del maldito mundo en decidir ¡con quien te casas y con quien no! —gritó. Llegué a saltar por el susto. Ver a papá así había sido demasiado —. Ahora, lávate las manos ¡y baja a cenar! Ya no tienes once años, Triana —se dio la vuelta y se fue. Mamá lo siguió, como la mujer sumisa que siempre había sido. Me senté en la cama y me eché a llorar como una niña de once años. No entendía qué podía ser tan importante de esa unión empresarial. ¿Era más importante que mi vida? ¿Seríamos más ricos que Elon Musk o el tipo de sss? O sea, nada era más importante que yo, que mi vida. Mis padres estaban siendo malos y yo como una estúpida había vivido treinta años como ellos habían querido. Me perdí de estudiar una carrera en la universidad, de ser alguien en la vida. Me perdí el hecho de formar mi propia familia, bajo mis términos. Era tan injusto. Sequé mis lágrimas y bajé al comedor. Ellos estaban ahí, comiendo en silencio. Me senté a la izquierda de mi padre, como siempre lo había hecho y tomé los cubiertos. No tenía apetito, me sentía fatal y solo quería volver a mi habitación, pero no podía. Siempre había hecho lo que ellos querían y ese había sido mi modo de vida. Era algo que, incluso, sentía que llevaba en el ADN. Por eso mismo, no podía ni tenía la valentía de levantarme de esa silla y salir corriendo lejos de ellos. Simplemente, no podía. Trague saliva y comencé a cortar mi carne. Trataba de masticar y tragar, pero no podía. Era como si mi garganta estuviese cerrada y no me dejaba pasar la comida. Tuve que llenarme con el jugo que estaba enfrente, para fingir que estaba comiendo. Cuando papá terminó de cenar, se levantó y mamá lo siguió. Solo, cuando estuve sola en esa enorme mesa, me largué a llorar en silencio otra vez. Mi vida era patética. Sentí un profundo odio por Neizan y Hellena quienes, de seguro, estaban viviendo su añorada vida juntos, casados, con muchos hijos y una enorme casa allá en Finlandia. Yo quería eso, pero solo para arrancar de mis padres. A la mañana siguiente, llegó un paquete a la casa. Era el vestido de novia que debía usar. Al menos, Titán había pensado en todo, zapatos, vestido, ropa interior adecuada para ese vestido. Incluso en el ramo de flores. —¡Qué detallista! —dijo mamá encantada con el ramo de flores, como si ella fuese la novia. Le quise decir si se quería casar por mí, pero justo llegó papá a la habitación. —Tienes cuarenta minutos —dijo serio y luego se fue. —Estaré esperando a que estés vestida para ayudarte con el cabello —dijo mamá sonriente para luego salir y cerrar la puerta. Quise escapar, incluso saltar por el balcón de mi habitación, pero era muy alto para alguien tan cobarde como yo. Mientras me bañaba, una idea cruzó por mi mente. Quizá casarme y salir de esta casa, lejos de mis padres, no sería algo tan malo. Quizá podría estudiar, a escondidas, pero estudiar. Algo es algo. A lo mejor Titán no era tan malo como aparentaba y podría vivir con mayor libertad mi vida. —Sí, quizá no sea una idea tan mala después de todo —dije bajito. Pero al segundo después, pensé que quizá sí era malo, incluso peor que mi padre. ¿Por qué mi papá lo había elegido o aceptado? ¿Acaso eran iguales? Sentí miedo, mucho miedo. Si me iba a casar, lo ideal era que fuera con alguien distinto a mi padre. Tuve que salir de la ducha, porque mamá no aguantó más y comenzó a apurarme. —Te ves preciosa, Triana —me dijo, mientras las dos estábamos frente al espejo —. Espero que seas muy feliz —no podía creer la estupidez que me decía. Cómo iba a ser feliz, si esto era idea de ellos, si ni siquiera conocía a mi futuro esposo, no sabía nada de él. Incluso podía llegar a ser un psicópata. No pude decir nada, porque papá nuevamente nos interrumpió. Me dijo lo hermosa que me veía, besó mi mejilla y se fue para esperarnos en el auto junto al chofer. Ya no había nada más que hacer, mi tumba estaba cavada y yo me iba directo a ella. Subir al auto fue un suplicio y llegar a la oficina civil terminó por matarme en vida. Apenas bajamos del auto, mi padre nos animó a caminar, porque Titán y su hermano estaban dentro esperándonos, así que, agarré mi vestido, porque era largo y comencé a caminar. Aldebarán estaba hablando por teléfono y Titán estaba escribiendo en el suyo, cuando los vimos. Se veían guapísimos los dos, pero debía confesar, que Titán lo estaba mucho más. Quizá era su altura y elegancia, no lo sabía muy bien. Aldebarán corrió hacia nosotros apenas nos vio y dijo sonriente que me veía muy hermosa. Titán solo dijo que habíamos llegado tarde y papá se deshizo en disculpas. Al parecer, Titán era una persona de peor carácter que papá. La ceremonia fue sencilla y corta. Aldebarán fue el testigo de Titán y mamá el mío. Dijimos los votos que el juez civil nos indicó, intercambiamos anillos, firmamos el contrato que mis padres habían leído previamente y solo me dio un beso en la mejilla, cuando fue el momento. Eso fue todo. Papá propuso un almuerzo de celebración, Aldebarán dijo que sí entusiasmado, pero Titán se excusó diciendo que tenía mucho trabajo aún. Al final, fuimos solo los cuatro. Cualquiera hubiese pensado que Aldebarán era el novio, incluso el mesero del restaurante lo dijo. Papá lo corrigió al instante y mi cuñado solo sonrió. —Lamento que mi hermano sea tan trabajólico. A veces es un poco aguafiestas —dijo bajito, como si fuera un secreto. Mamá estaba encantada con Aldebarán y no paraba de reír con sus bromas. Debía admitir que mi cuñado era muy simpático y que la conversación fluía con él, como si fuese algo normal, de su día a día. Nos contó un poco de su historia familiar, ahí supe que solo quedaban ellos dos. Sus padres había fallecido hace dos años en un accidente de Sky en alguna montaña europea. Iban esquiando con su grupo de amigos, cuando una avalancha los alcanzó. Encontraron sus cuerpos tres días después, debido a las labores de búsqueda y rescate. Pero, a pesar de todo, él trataba de ver la vida de forma positiva. También nos contó, que habían hecho unas malas inversiones y producto de eso, los estafaron con una enorme cantidad de dinero. De eso se trataba nuestro matrimonio, la empresa de los hermanos King aportaría capital humano y contactos, mientras que la empresa de los Lennox aportaría el capital en dinero para esa asociación. Al final, todos salían ganando, porque papá quería llegar al mercado que ellos manejaban y los hermanos querían recuperar el dinero a través de esa asociación. Era una inversión de fe y esperanza a largo plazo, ahora entendía a lo que se refería papá. Al parecer, realmente tendría que estar casada mucho tiempo. Pero, te preguntarás qué tenía que ver nuestro matrimonio, si al final, la asociación podrían haberla hecho igual. Bueno, fue papá quien los contactó y para no salir estafado otra vez, Titán pidió la mano de su hija mayor, como una especie de garantía. Papá ni tonto ni perezoso, aceptó de inmediato. Lo que Titán no sabía, es que papá amaba más el dinero que a su hija. Ahora me daba cuenta de eso. Cuando era hora de irnos, porque Aldebarán debía volver a su trabajo con Titán, mamá le pidió la dirección de la casa que compartiría con su hermano, pero aún no estaba todo listo. —Mañana por la tarde, irá un chofer a buscarte y te llevará a tu nueva casa —dijo Aldebarán sonriente. Al parecer, él sí era amable con las personas. —No te preocupes, Aldebarán, solo envíame la dirección y nosotros la llevaremos. Después de todo, soy su madre y debo saber en dónde vivirá mi hija junto a su esposo. —Por supuesto, señora Lennox. —Dime Amaltea, nada de señora —mamá, a veces, era muy coqueta. Apenas entré a mi habitación, cuando regresamos a casa, me sentí triste. Esa sería la última noche en que dormiría en mi habitación de siempre. Ahí estaban todos mis recuerdos, ahí estaba la Triana depresiva de hace un año y a la que debía dejar atrás a partir de mañana. Una nueva vida me esperaba y solo le pedía a dios, que fuera totalmente distinta a la vida actual que tenía.
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