Capítulo 13

1496 Words
Marcos Estaba tendido en mi cama, mirando videos en mi teléfono cuando este comenzó a sonar. La pantalla decía “Gloria jefecita” y mi rostro palideció. A pesar de saber que no había hecho nada malo, estaba nervioso por el encuentro en el parque con Antonia. No quería meterme en problemas, aún así contesté la llamada con la mejor de las actitudes. —Hola, jefecita ¿Pasa algo? —pregunté. Ella ríe al otro lado de la línea. —Hola, Marcos. La verdad si pasó algo… —Oh… —cerré los ojos con fuerza y me llevé una mano al rostro—. Estoy muy avergonzado, por cierto. Mi idea no era incomodar a la abuela de Antonia. —Tranquilo, chico —soltó ella entre risas—. No es nada malo, al contrario… —¿No me vas a despedir? —No, deja de ser estúpido y escucha —reí fuerte y dejé que ella hablara—: Francia es mi amiga desde que íbamos en el colegio, por lo que Antonia es como una nieta para mí. Te quiero dar las gracias por lo que pasó, no sé qué hiciste, aunque creo que la pequeña se siente cómoda a tu lado y por eso decidió compartir ese momento junto a ti. —Me siento muy tranquilo ahora —aseguré y Gloria rió con fuerza—. No debes darme las gracias, porque no hice nada del otro mundo. —Para mí sí, Marcos. No seas humilde, lograste que una niña vuelva a cantar y ¿Hace cuánto la conoces? Una semana, con suerte. Tienes talento con los niños, es algo innato. Sonreí y sentí que mi cara se partiría en dos en cualquier momento por la enorme sonrisa que se reflejaba en mis labios. De pronto suspiré al recordar lo que había hablado con Samanta y entonces la imagen de otra pequeña rubia vino a mi cabeza. —Quería preguntarte algo, Gloria. ¿Cuánto cobrabas por las clases? Hay una… —dudé en cómo definir mi relación con Samanta—. Hay una amiga que quería inscribir a su hermana pequeña. —Así que hay una chica… Rodé los ojos y sonreí. —Sí, y quería inscribir a su herm— —Sí te escuché, Marcos. ¿Quién era esta chica? —me cortó ella. —Se llama Emilia, tiene cinco años. —¡La chica que te gusta, imbécil, no la hermana! —ella soltó una risotada que me contagió de inmediato. —Se llama Samanta y no pasa nada con ella —aclaré—. No me gusta tampoco. —Ouch... Bueno y ¿Por qué? —Porque está con alguien —hice una mueca con los labios al recordar a aquel imbécil. Ni siquiera sabía por qué estaba hablando de esto con mi jefa y eso me hizo soltar una risa—. Así que, ¿Cuánto cobras por las clases? —Le daremos cuatro clases gratis —señaló ella. Arrugué las cejas en confusión. —¿De verdad? —Sí, es mi manera de agradecerte lo que ha pasado hoy —sonreí—. Imagino que Samanta estará muy agradecida contigo, de nada —se burló y le permití hacerlo, porque ya le había dado el pie contándole sobre Sam. —Gracias, jefecita. Usted es la mejor, la amo. Ella se rió estruendosamente y luego terminó la llamada. De pronto, sin avisar, mi madre entró a mi habitación y cruzó los brazos sobre el pecho. —¿Jefecita? —preguntó. Emití un gemido de fastidio y me tiré de espaldas a la cama. —Así le decía a mi novia, mami. Ella abrió los ojos de par en par e intentó sonreír, pero no se lo podía creer. Nunca le había presentado a ninguna chica, porque mi única relación oficial había durado un par de semanas. Sin nombrar a la última chica con la que estuve en la Universidad. Eso no había terminado para nada bien. —¿¡Tienes novia!? —se acercó a mí y tomó asiento a mi lado—. Tienes que invitarla a tomar el té conmigo, Marcos. Me reí fuerte y me acomodé para quedar sentado junto a ella. Me miró con adoración y me dio mucha gracia. —Ay, mami, qué linda eres —acaricié su cabello. Ella pareció confundida, pero su expresión se volvió triste cuando entendió que era una broma—. Estoy trabajando y mi jefa me acaba de llamar. —¡Imbécil! —gruñó. Me dio un empujón y volví a reír. —Tendría que haberte grabado —me lamenté. Ella se cruzó de brazos y alzó una ceja en mi dirección. —¿Desde cuándo estabas trabajando y por qué yo no sabía de esto? Me quedé en silencio, mordí mi labio inferior y me encogí de hombros. —Quiero juntar dinero. —¿Para qué? —mamá cuestionó con confusión—. Con tu padre estamos pagando tu educación y cada mes te depositamos dinero para tus gastos. —Ay mamá, es que hay algo que no te he dicho… —Es un buen momento para hablar —habló con seriedad. Me sentí como cuando tenía diez años y las cagaba. Mamá me estaba mirando de la misma forma. —Quiero cambiarme de carrera. No me gusta la medicina y solo estoy estudiando eso porque papá me obligó. Ella abrió los ojos de par en par y negó con la cabeza. —No te obligó, Marcos. —Tú no estabas ahí cuando me dio a elegir entre medicina o derecho —rodé los ojos con fastidio y ella solo me observaba impresionada. —No sabía eso, yo pensaba que tú querías ser doctor… —No mamá, yo quiero otra cosa para mí. —¿Y qué tiene que ver eso con que estés trabajando? —mamá me dió una mala mirada—. Además, deberías estar guardando reposo. —Pedí un traslado, porque quiero volver a vivir aquí —su rostro se iluminó y me sentí esperanzado, porque quizá mi madre podía apoyarme en la decisión que había tomado—. Postulé a una beca y si me la dan, ellos mismos harán el traslado para que pueda entrar el próximo año a estudiar aquí. —Hijo, que bien… —Papá no pagará mi carrera, así que encontré trabajo para hacer un taller de guitarra a niños. Voy a estudiar pedagogía en música y ya sabes lo que piensa mi padre de eso, por lo que pretendo poder pagar mi carrera si la beca no sale aprobada. Mi madre guardó silencio varios minutos, procesando todo lo que yo le estaba contando y luego sonrió. —Me parece increíble —señaló finalmente. Se acercó a mí y me rodeó con sus brazos—. Lo único que quiero es que seas feliz. Mi madre estaría tan orgullosa de ti, Marcos. Sonreí con nostalgia al recordar a mi abuela y me dejé abrazar por mamá. Me sentí aliviado al tener su apoyo, pero sabía que lo peor estaba por venir cuando mi padre se enterara de mis planes. Él no era un padre protector ni dulce, era un hombre frío, estructurado y muy manipulador, por lo que no podía esperar nada bueno de parte suya. (…) Tomé mi celular y abrí w******p para enviarle un mensaje a Samanta y darle la información que Gloria me había dado. Una sonrisa se dibujó en mi rostro y escribí rápidamente lo que tenía para decirle a la bella rubia. “Sam, soy Marcos. Gloria dice que le dará cuatro clases gratis a Emilia, y que luego puedes acercarte a ella para ver los valores si es que le gusta y decide inscribirse de manera formal”. Tuve la sensación que mi mensaje había sido un poco directo y nada simpático, pero aunque considerara que Samanta era una chica muy bella y diferente, tenía que mantenerme a raya y controlar un poco mis impulsos. Ella estaba con otra persona y yo debía respetar eso. No quería causar problemas para ella. Esperé su respuesta, pero ésta no llegó de inmediato. Mientras esperaba alguna señal de su parte revisé mis otras r************* . Me quedé ahí, navegando, mientras veía videos en i********:, hasta que la pantalla se iluminó con un mensaje de Samanta. “¿Es en serio? ¿Por qué haría algo así?” Pensé en mi respuesta por un segundo y mandé todo al diablo. La vida era demasiado corta como para reprimirse y no arriesgarse. “Pues porque eres una chica preciosa” Su respuesta no tardó en llegar, y me sacó una sonrisa. “jajaja pues vale, gracias Marcos, te debo una” Le dejé en visto y bloqueé el celular. La sonrisa en mi rostro comenzó a crecer y no quería parecer un loco al aceptar en voz alta que Samanta me atraía como nunca antes lo había hecho. Prefería ignorar esa sensación, por mi salud mental.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD