EVANGELINA Tomo aire y cierro la puerta, el silencio inunda el lugar, no sé qué decirle, nunca me había sentido tan nerviosa de estar a solas con alguien en toda mi vida. Agust tiene esa capacidad, ese poder en mí, de ponerme nerviosa, ansiosa, caliente, desesperada por recibir sus caricias y un sinfín de emociones más. Me tiene en sus manos, en menos de unos meses ha logrado que todos los cimientos de la muralla que había construido por años se derrumbara, me había negado aceptarlo, queria ser terca, obstinada y arrogante, pero él, con su forma tan no convencional de acercarse a mí, su forma de mirarme, de tocarme, de hacerme sentir viva nuevamente, logró calarse hasta mis huesos. Sé que el algún momento debo decirlo, pero me aterra el rechazo, que él solo me vea como una ninfómana

