—Entonces...déjame a ver si entendí —dijo Arturo, sentado en uno de los cómodos sofás que había en la habitación de Merlín en la casa de sanación, mientras comía de un cuenco con uvas —. Tienes esposa, ¿pero también tienes un concubino? Merlín ya iba por su cuarta semana de recuperación, y ya estaba en excelentes condiciones. Ya no tenía aspecto cadavérico. Su masa muscular se asemejaba a la de las hadas —que son de cuerpos fibrados, pero no tan musculosos como pueden llegar a ser los humanos—, y ya podía caminar unos cuantos pasos sin tener que sostenerse de alguien, pero aún no estaba en condiciones de realizar mucho esfuerzo. Merlín había adelantado bastante agenda con Arturo en las últimas dos semanas, pero solo hasta ahora se había animado a decirle que aparte de Jelena, tiene

