ST: From now on - Vincent Blue [Drama original: Weightlifting fairy Kim Bok-joo]
Tae Yoo me miró de pies a cabeza, con unos ojos indescifrables. Como jamás permitiría que él me viera con un vestido destrozado, acudí al arsenal de disfraces que teníamos en el café. Cada medio año se realizaba una fiesta temática donde los clientes también iban disfrazados de un personaje relacionado a la historia de Alicia. Era una fiesta conocida en todo Seúl, pero contábamos con conjuntos que los distraídos podían rentar. El que yo llevaba puesto en ese momento era el de mi personaje favorito, la Reina de Corazones.
La crinolina, negra y pomposa, levantaba una falda roja de satén, recubierta con corazones negros y dorados, retocados con motivos plateados. El corsé se cerraba en forma de corazón sobre mi cintura, y marcaba mi figura hasta alcanzar el cuello blanco de lino fruncido. Además llevaba unas botas negras largas con hebillas que lucían genial debajo de la elegante falda al momento de cruzar las piernas. La corona de corazones rojos y negros me quedaba perfecta.
“Disculpe, señor”, dijo el mesero que había encontrado y guiado a Tae Yoo hacia donde yo me encontraba. Le estaba ofreciendo un par de orejas de conejo, un moño y saco rojos y unos lentes sin aumento. Él sonrió ligeramente, asintiendo, y se atavió como el Conejo.
“Estaba...”, comenzó Tae Yoo al sentarse frente a mí.
“No digas nada”, me apresuré. “Ya pasó.”
“¿Los despedirás a todos?”
“Es mejor ser odiado a ser amado, ¿no?”
“Querrás decir temido, el odio genera revoluciones”, corrigió. Tae Yoo no estudió en el área de las ciencias sociales, pero era una muestra más de lo bien que me escuchaba. Recordaba haberle hablado sobre Maquiavelo al inicio de mi carrera universitaria. “Pero eso es más... político, ¿no?”
“Es exactamente lo mismo. Si tus empleados te aman, te tendrán demasiada confianza y será fácil dejar de respetarte. Si te odian, harán huelgas contra el negocio, pero si te temen, todo permanecerá bajo el control del miedo. Por eso hay que dar concesiones sólo cuando es necesario. Si no los despido a todos, es como una concesión a los que se quedan.”
“Vaya. Serías un príncipe excelente”, comentó Tae Yoo. Yo sonreí.
“¿Para qué querría ser un príncipe? Actualmente soy más que eso.”
“Por supuesto que sí”, replicó, levantando en alto una de las tazas de cerámica con motivos florales que acababan de traernos. Yo levanté la mía, llena de licor de chocolate, y las chocamos. “A propósito, mi padre ha estado presionando demasiado. Tan sólo tengo veintidós, pero ya quiere que me case.”
El trago de licor se filtró desde mi garganta hacia mi nariz por la impresión. Intenté toser para que no saliera por mis fosas nasales, pero ya era demasiado tarde. Luché contra el aire que perdía y con la ruta de la bebida, que me escocía el sistema respiratorio. Levanté la nariz. Tae Yoo rio y colocó una servilleta de tela sobre mi nariz suavemente.
“Lo siento, ¿te asusté? El matrimonio da mucho miedo, ¿no?” Asentí lentamente. ¿Por qué había comenzado con el tema del matrimonio sin ninguna alusión previa y por qué creía que hablar del tema me asustaría? Mi pecho ardía casi tanto como mi nariz con restos de alcohol. De haber tenido esta misma conversación con otra persona, me habría reído y habría echado a volar cualquier tontería referente al matrimonio. Después de todo, ¿quién se casa a los veinte? Pero si se trataba de Tae Yoo, cualquier promesa del futuro habría servido para darme energía durante los siguientes cincuenta años.
“Supongo que lo dijo porque es un hombre grande, así que ya quiere retirarse.”
“Exactamente, pero no espero que crea que el matrimonio es igual a felicidad. Más bien lo hace por la herencia. Como el viejo aristócrata que es, necesita ver que su legado y fortuna seguirán en buenas y robustas líneas sucesoras.”
Tomé un sorbo cuidadoso de mi batido de chocolate con alcohol. ¿Qué pasaba conmigo y mi desesperación por ser correspondida luego de cuatro años? Me estaba figurando el regreso de Tae Yoo como el de una película, con una promesa que gritaba “REGRESARÉ POR TI” y el gran reencuentro, que incluía matrimonio, hijos y felicidad por siempre. Negué con la cabeza. Así no funcionaba el mundo.
“¿Y te ha sugerido algún matrimonio de conveniencia? Siempre se pueden unir corporativos y...”
“Pues sí, por eso te lo estoy diciendo. Dijo que debería casarme contigo.” El licor de chocolate debió bailar dentro de mis pulmones, porque sentí que me ahogaba y que algo en mi interior explotaba. Las lágrimas acudieron a proteger mis ojos y todo se volvió borroso. De un instante a otro, me encontré con un pañuelo siendo restregado contra mi rostro perfectamente cuidado y maquillado. La persona que parecía querer arrancarme los párpados con el pañuelo, sujetó mi nuca para que no me escapara. Entre cada parpadeo, pude ver el traje del maldito gato burlón frente a mí, fingiendo que me ayudaba a toser.
“¿Pero qué ocurre con esta mujer? Hoy estuvo a punto de morir dos veces estando cerca de este caballero”, dijo la persona dentro del traje.
“¡Oye, no lo hagas con tanta fuerza. Puedes lastimarla”, se quejó Tae Yoo. Pude percibir el brusco intercambio del pañuelo. Tae Yoo había intentado arrebatárselo, pero el gato era demasiado ágil, de manera que llevó el pañuelo sobre mi cabello y luego detrás de mis orejas, como si me estuviera dando un baño de cuerpo completo.
“¿Se ha puesto a pensar si usted no es mortal para ella?”, inquirió el gato. “Jamás la había visto actuar de esta manera. Es tan torpe que no dudo que se rompa el cuello de la alegría. No le hable con tanta delicadeza, o corre el riesgo de matarla de verdad.”
“¿Acaso nos conoces?”, preguntó Tae Yoo, forcejando con las manos traviesas del gato. Entonces, él estaba colocando el pañuelo desde mi cuello hacia mi quijada. El licor ya no estaba en mis pulmones y mi conciencia estaba intacta, pero el gato era tan hábil, que ni siquiera podía saber en qué dirección llevaba el pañuelo sobre mi cuerpo.
“Ya déjame”, murmuré, intentando atrapar el pañuelo. Mientras tanto, un par de empleados intentaban apoyar a Tae Yoo. El gato comenzó a saltar y cambiar de derecha a izquierda, con tal de que no lo apartaran de mí.
“Conozco a las de su tipo, de las que prometen cosas, sonríen como si se lo creyeran y luego salen corriendo. No le conviene a las personas tan buenas como tú”, respondió. “Te abandonará luego de que sepa que te tiene en sus manos.”
“¡Que ya la dejes!”, gritó Tae Yoo, arremetiendo contra el gato, estampándolo contra la pared. Tae Yoo levantó el puño, que Cheshire detuvo de inmediato sin llegar a regresarlo. Cheshire mantuvo su brazo bien firme y rodaron a lo largo de la pared, sin que Tae Yoo lograra alcanzar su rostro. “¿Quién diablos eres?”
El gato contempló a Tae Yoo un par de instantes. Luego, atrapó sus mejillas entre sus patas moradas de felpa. Cheshire se acercó tanto al rostro de Tae Yoo que casi pareció que lo besaría a través de la red que escondía su rostro.
“Tú eres un bombón, en todos los sentidos posibles. Una mujer como ella no podría hacerte feliz aunque lo intentara. Te mereces mucho más. Créeme, si el matrimonio entre tú y yo fuera legal, ya te hubiera pedido tu mano”, afirmó el muchacho. Yo puse los ojos como platos, al igual que Tae Yoo. ¿Acababa de confesarse? Puse las zapatillas de corazones en el piso con una fuerza suficiente para romper el tacón. Cheshire soltó una risotada y luego salió corriendo, con la cola de felpa golpeando cuantas mesas y personas se cruzaban en su camino. Cuando se encontró detrás del aparador de aquella habitación, saltó y se despidió con la mano. “No hace falta que me despidas. ¡Yo renuncio!”
Tae Yoo y yo nos quedamos con las bocas abiertas, mirando al loco gato desaparecer detrás de un callejón aledaño. Entonces sujeté el brazo de un empleado con fuerza.
“Envíame todos sus datos. Nombre. Dirección. Teléfono. Y abogado, si es que tiene. Lo haré pagar a toda costa.”
“Sí, señorita”, replicó rápidamente. Yo me levanté y me abrí paso bruscamente entre las mesas. Nuevamente tuve que entrar al baño, puesto que el gato me había arruinado todo el maquillaje. Cuando entré, la muda de ropa que le había pedido al señor Huang que me trajera estaba disponible. Me atavié con un vestido blanco de tirantes y unas sencillas zapatillas de piso. No era en absoluto la clase de conjunto que yo hubiera usado, porque me hacía lucir de la edad que tenía, no diez años más como acostumbraba. Miré mi rostro embadurnado con el labial más rojo que tenía y entonces admití que este día, del que tenía buenos presentimientos, se había convertido en un show de locos. El payaso Cheshire y yo, convertida en un espectáculo. Apreté el lavabo entre mis palmas y salí hecha una furia.
“¡¿Ginny?!”, preguntó Tae Yoo detrás de mí. “¿A dónde vas?”
“A cortar cabezas”, repliqué. “El señor Huang enviará a un chófer para que te lleve a casa. Nos veremos en la renovación del edificio de tu familia la siguiente semana. Mi padre también irá.”
“¿Mi familia renovó un edificio?” Asentí, llena de vergüenza. Podía caminar como un verdadero camión, listo para atropellar a quien se le pusiera en frente, pero en realidad estaba huyendo de Tae Yoo. Odiaba todo lo que acababa de ver y, por sobretodo, a quien lo había provocado. Su cabeza definitivamente rodaría. “¿Pero por qué...?”
Di un paso agigantado para salir del rango en que escuchaba la voz de Tae Yoo. No iba a permitir que intentara consolarme, al menos no en la situación que acababa de atravesar. Esta vez, corrí hacia el Audi por una razón muy diferente al amor de mi vida.
***
Estuve dando vueltas alrededor de la manzana durante todo el día. Pregunté a un par de transeúntes sobre un gato gigante que corría como pingüino y consideré llamar al señor Huang para que hiciera que mi helicóptero rodeara la manzana por los cielos. Pero luego de estar a punto de chocar dos veces por acelerar en cada esquina, me detuve. Había evitado alrededor de treinta llamadas del señor Huang, hasta que decidí contestarle.
“¡Si no le han enviado el nombre del maldito gato, entonces deje de llamarme!”
“¿Ginny? ¿Dónde estás? El señor Huang dice que llevas horas dando vueltas en el mismo vecindario. ¿A quién persigues?” Me mordí el labio. Era mi padre, pero ¿cómo sabía que estaba persiguiendo a alguien? “Sabes que odio que hagas eso. Regresa, por favor.” Volví a cerrar las manos alrededor del volante. Era una horrible costumbre que tenía y, cuando no tenía un objeto para apretar, terminaba atravesando la piel de mis palmas con mis propias uñas. Suspiré.
“Estoy muy molesta, padre, no puedo irme sin más. No sabes lo que ocurrió, pero estoy segura de que tú también lo encontrarías muy ofensivo. Imagina que el tipo recurre a los medios y...”
“Ginny. La última vez que hiciste algo como esto, tuve que rodearte de cinco guardaespaldas.” Esta vez, detuve el auto junto al restaurante más inmediato. “Entiendo que quieras sentirte invencible, hija. Lo eres en muchos aspectos, pero no en todos. No siempre podemos vengarnos, por más enojados que estemos... Puede ser más peligroso para nosotros.”
Tragué saliva e intenté contener el enojo que reverberaba sobre mi pecho. Había utilizado el mismo discurso cuando me encontró, en la estación de policía, quince años atrás. Entonces yo estaba cubierta de tierra, sudor y tenía sangre en las mangas. Había saltado del enojo al miedo en un segundo y se había convertido en una pesadilla. Era la clase de situación que le quita el habla a un niño durante un año entero y provoca que sus padres los encierren durante cuatro años más. No era algo que podía discutir con mi padre repentinamente.
“Está bien. Ya regreso.”
Esa noche cenamos juntos. Mi padre se arremangó al comer bibimbap que la cocinera pidió a domicilio desde un restaurante familiar. Había pedido un paquete especial con kimchi, arroz, verduras y leche Bingrae sabor plátano para mí. La chef líder de la casa era nacionalmente famosa, dominaba la gastronomía asiática casi por completo y experimentaba grandiosamente con la europea, pero eso no le bastaba a mi padre. Él quería el bibimbap de la señora Choi, del barrio contiguo. Coloqué la pajilla de la leche Bingrae dentro de su cajita y sorbí con la cabeza baja. ¿Cuántos años creía mi padre que yo tenía? Sólo podía tomar soju cuando él no estaba mirando.
“Escuché que la familia Tae del conglomerado Yong yang abrirá un nuevo edificio este fin de semana.”
“Oh, sí. Estamos invitados”, me apresuré. Olvidaba que aún no se lo había comentado. Mi padre miró sobre su plato, incómodo, y yo revolví mi falda debajo de la mesa. “Pero, si no tienes tiempo, no te preocupes. Yo puedo ir.” Yo me sentía nerviosa. Luego de la conversación de esa tarde y aunque nada verdaderamente malo me ocurrió, pensé que podría traerle malos recuerdos a mi padre, provocándole un malestar difícil de sobrellevar.
“Eres lista, así que obtuviste tu grado académico muy pronto. Yo me gradué hasta los veinticinco, pero tú lo hiciste cinco años antes”. Sonreí, sin llegar a comprender si me estaba adulando o no; su tono era demasiado frío. “Y de repente, ya estás aquí, acudiendo a aperturas y exposiciones como esas.”
Tomé de mi leche de banana lentamente, sin llegar a comprender lo que quería decir.
“Bueno, acudí a las juntas de accionistas desde los quince y tú comenzaste a consultarme sobre las decisiones de la empresa a los diecisiete. A los dieciocho registré mis propias filiales y el nombre y logo de mi empresa”, repliqué, levantando la gargantilla GS que colgaba sobre mi pecho. “Así que, para serte sincera, no me parece extraño acudir a las aperturas de nuestros socios comerciales... y amigos”, murmuré. Por supuesto, no era la primera ni la décima vez en que acudía a eventos como esos. Su preocupación estaba completamente fuera de lugar.
Mi padre picoteó el huevo estrellado de su plato entre los palillos de concha nácar laqueada.
“Jamás estuve contento con que estudiaras en casa, aunque yo mismo te lo impuse luego del... accidente. ¿Recuerdas que te propuse estudiar en el extranjero como compensación?” Fruncí el ceño de inmediato.
“Me gusta mucho j***n, pero no me agradaba la idea de marcharme durante cuatro años enteros.” Mi padre sonrió con cierta nostalgia, asintiendo.
“Incluso cuando te ofrecí ir a la misma universidad que Tae Yoo en Francia, te negaste rotundamente.” Me mordí la mejilla. ¿Es que ya sabía que a mí me gustaba Tae Yoo? El señor Huang no había comentado nada, pero como yo le había pedido un chófer para llevar a Tae Yoo a la casa de su familia, era inevitable que supiera qué ocurría. Después de todo, yo había sido la romántica que dijo que ¨atraparía a una estrella¨ del cielo.
“Francia no es un socio comercial importante para Corea si no te dedicas a la industria automotriz. Para Sun House, hay opciones más atractivas, como China, Estados Unidos, j***n y Australia”, balbuceé rápidamente, como si mi padre, quien lideraba conmigo una de las empresas más grandes y ricas del país, no supiera quiénes eran nuestros socios comerciales más importantes. Por supuesto, no podía decirlo porque los negocios con Francia fueran convenientes, sino por algo muy distinto.
“No estoy diciendo que Francia lo sea”, replicó mi padre, con la misma lástima inundándole el rostro. “Sólo que quizás habría sido bueno para ti. A tu edad, yo salía a pasear con nada más que una mochila y cinco mil wones en los bolsillos. Subía y bajaba montañas en lugar de usar aviones, me hospedaba en residencias en lugar de hoteles y atravesaba las playas nadando. Conocí a muchas personas en el camino, incluyendo a tu madre.”
Dejé de masticar los fideos en seco, procurando no obedecer la impulsividad en mis emociones y en mi naturaleza misma. Últimamente me estaba entrenando para no hacerlo.
“¿Sugieres que me vaya de mochilera, siendo la CEO de Sun House?”, pregunté pacientemente, ignorando lo de mi madre.
“Sugiero que vivas como deberías hacerlo, no encerrarte en una oficina de cristal a treinta pisos de altura a los veinte años de edad.” Sonreí con cierta petulancia.
“¿De repente te pusiste dramático? No lo digas como si fuera la princesa en su torre, o algo parecido. Mientras más arriba esté, mejor.”
“Los padres de Tae Yoo se reunieron conmigo para proponer una alianza de compromiso”, se apresuró. “Tae Yoo no heredará mucho de parte de su familia, pero ellos creen que tú tienes acciones de sobra en tu propia empresa. ”
Me mordí los labios; sabía que los padres de Tae Yoo se lo habían sugerido por ese simple hecho: no querían tener problemas al repartir todas las acciones de su empresa y creían que regalar a su hijo menor a otro conglomerado poderoso era la mejor solución. Así, Tae Yoo no podría quejarse porque no le habían dado ni un uno por ciento de su empresa familiar. No sabía si una resolución como esa debía agradarme o no.
Entonces, comprendí la reacción de Tae Yoo. Por eso habló de una manera tan sencilla sobre el matrimonio y por eso me lo dijo como una confidencia, como si el asunto no me involucrara directamente. En realidad, casarse conmigo no era algo que él tuviera en mente. Sólo era un problema que él debía de resolver y que sólo me consultaba. No tenía ni la más mínima intención de sucumbir ante sus padres. Dejé los palillos a un lado, percibiendo que mi estómago se revolvía.
“Odiaría que vendieran a Tae Yoo, porque le tengo mucho cariño”, siguió mi padre. Levanté las cejas; mi padre también creía que ese matrimonio forzado no era más que una carga para Tae Yoo, para Sun House y para mí. ¿Qué se suponía que debía pensar yo? “Y como no creo que tengas edad para pensar en matrimonio siquiera...”
“Quieres que me vaya a estudiar al extranjero, a ¨vivir la vida¨”, completé. Lo sabía. Era algo que había visto en muchas familias con herederos jóvenes. Los accionistas creen que no son suficientes, que estorban, y que lo mejor es hacerlos a un lado hasta que crezcan. Entonces regresarían completamente manipulables, a perfecta disposición de un regente cualquiera que tenga la experiencia que los herederos no. Por esa razón jamás acepté ir a estudiar al extranjero, por esa razón no quise seguir a Tae Yoo, a pesar de la propuesta de mi padre. En ese entonces, lo consideré dos veces. Estar en una universidad con el chico que tanto me gustaba, lejos de nuestro país, me daba muchas oportunidades para acercarme más a él y conseguir mi gran cometido, pero, aunque Tae Yoo era muy especial para mí, siempre habría algo más importante que él. “Pero no lo voy a hacer.”
Mi padre me miró, más curioso que sobresaltado. Cuando era niña, luego del accidente, le supliqué que me dejara ir a la escuela para hacer amigos de verdad, no de los que se juntan contigo porque sus padres están planeando negocios con los tuyos. Quería personas que me quisieran a mí y no al nombre de mi empresa. Pero eso había cambiado. Luego de quince años, había comprendido que yo era la empresa. Y la empresa Sun House pertenecía a Corea, no a j***n, no a Tae Yoo.
Mi padre asintió pesarosamente.
“No quisiera que te arrepientas cuando llegues a mi edad, ni que te sometas a un matrimonio que te hará sufrir más de lo necesario.”
“No te preocupes, papá. Esa clase de cosas no son importantes para mí”, respondí, decidida. Me esforzaba en darle la sonrisa más convincente posible. Engullí mis fideos y lo último que quedaba de mi leche de banana.