—Verás Clío, ya te lo he dicho muchas veces. —Suspiro, mi mejor amiga se puso insoportable y mientras caminamos hacía mi casa ella se queja de porque no la deje patear el culo de los chicos nuevos, por supuesto estoy clara que la habrían hecho comer polvo sin siquiera pestañear pero ¿Quien soy para destruir los sueños de mi mejor amiga?
—Nada Ámbar, son unos tontos. No habrían podido conmigo ni con mis —Lanza una patada y medio se cae pero vuelve a ponerse recta y tira un puñetazo haciendo sonidos chistosos. — ¡Ia! ¡Wuaia! ¡Pium! ¡Pium!
—Eso suena más a un arma que una de tus patadas voladoras. —Digo y Clío me mira con mala cara.
—Eres envidiosa amiga, es porque no me has visto dando una.
Pasamos por el cementerio para cortar el paso y mientras observo como mi amiga es un intento muy barato de Jackie Chan hago silencio, por respeto a los difuntos que estuvieron antes que nosotras en estas tierras.
Clío se cae un par de veces y se vuelve a levantar no es hasta que llegamos al final del camino que se queda tranquila, solo para mirar con desconfianza la cerca que está cubierta por hiervas y debemos de saltar para llegar.
— Ya que soy buena amiga, iré primero. —Comenta saltando a las rejas negras y cayendo al otro lado de bruces, quejándose por el dolor de haber caído sobre su brazo.
— ¿Estas consciente que pudiste muy bien usar este bloque de aquí? —Subí sobre el pedazo de concreto y luego caí de pies al otro lado a centímetros de mi amiga la dramática.
— ¡Que iba a saber yo que esa cosa estaba ahí!
— Tú lo dejaste ahí la última vez que decidiste cortar el paso incluso me lo mencionaste cientos de veces para que admirara tu brillante idea. —Doy media vuelta y es entonces cuando un escalofríos sube por mi espina dorsal, miro en dirección a la calle y lo veo.
El chico de ojos azules nos está mirando de forma intensa. Trago grueso, porque sino mal recuerdo ellos se quedaron en la Universidad, a menos que tengan un auto y decidieran estacionar tras el cementerio.
Echo una rápida mirada alrededor y no doy con ningún vehículo.
— Parece que estamos destinados a encontrarnos. —Dice el chico, respondo rápido y tajante al notar como Clío se puso en pie de un movimiento brusco.
— No creo, solo fue mera coincidencia. —Arruga las cejas y chasquea la lengua.
Murmura por lo bajo un —No te hablaba a ti, — Pero detrás de él aparece el chico de ojos cafés de temprano.
Esta bien, esto se está poniendo súper raro.
— Oh, pensé que eramos los únicos que acortaban el paso para llegar a casa, —coloca su mano sobre el hombro de su hermano y lo aprieta fuerte— nos dieron un aventón hace no mucho, lástima pudieron haberlo aprovechado igual.
Busco con la mirada a Lisa y el rubio pero no están por ningún lado.
Clío permanece en silencio tras de mí, observando con desconfianza.
— Estos tipos no me agradan para nada. —Murmura cerca de mi oreja, el chico de ojos azules mira a su acompañante y hace un gesto raro con la mirada.
— Um, bueno ya que nos vamos a estar encontrando por aquí creo que sería bueno que nos presentáramos, ya que ustedes lo hicieron temprano. —Coloca una enorme sonrisa y quedo por segundos embobecida con tanta belleza, que hombre, yo quiero uno así —Mi nombre es Ralph y el de él es Ethan.
— Si que bonito, —Clío toma mi mano haciendo que reaccione y me jala, para salir de ese espacio antes de que las cosas se tornen más extrañas.
— Un gusto conocerlos pero tenemos prisa, mi amiga tiene que... Am... ¡Ayudar a su mamá con la cena! —Miro a Clío pidiendo perdón por el invento acerca de su madre y ella hace una mueca para quitarle importancia.
— Ya la escucharon, nos tenemos que ir, —pasamos por el lado de ambos pero por supuesto como es mi amiga no se podía quedar callada— bichos raros.
Dice, la carcajada de Ethan se escucha hasta donde vamos caminando, logrando que mi mejor amiga refunfuñe molesta.
— No me vayas a decir que te parecen lindos aún —comenta— porque son muy raros, eso de que aparecieran ahí y se nos quedaran viendo no puede ser normal.
Oh no, está apareciendo la Clío paranoica que cree en aliens, vampiros y fantasmas.
— Amiga —la calmo un poco— quizás si tengan un poco de razón, puede que les dieran el aventón y por ello los encontramos ahí, tal vez se estaban marchando y se detuvieron en cuanto vieron tú teatro.
— Si claro... —Se que está desconfiando, en cierta forma yo también pero es mejor no echarle más leña al fuego, sino, tendré que soportar las locas teorías que se le puedan ocurrir.
Como si fuera poco escuchamos el sonido de un claxon giramos a ver y están ambos chicos saludando desde una camioneta último modelo. Clío abre los ojos de par en par al igual que yo, nuestras bocas casi caen al suelo cuando el mal nacido de Ethan grita.
— ¡A la próxima les damos un aventón! ¡Quizás!