EVANGELINA No pude dormir en toda la noche. El maldito mocoso no salió ni un solo segundo de mi mente, tenerlo tan cerca, desestabilizó mi cuerpo. Me toco recurrir a la masturbación para darme si quiera un mínimo orgasmo. Pero eso no era lo que queria, queria que él me follara, que él me tocara. Está tan dolido y es tan orgulloso que no lo hace, y tras de eso, se me dice que, hombre que se me acerque hombre que se muere, y la verdad, no quiero cargar con la muerte de otro en mi consciencia por ser imprudente. Con solo ver la mirada que se carga, y la firmeza con que dice las cosas, sabes que no está jugando. Me levanto de la cama, ya que el olor a café me llama. No sé en qué momento me quedé dormida y quien me trajo a la cama, pero se lo agradezco. Aunque es hora de volver a casa. El

