CAPÍTULO 13 — En la oscuridad

2342 Words
Una mañana, me visitó Aldebarán. Se veía bien, quizá un poco más delgado, pero bien. Me invitó a una cafetería en el centro de la ciudad, pero yo no tenía ánimo. Solo quería estar en casa y con suerte salir, solo para asistir a las terapias dos veces por semana. Y eso era lo que llevaba haciendo durante tres largas semanas. Se conformó con desayunar en la terraza que estaba en el jardín trasero y con eso estuve bien. Titán apareció al rato después, vistiendo su típico traje sexy para ir al trabajo. En ese momento me di cuenta, de que Aldebarán no estaba vestido igual. —¿Tú no tienes que trabajar? —le pregunté curiosa. Él sonrió un poco y negó. —No, hoy me creo jefe, así que, no iré a trabajar —bromeó. Sonreí un poco, porque ni fuerzas para hacerlo tenía. —No llegues tarde —le dijo Titán serio. ¿Tarde? Pero si había dicho que no iría a trabajar. Eso me pareció curioso, pero no quise decir nada. Titán se acercó a mí y besó mi cabeza. Ese simple gesto comenzó a hacerlo después de que habíamos conversado, pero no me molestaba. Entendía que se preocupaba por mí, así que, no quise herir su corazón y preferí no quejarme. Lo vimos partir y luego continuamos con nuestro desayuno. —¿Sabes que está enamorado de ti? —me dijo Aldebarán, cuando nos quedamos solos. —No es cierto. Solo le gusto. El gustar puede significar muchas cosas. —¡¿Quién te enseñó eso?! Porque no es verdad. Si algo te gusta, lo quieres y ya. No hay doble lectura, cuando alguien te dice que le gustas. —¿Sabes mucho del amor? —Lamentablemente, sí —suspiró nostálgico. —¿Me quieres contar? —No creo que sea un buen momento. —¿Te gusta alguien ahora? —me miró sorprendido por la pregunta. En ese momento recordé a la chica que lo puso mal —. ¿Quién era aquella chica que nos encontramos tiempo atrás? —Mi exnovia —dijo serio. Sabía que no debía seguir escarbando en ese pasado, pero la curiosidad me mataba. —¿Fue mala contigo? —tanteé terreno. —Tienes mucha curiosidad por ella. Dime ¿por qué? —se cruzó de brazos. —Solo quiero entender —carraspeó y se acomodó en la silla, como si estuviese incómodo con la conversación. —Nos conocimos, nos enamoramos como dos adolescentes a punto de casarse. Me dejó en un mal momento de mi vida y eso fue todo —dijo cortante. —Entiendo —decidí dejar de preguntar. —Pero ahora, sí, me gusta otra persona —me miró, mientras bebía un sorbo de su taza de té —. Me gustas tú —dijo como si nada. —¿Qué? —me quedé boquiabierta. Yo estaba casada con su hermano, prácticamente era su cuñada y tampoco era como si él pudiese decir esas cosas libremente. —Debo irme —miró su reloj de mano —. Nos vemos, preciosa —dijo sonriente. Quise levantarme de la silla y seguirlo para pedirle una explicación, pero un fuerte dolor en la espalda me detuvo. Llevaba tantos días en cama que, de seguro, ahora me estaba pasando la cuenta. No podía creer su descaro. No tenía ningún respeto por su hermano, por mí, por el matrimonio que, aunque fuera por contrato, era un matrimonio, al fin y al cabo. Quise pedirle una explicación a Titán, pero luego me arrepentí. Cómo tan tonta de ir y preguntarle a mi esposo “¿le gusto a tu hermano?”. —¡En qué estás pensando, Triana! —me regañé en voz baja, mientras sobaba mi espalda justo en donde sentía dolor. El resto del día, su confesión dio vueltas por mi cabeza. Era una persona con depresión diagnosticada por un psiquiatra y ratificada por mi psicóloga, con traumas de infancia producto de la crianza de mis padres y la poca socialización que había tenido desde pequeña. O sea, era una persona totalmente inestable y desregulada mental y emocionalmente, tampoco era como si pudieras decirme esas cosas como si nada. Sentí rabia con Aldebarán en ese momento, porque yo ya estaba lidiando con muchas cosas y más encima, ahora debía lidiar con él y su estúpida confesión. ¿Acaso lo estaba haciendo para molestar a su hermano? De seguro estaba en medio de alguna vieja rencilla de hermanos. Quizá era eso y Aldebarán solo lo estaba haciendo para molestarme. Sí, de seguro era eso. Pero esa noche, nuevamente no pude dormir dándole vueltas a todo. Así que, a eso de la una