2- El comienzo del plan.

1731 Words
Pov: Amelia Reed. Una semana después — Amelia 19 años. —Serafina, necesito saber que está pasando. Alex pregunta qué tiene, la excusa de la influenza no va a servir por mucho más —escucho a mamá hablar con Fina. —Tía, yo quisiera decirte qué sucede… es algo que tú tendrías que hablar con ella, si es que logras hacerla hablar. —estoy tirada en la cama, mirando la luz que entra por la puerta entreabierta. —¿Un chico la lastimó? ¿Quién fue? Tú tienes que saber. No puede estar tirada en la cama, casi que no come, quedará en huesos. Se supone que iría a estudiar a América, ¿y ahora? Necesito una explicación —no hay explicación, mamá. Solo me siento rota, siento que ya nada importa, que no valgo nada. Que me han mentido tanto tiempo que es imposible no sentirme una tonta. —Debes hablar con ella, lo siento… —la puerta se abre y aprieto los ojos cuando la luz me ciega—. Ame, yo me voy, tienes que comer algo, volveré en la noche y me quedaré a dormir contigo —besa mi frente y la abrazo antes de que se vaya. —Gracias —musito, mi voz sale sin fuerza. —No vale la pena que estés así por él, que se vaya al carajo con su viaje de mierda, tú tienes que levantarte de esto. Te quiero —se aparta y sale de la habitación. Me quedo acostada dando un suspiro en un vago intento a detener ese llanto que llega a mí a cada momento. Una semana y en vez de sentirme mejor, estoy más rota. Porque solo queda una semana para que se vaya y no estoy lista para eso. Dormir ayuda a olvidar que mi corazón está destrozado. …… Un golpeteo me hace abrir los ojos en la oscuridad de mi habitación. —Amelia, vino Lion a visitarte. Quizás está durmiendo, no sabía que ustedes eran amigos, agradece que no está mi esposo, él no te dejaría cruzar la puerta —escucho la voz de mamá. —Supe que estaba un poco desanimada y decidí venir a verla, estar con amigos siempre es bueno, señora Reed. ¿Qué hace Lion aquí? —Ame, hija. Tiene visitas, levántate —froto mi ojos y me levanto arrastrando los pies hasta la puerta. —Ya va, mamá —abro la puerta de mi habitación. —Hola, Ame… vine a ver una película, traigo provisiones y mucho tiempo —Lion Kambell; el hermano menor de Benjamín. —Pasa… —mamá me mira de arriba abajo. —Iré a preparar un refresco y algo de comer para los dos —ni siquiera me deja replicar—. No acepto un no. —suspiro mientras se aleja. —No sé qué haces aquí, ni siquiera somos tan amigos, Lion —camino hasta dentro de la habitación dejándome caer en la cama. —Es cierto, pero tú me caes bien, además mira lo que te traje —me enseña un chocolate con maní y una bolsa de papas fritas picantes. —¿Cómo sabes que son mis favoritas? —Soy observador, además… me enteré de lo que sucedió, mi hermano es un hijo de puta, ¿que más puedo decir? Y pensé, quizás necesitas insultarlo junto a alguien, llorar, reír para olvidar, no lo sé, solo estoy aquí porque nos conocemos de toda la vida y te ves muy mal —suspiró dejando que se siente a mi lado en la cama. —¿Cómo esperas que esté? Me duele, él me rompió el corazón, sin explicación, Lion. No hubo señales, solo me dejó. Me engañó en mi cara, habiendo tantas formas de dejarme, ¿por qué así? ¿Por qué lastimarme de esta forma? ¿Por qué ahora? No entiendo nada y no soy capaz de dejar de quererlo, no puedo —abre el paquete de papas fritas. —Que tal si no tratas de olvidarlo y solo tratas de seguir, tratas de pensar en algo que te haga sentir mejor, como… —se mete una papa frita en la boca y comienza a toser—. ¡Carajo! Esto es demasiado picante —me hace reír. Es un debilucho. Me meto un puñado y le enseño que ni siquiera me pica. —Tú tienes un paladar especial, necesito agua. Estoy viendo una serie muy buena apenas voy dos capítulos, la podemos ver juntos, yo tengo tiempo, es una serie de viajes en el tiempo —arqueo una ceja. —¿La de “El tiempo que no corre”? Yo siempre quiero verla y… —Que casualidad, veámosla, vamos Amelia, no vas a dejar que tu vida se acabe por alguien que te lastimó —suspiro. —Creo que tengo la serie guardada en mi biblioteca —ignoro lo que dice. Puede que no me entienda, porque solo yo sé lo que amo a Benjamín y lo que duele que te destruyan cuando amas tanto. No es algo que olvidaré de la noche q la mañana, incluso pienso que jamás podré olvidarlo. ……. Lion: No entraste a clases, pensé que dijimos que hoy lo harías para no pensar. Leo el mensaje de Lion mientras estoy en el aeropuerto. Él no lo entiende, nadie lo hará, yo necesito ver que se va, aunque me duela, quizás así pueda hacerle entender a mi corazón que se acabó, ya no volverá. Yo: No me siento bien, nos vemos más tarde para terminar la serie. Lion: Puedo saltearme clases e ir contigo, sabes que puedes pedirme lo que sea. No contesto su mensaje, me quedo oculta donde estoy esperando verlo abordar. Mi pecho está apretado, mis ojos amenazan con soltar una cascada de lágrimas . Cuando lo veo arrastrar su maleta hacia la puerta de abordaje mi corazón se aprieta y cubro mi boca mientras mis lágrimas brotan sin control. Ver al hombre que amo irse así, sin mirar atrás, duele. Me quedo así parada y es horrible sentir que se lleva una parte de mí que nunca voy a recuperar. Te estás llevando mi corazón, Benjamín Kambell, y solo me estás dejando migajas. ¿Como se puede odiar tanto cuando amas en igual de proporción? Porque juro que ahora lo odio tanto como lo amo. Con mis ojos empapados me quedo viendo por el enorme ventanal del aeropuerto como se va su avión, como se aleja a cumplir sus sueños dejándome fuera de todo. Me prometió amarme por siempre, prometimos cumplir nuestros sueños juntos y quiero entender, ¿qué pasó? ¿Qué fue lo que no vi? Así destrozada como el primer día vuelvo a mi casa a encerrarme de nuevo en mi habitación a llorar. ¿Algún día dejaré de llorar? —¡Amelia! —mamá golpea la puerta—. Amelia, abre la puerta o entraré —no tengo fuerza para levantarme—. Se acabó, jovencita, a mí no me tienes de tonta —abre la puerta hablando en español y me ve en la cama acurrucada llorando. Está molesta, pero al verme así se sienta en la cama para abrazarme. —Ay mi niña, ¿qué te han hecho, quién le hizo daño a ese corazón, mi amor? —la abrazo con fuerza. —Mamá, no voy a irme, me quedaré, me quedaré, pero duele… lamento decepcionarlos a ti y a papá, no puedo irme —acaricia mi cabello. —Pero, mi amor, eso no importa, ¿tú crees que a tu papá le importa? Tú eres lo más importante para nosotros, Ameli —seca mis lágrimas. —Mamá, no se que voy a hacer de mi vida, no sé qué quiero estudiar, no sé nada y… yo sé que papá quiere que haga muchas cosas, pero ahora no puedo. ¿Puedes hablar con él? —asiente y acomoda mi cabello. —Claro que sí, yo hablo con él. —me mira fijo—. Escúchame, yo eduqué una niña que no se deja pisotear, así que si hay alguien por ahí que te hizo daño, se la devuelves, ¿me oíste? Nada de llorar, le enseñas que a ti no te hacen llorar nunca más. —intento sonreír. —Mamá… ahora lo que menos tengo es energía para vengarme de alguien —con mucho cariño acomoda mi ropa. —Ya la tendrás y como hija mía harás que paguen por cada lágrima, sí, así como lo ves tú madre te aconseja que seas mala, porque llevas dos semanas así y no me gusta. —suspiro. —Te quiero, mami. Mejor que papi no se haga el loco porque ya te veo vengándote. —Cada lágrima mía, será el infierno de él, no pierdas duda de eso —una risita suave se me escapa. —Pobre papi, él te ama. —Claro que sí, yo también lo amo, pero nunca dejaré que me lastime, tú tampoco dejes que te lastimen, amor. Nadie puede tener poder sobre ti —se levanta y deja un beso en mi frente. —Hola, no quise interrumpir —Lion aparece en la puerta de mi habitación. —Lion, no interrumpes ya terminé, ya que tú eres buen amigo, aconséjala mejor —palmea su espalda y se marcha. —Ame, ¿qué pasó? —me encojo de hombros. —¿Fui a ver cómo se iba al aeropuerto? —cierra los ojos y se sienta a mi lado cerrando la puerta. —Ame, ¿por qué lo hiciste? —lo abrazo. —Porque quería entender que se fue, pensé que me haría bien. —Pero no te hizo bien —niego. —Me sentí peor, ver cómo se fue sin mí, sin culpa alguna. Lo odio tanto, Lion, te juro que solo puedo desearle lo peor, quiero que le duele como a mí, pero también lo amo —frota mi espalda. —Mierda, Ame. Esto está haciéndote mucho daño. —Ya lo sé, solo espero que con el tiempo me deje de doler, más ahora que no lo veré más. Mientras Lion me abraza intentando juntar los trozos rotos en lo que me convertí me convenzo de algo. Quiero que el este tan roto como yo, porque no me parece justo que solo me duela a mí. Y me convenzo de eso, algún día, cuando tenga fuerza, te voy a hacer sufrir Benjamin.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD