CAPÍTULO 14 — Nadar sin encontrar la orilla

1384 Words
Salí corriendo al baño y me encerré ahí. No entendía qué podía ser tan importante para tocar a la puerta de mi esposo tan temprano. Por la postura del sol, era obvio que no pasaban de las siete de la mañana. Mi corazón estaba agitado y mi respiración igual. Había estado a punto de cometer una locura, en el sentido de hacer algo que aún no me atrevía, obligándome a sentir, a besarlo. Escuchaba a lo lejos que Titán le hablaba fuerte, como si la regañara. Eso me hizo sentir un poco mal, aunque luego comencé a preguntarme si es que ella nos había escuchado e interrumpido a propósito. Dentro de toda la ignorancia, desamor, desconocimiento en general de ciertas cosas que yo tenía, había visto muchas películas románticas, muchas series y k-dramas, en donde siempre había un personaje malo que quería separar a los protagonistas. Esas cosas las conocía muy bien y comencé a pensar si es que Amalia sería ese personaje en mi matrimonio con Titán. Después de todo, se notaba a lo lejos que estaba enamorada de él, solo que mi esposo no se daba cuenta. Tocó a mi puerta de repente, dándome un susto. Le abrí la puerta y ahí estaba él, muy enfadado. Se acercó a mí, entrando al baño sin que yo se lo dijera y me abrazó fuerte, dejando un beso en mi cabeza. —Lo lamento —se disculpó. —No importa. Quizá aún no es el momento —le susurré. Quizá aun no era el momento, quizá realmente Amalia nos había interrumpido debido a sus celos de amor no correspondido. O simplemente, era el destino. Tomó mi rostro con sus dos manos y me besó, pero notó mi incomodidad enseguida y me soltó —. Hoy tengo terapia, así que… debo cambiarme. —Está bien —se resignó, dejando que saliera del baño y fuera a mi habitación. Una vez en terapia, comencé a vomitar todos mis pensamientos, todo lo que sentía, mis frustraciones, mi historia de desamor. Sabía que era mucha información que, hasta ese día, aún no le soltaba a mi psicóloga por miedo a ser juzgada. Pero ella me escuchó pacientemente, escribió todo lo que quiso escribir en su Tablet y jamás, pero jamás, me juzgó. Incluso se lo comenté y rio un poco. —Mi trabajo no es juzgarte, Triana, sino, ayudarte a desarrollar herramientas que te permitan vivir tu vida, disfrutarla al máximo, que puedas ver tu propia vida con otros ojos y no sentir culpa por hacer cosas, entre muchas otras cosas más que iremos conversando y aprendiendo a medida que avancemos con tu terapia. Ese día, llegué a casa sintiéndome un poco mejor. Mi psicóloga tenía razón y por primera vez en todo el tiempo que llevaba en terapia con ella, recordé su nombre, Didre Araki. Mi mente había estado en cualquier parte desde hace años, que apenas sí recordaba los nombres más importantes que me rodeaban. Bueno, ella había sido parte de esas personas no importantes hasta hoy. —¿Quieres ir al cine hoy? —me preguntó Titán en la cena. —¿No es muy tarde ya? —Hay funciones de medianoche. —Mañana trabajas y no quiero que te desve… —Triana —me interrumpió —, solo di que no, cuando no quieras hacer algo —ni siquiera sabía decir esa siempre palabra, porque siempre había tenido que acceder a todo con mis padres. —Lo siento. Sí quiero ir al cine. —Mentira, no quieres. —Sí, sí quiero —me miró fijo, como si tratara de leer mi mente. —No, no quieres. Punto final. —No sabes lo que estoy pensando. —Lo veo en tus ojos —se limpió la boca con la servilleta y se puso de pie —. Debo trabajar —y se marchó. Sabía que yo estaba siendo una persona difícil, pero juro que realmente trataba de superar todo, pero era tan difícil. Haber salido de la casa de mis padres, había detonado todo lo malo en mí, como si hubiese sido una especie de liberación, pero para mal. No me sentía feliz, no me sentía amada, era incapaz de tener sexo con mi esposo, independiente de que no hubiese amor en ese matrimonio. A veces, deseaba ser una persona fría, como esos personajes que se acostaban con uno y con otro, sin sentir nada, pero pudiendo hacer todo lo que se les complacía. Yo no podía ni siquiera sonreír a veces, ni respirar, ni pensar con claridad. Sentía que nadaba hacia la orilla del mar, pero nunca lograba llegar. No sabía qué hacer, qué pensar, cómo actuar. A veces me sentía perdida e incluso, una inepta. No era capaz de salir de casa, más que para ver a mi psicóloga y sabía, siempre sabía que estaba mal, que debía lograr salir de ese lugar oscuro en el que estaba, pero no sabía cómo. Sentía que algo me faltaba y no sabía qué era. Pero esa noche, decidí contarle todo a él, porque merecía una explicación a todo lo que me estaba pasando. Solo Aldebarán sabía mi historia de vida, porque con él todo era más fácil, pero con Titán, era como si hubiese una barrera entre los dos, como si algo nos impidiese ser honestos. —¿Tienes un momento? —le pregunté nerviosa, cuando me asomé por la puerta de su oficina en casa. Lo escuché suspirar y dejar de mirar las hojas que tenía en la mano. —¿Qué sucede? —estaba molesto, se notaba en su voz. Caminé hacia su escritorio y me detuve justo en frente de él. —En un momento de mi vida, quise todo con Neizan Asturias. Casarme, llenarme de hijos y de mascotas en una mansión enorme con muchas habitaciones para tener una familia grande. Pero fui tan ciega que jamás me di cuenta de que su corazón siempre había pertenecido a otra. Una tarde, me pidió matrimonio. Me sentí la chica más afortunada del mundo por casarme con alguien como él, inteligente, extremadamente guapo, buen hermano y trabajador. Pero el compromiso se acabó, cuando me dijo que no me amaba en una cafetería de la ciudad. Hellena Virtanen se había ido a Finlandia para comenzar una vida nueva, lejos de su gran amor, Neizan —miré mis manos, mientras dejé que mis lágrimas salieran de mis ojitos —. Mi madre se enteró de que ellos siempre se habían amado, pero por cosas de la vida, sus caminos se habían separado. Cuando Hellena se fue del país, Neizan vio que su futuro no estaba a mi lado, solo que él no sabía, que yo tenía mi vestido comprado y la casa familiar lista y amoblada. Neizan rompió mi corazón… —comencé a llorar como una niña chica, pero, aun así, quise seguir hablando —Y yo… yo fui una estúpida que creyó que siempre volvería a mí. Incluso, antes de casarnos, seguía pensando que algún día volvería a mí. Perdí todo, mi amor propio, mi felicidad, mi sonrisa, mis ganas de vivir y juro que quiero corresponderte…. ¡Lo juro por mi vida! Pero es que ni vida tengo en este momento —cubrí mi rostro con las manos —. ¡Lo siento! ¡Realmente lo siento! Mis padres me hicieron mucho daño en su forma de crianza. Fui una sometida durante treinta años y aun no puedo superarlo ni dejar de serlo. ¡No sé decir que no! ¡No sé vivir mi propia vida! ¡Ni siquiera tengo una profesión! Porque ellos jamás me dejaron estudiar. ¡Y ahora me obligaron a casarme contigo! No digo que seas una mala persona, pero ni siquiera pude elegir por mí misma —volví a cubrir mi rostro con mis manos, mientras soltaba toda esa rabia, pena y frustración que tenía. Sentí que me tomó en brazos y me agarré de su cuello ocultándome en él. Se sentó en el sillón y ahí nos quedamos, mientras me escuchaba llorar. Fue paciente conmigo, hasta que me calmé mucho tiempo después. Jamás le había mostrado a nadie ese nivel de vulnerabilidad y me hacía sentir débil, pero bien a la vez. Quería sentir, quería enamorarme otra vez, pero simplemente no podía aun, mucho menos con Titán.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD