Habían pasado casi dos semanas, y Ellie, furiosa con Oliver, no había aparecido en casa de sus padres. En cuanto se recuperó de ese orgasmo paralizante, al ver cómo se la chupaban a Oliver en el cobertizo, empezó a sentir un odio ardiente hacia él. Le dolía tanto el corazón que lloró en el césped mucho después de que se le pasara el orgasmo. La semana siguiente a ese incidente fue terrible para Ellie. Su prometido, que no sabía cómo ayudarla, había buscado consejo con sus amigas, Lyndsey y Kara, pero sin éxito. Ellie sufría una pena que solo había leído en prosa y obras de teatro. Se sentía como Julieta, añorando a su Romeo, quien, para su desgracia, también era su hermano, unido a ella por el inquebrantable vínculo de la sangre. Los horrores de ese día la habían atormentado día y noche.