de la madrugada, me levanté y fui a la oficina de Titán para buscar un libro. Eso me daba sueño de inmediato, así que, ni lo dudé. Entré a la oficina sin tocar, porque no se veía luz, pero apenas lo hice, vi a Titán en medio de la oscuridad mirando por el enorme ventanal del lugar, con un vaso en su mano. Recordaba a papá hacer eso, cuando estaba frustrado por algo de la empresa. —¿Estás bien? —le pregunté. Se dio la vuelta, dejó el vaso en el escritorio y caminó hacia mí. —Sí. ¿Tú estás bien? —me abrazó despacio, cuidando de no apretar mi cuerpo ni hacerme daño. —Sí. Es solo que no podía dormir. —¿La psicóloga no te dio pastillas para dormir? —Sí, pero no quiero meterle nada extraño a mi cuerpo —lo escuché reír un poco. —No te pasará nada, mientras sigas la dosis recomendada. —Lo sé, pero no quiero hacerlo. Prefiero leer uno de tus libros. —Puedes sacar el que quieras, como siempre —me solté de su agarre y comencé a buscar algún libro que llamara mi atención. Ya me había leído varios libros de la colección de su madre y ahora quería un libro que fuese aburrido, para que me diera sueño más rápido, porque los de la señora King, eran demasiado románticos y atrapantes. Vi uno sobre finanzas personales y cómo no malgastar el dinero y decidí tomarlo. Era grande y de un feo color café. No entendía por qué elegían colores tan poco atractivos para un libro. Me senté en el sillón a leer, pero no pude hacerlo de inmediato. Titán tomó su vaso y volvió a la oscuridad en donde estaba hace un rato. Se veía triste o quizá muy pensativo. Sentí mucha curiosidad por saber qué le estaba pasando, qué estaba pensando esa cabeza inteligente y culta. Quería saber todo de él, pero a la vez, no tenía ánimo para preguntar. Sentía curiosidad por saber ese pasado extraño que tenían los hermanos King, pero no me atrevía a preguntar, así como si nada. Me acomodé en el sillón y ahí me quedé, observando su figura definida, fuerte, musculosa y sexy, hasta que mis ojos comenzaron a cerrarse. Traté de resistir y tomé el libro nuevamente, pero comencé a sentirme muy cansada, como si ese sillón tuviese algún poder extraño, mágico que me hacía dormir de una manera muy rápida. Sentí sus brazos fuertes levantarme con delicadeza y un tierno y cálido beso en la frente. Sabía que me estaba llevando en brazos hacia la cama, pero realmente me sentía fatal y con demasiado sueño, así que, ni siquiera fui capaz de abrir los ojos y solo me acurruqué en su pecho, esperando a que me dejara en la cama. Desperté, porque la luminosidad del sol entraba por la habitación. Eso no me gustaba mucho, así que, aún adormilada, me levanté como pude y caminé hacia la luminosidad para cerrar las cortinas. Cuando lo hice, una voz me asustó. —¿Por qué las cerraste? —pegué un grito y un brinco me hizo despertar enseguida. Titán estaba en mi cama, acostado con el pecho descubierto y con cara de sueño. —¡¿Qué… qué haces?! —le pregunté confundida y asustada. —¿Qué hago de qué? —volvió a poner su cabeza en la almohada y ahí se quedó, como si nuevamente estuviese conciliando el sueño. Me miré asustada y por suerte, tenía el pijama de mi coreano favorito aun puesto. Me toqué el cuerpo, estúpidamente, tratando de buscar algún indicio de que algo s****l hubiese pasado entre los dos, pero me di cuenta de lo absurdo que parecía y dejé de hacerlo. Fue en ese momento, que comencé a mirar todo a mi alrededor. Esa no era mi habitación, ni mi cama. —¡¿Qué pasó anoche?! —le pregunté agitada. —Te quedaste dormida —contestó con voz de sueño, mucho sueño. —¡¿Qué hago en tu habitación?! —Nuestra habitación. —¡¿Qué?! —Ya te lo dije… Debemos dormir juntos —prácticamente, me estaba obligando a dormir con él, cuando había sido clara en pedirle un tiempo más. Me enojé tanto que caminé hacia él y lo miré furiosa, cuando estuve a su lado. Quise golpearlo, pero me contuve. En cambio, tomé la almohada y se la saqué de la cabeza de forma brusca, cosa que lo despertó asustado —. ¡Pero, qué mierda! —¡Te dije que quería un tiempo más! ¡Te dije que estaba bien así, en mi habitación! ¡Sola! —le grité. Él se enojó y de un momento a otro, me tomó de la cintura, tirándome sobre la cama y posicionándose sobre mí. Estaba furioso y lo podía ver en sus ojos. —Eres mi esposa ¡y harás lo que yo diga! —dijo con rabia. —¡Jamás! ¡Jamás dejaré que me controles como mis padres! ¡Vete al infierno, Titán! —me dieron unas locas ganas de jalarle el cabello, por ser un malcriado machista, pero me contuve otra vez. —Muy bien, si no lo haces por las buenas, lo harás por las malas —eso me enfureció aún más. —En tus jodidos sueños, esposo. Me arrancaré de esta casa ¡y jamás me volverás a encontrar! —¡No! ¡No lo harás! Te colocaré un guardia veinticuatro siete. —¡Hazlo! ¡¿Crees que eso me detendrá?! —Te vigilaré día y noche. ¡Jamás te daré el divorcio! —¡Ja! Y crees que en estos tiempo eso importa. ¡Me iré lejos! ¡Lejos de ti! —parecíamos dos estúpidos gritándonos en la cama. Realmente era una escena absurda. Podía ver cómo Titán cambiaba su rostro, tratando de aguantarse la risa. —Eres una jodida malcriada, Triana. No deberías gritarme —me dijo más calmado. —Tú también me estabas gritando —nos quedamos como dos idiotas mirándonos, hasta que no aguantamos más y rompimos en carcajadas. Sí, habíamos sido muy tontos por discutir tan temprano en la mañana. —Lamento mi enojo, pero me quitaste la almohada —dijo aun encima de mí, mientras sus dedos quitaban un mechón de mi cabello del rostro. —Y tú me trajiste a tu habitación sin mi consentimiento. —No pasó nada, lo juro. —Pero igual, debiste consultármelo antes. —Eres mi esposa, no debo consultarte estas cosas. Solo quiero… dormir contigo. No quiero estar solo en esta habitación —dijo haciendo un puchero con su boca. Eso me hizo reír más. Ok, no me estaba pidiendo nada malo, simplemente dormir. No tenía por qué verlo como algo s****l. Solo era dormir y ya. Me quedé mirándolo, mientras pensaba en qué decirle. Él comenzó a recorrer mi rostro con sus dedos, pasándolos por mi frente, mi nariz, mis labios. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, cuando sus dedos bajaron por mi mentón deteniéndose en mi pecho, el cual traté de disimular. Vi cómo su rostro comenzó a acercarse lentamente al mío para darme un beso. Y quise escapar, realmente quise hacerlo, porque no quería volver a fallar. Ya no quería seguir siendo virgen y sentía que con él sería una experiencia satisfactoria. Pero estaba tan dolida, tan dañada por mi mala experiencia anterior, por ese desamor de mierda que llevaba en el corazón, que me costaba todo. Me costaba hasta respirar a veces. Sentí sus labios sobre los míos y me dejé llevar. Mejor dicho, traté de hacerlo. Correspondí a su beso, sin importarme que recién fuese de mañana y ninguno de los dos hubiese comenzado el día. Sus besos eran tiernos, suaves, hasta que comenzaron a tornarse intensos y candentes. Lo podía sentir. Sabía que él quería más y yo también quería sentirlo, quería corresponderle, pero no podía. Aun así, esta vez me obligué y no detuve el beso, tampoco me puse a llorar como una tonta y solo dejé que las cosas pasaran. No me importaba que mi primera vez fuera un desastre. Quería sentirme mujer, quería sentirme deseada por una sola vez, aunque fuese. Mis manos subieron hasta su rostro atrapándolo y haciendo que el beso se intensificara mucho más. Las manos de Titán comenzaron a tocar todo a su paso, mis pechos, mi cintura, mis piernas, de una forma tan sexy, que fue agradable. Quise detenerlo muchas veces, pero me contuve y seguí en mi cometido. De repente, él cortó el beso y me miró con adoración. Tenía una leve sonrisa en sus labios. —¿Estás segura? —me susurró. —Sí —le contesté de la misma forma. Pero no, no estaba segura de nada. Aun así, no lo contuve. Comenzó a levantar la parte de arriba de mi pijama hasta que sus manos tocaron mis pechos y solo fue piel con piel. Comenzó a jugar con su mano y mi pezón, y eso me provocó algo extraño. Algo muy pequeño y que jamás había sentido. Su boca se fundió con la mía nuevamente e incluso me mordió despacio. —¡Señor King! ¡Señor King! —nos interrumpieron tocando la puerta con fuerza y desesperación. Me levanté asustada empujándolo con fuerza. Y bueno, ¿quién crees que era? Pues sí, Amalia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD