"No está en las estrellas mantener nuestro destino sino en nosotros mismos.” William Shakespeare
Es una propuesta interesante, ir de viaje por el mundo con la chica de ojos de cielo. Vamos… la morena no podía negarse que se había pasado todo ese día pensando en porqué razón le dijo que lo iba a pensar. O sea, no tenía nada en qué pensar, se respondió a sí misma una y otra vez, como consecuencia a su actitud ante la propuesta.
Es lo que quería, salir de México. Alejarse de todo por un tiempo, encontrar algo nuevo para su exposición. Ahora le estaban ofreciendo todo y sólo dijo: "Tomaré un par de días para pensarlo…" se repetía con voz de reproche mentalmente, tenía claro que quiere ir con la morrita. No entiende porqué tuvo que decirle que lo pensaría; esta es una gran oportunidad para la morena, sin dejar de un lado que además tendría la oportunidad de estar cerca de la gringa.
—¡Ahh joder! –gritó, girando su silla, dando un par de vueltas con un bolígrafo entre sus dientes, después de volver al estudio, no hizo más que sentarse y pensar, pensar mucho de hecho– Debí robarle un beso al menos… –habló para sí misma, deteniendo la silla. Por una vez en su vida siente que se equivocó, por partida doble, primero fue no besarla cuando tuvo la oportunidad y segundo, fue no decirle que sí. Aunque no todo está perdido, su morrita está esperando respuesta y ya está más que claro que le dirá que sí, irá a su país y hará todo lo que ella le pida.
Aunque representa un reto muy riesgoso, sabe que puede remediar lo de la heterosexualidad de la morrita, porque aseguraba que no podía estar equivocada de las señales que recibió de parte de ella, y que lo que sentía de ella cuando había proximidad era prácticamente como tocar el cielo. Pensaba convenciéndose de que ese viaje con ella no podría acabar en algo malo, algo que las hiriera de algún modo.
Debía saber hasta dónde podía llegar con lo que su corazón le ordenaba.
"No será tan malo ser su asistente" pensó la morena sin poder contener la sonrisa involuntaria que se formó en sus labios. El destino colocó a esa rubia en su camino por algo, y si tenía que recorrer el mundo con ella, pues lo haría. Si le pide ser su asistente fotográfica, pues lo será... y no estaría de más si le pidiera ser su sumi-- sacudió la cabeza inmediatamente, borrando esos pensamientos de su mente...
Más al norte, Valentina se cuestionó varias veces, pensando si debía o no entrar al consultorio. Lo hizo de todas formas, a pesar de estar cansada. El viaje la agotó por completo, y se le hizo más agotador porque lo primero que hizo cuando llegó a su país fue ir al hospital para su cita, tener que ver nuevamente a su doctor le resultaba más que agotador. De sólo pensar en que tiene que ir le daban como ganas de vomitar, pero no tenía de otra. En medio de su disyuntiva ya se encontraba girando el pomo de la puerta, e iniciando pasos cortos hasta tomar asiento frente a su gran dolor de cabeza, el cual representaba su doctor, su realidad.
—Haremos esto rápido, irás al grano y luego me largaré lo más rápido posible de aquí. – murmuró Valentina, luego de saludar y casi al borde de un colapso, al notar que él sólo sonrió; la conoce como para deducir que su paciente no ha tenido un buen día.
—¿Mal día eh? –el doctor Hamilton se levantó, no sin antes tomar su estetoscopio y su esfigmo. No puede dejar de sentirse preocupado al notar el rostro pálido de Valentina, tal vez no es un simple cansancio o un simple mal día.
—¿Cómo no? –masculló la rubia con desagrado– Acabo de llegar del aeropuerto y lo primero que hago es venir aquí, es obvio que es un mal día, porque parece que no podías esperar otro día más. –gruñó rodando los ojos cuando casi la obligó a desprenderse de su chaqueta para tomarle la presión, continuó hablando mientras extendía su brazo–. Estoy perfectamente bien, estaría mejor si estuviera en mi cama o en la empresa, donde sí me necesitan.
—No, no estás bien. Te ves fatigada, tú presión está elevada. ¿Cuándo fue la última vez qué dormiste bien? –le preguntó, la rubia sólo se encogió de hombros quitándole importancia. Pensando en que la última vez que durmió bien, fue cuando estaba en el departamento de Juliana y no pudo evitar soltar un suspiro al recordar el olor a ella que desprendía de su almohada, esa noche se embriagó por completo con su olor, ese olor natural y lo confirmó cuando se despidió de ella con un abrazo, queriendo no olvidar su aroma jamás. Por si no la volvía a ver, pero algo le dice que, si lo hará, algo dentro de ella le dice que sí la volverá a ver y que Juliana sí va a aceptar su propuesta— ¿Siguen los mareos? –Valentina levantó su cabeza, saliendo de sus pensamientos.
Ella dejó salir el aire que estaba conteniendo. —De vez en cuando –musitó echando su cabeza hacia atrás, ahora que lo menciona, tal vez sí se siente un poco mal, siente que su cabeza va a explotar. Sus manos están sudadas, siente que todo su cuerpo arde y el ligero tic de su ojo izquierdo le está molestando, quizás es por el dolor de cabeza, se aseguraba—. Tienes que ayudarme, me duele demasiado –Hamilton, su doctor, se sorprendió al ver que por primera vez Valentina había bajado la guardia, que por primera vez le estaba pidiendo ayuda–. Creo que ya es hora de pensar en opciones. –dijo segura de querer buscar una solución a su problema, o estrellarse de una vez por toda con su realidad.
La rubia estaba tratando de ignorar el hecho de que sus síntomas estaban comenzando a empeorar, sí, hay momentos en los que se siente normal, pero hay otros en los que pierde la vista, en los que todo se vuelve borroso y en los que su cabeza quiere explotar. Entonces tal vez sí, ya va siendo hora de que baje la guardia y que piense un poco más en su salud, su futuro, del cual ahora sí tenía ánimos de pensar.
—Primero toma esto, calmará un poco el dolor –le dijo su doctor, pasándole dos pastillas blancas a la rubia y un vaso con agua, se las tomó sin protestar. Agradeciendo internamente y casi rogando para que el dolor se vaya lo más rápido–. ¿Ves esto de aquí? –le preguntó mientras encendía una pequeña pantalla– Son las imágenes de tu resonancia magnética cerebral, te voy a hablar claro, el tumor está avanzando. Hay que atacarlo con todo y cuanto antes para poder obtener los resultados deseados.
La rubia sólo se tensó, sabía que algo no iba bien con ella, pero de ahí a tener así su tumor, era demasiado. Y no pudo evitar dejar salir un sollozo, incrementando con eso su gran dolor de cabeza que aún no se iba por completo. —¿Qué tan avanzado? ¿Me podrás operar? –él negó varias veces– Entonces buscaré más opiniones, quiero una opinión diferente. -demandó la rubia levantándose de golpe, un simple tumor no iba a hacer derrumbar a la gran Valentina Carvajal, hace falta más que eso, pensó venciendo cualquier ápice de impotencia en su ser.
—Valentina, espera –le pidió su doctor, la rubia había tomado su bolso, para salir del consultorio con la frente en alto–. Yo estoy seguro que no puedo operarlo, pero en los países que te comenté en mi correo, están las opciones de los mejores especialistas del mundo, cada uno con ensayos médicos que han dado un avance y equipos con tecnología de punta. –la convenció con lo expuesto y se volvió a sentar. Estaba claro que necesitaba más respuestas, más opciones e investigar todo acerca de su condición, para hacer lo que fuese necesario–. Te dije que no iba a descansar y no lo haré, ya he pasado tu caso a mis colegas en esos países. Y está claro que tienes los medios para hacer uso de esas opciones Valentina. –concluyó su recomendación.
—Lo haré, por favor, quiero iniciar todo cuanto antes –dejó escapar su aliento–, mándame los detalles y confiaré con tu criterio, para escoger por dónde he de empezar. –le solicitó mientras se incorporaba, no quería seguir allí, y se despidió, no sin antes recordarle todo el asunto de la confidencialidad.
Lo que se le cruzó por la mente al salir del hospital, fueron unos ojos café muy brillantes. No es normal lo que le acaban de decir, y tampoco que lo primero que haga sea pensar en una mujer.
—No es una simple mujer. –pensó en voz alta, sacando su móvil para llamar a Alirio.
Vamos, que la morena ha logrado despertar en ella mucha curiosidad y más por su trabajo, siente mucha admiración por ella y de eso ya no tiene dudas, además de que cuando está con Juliana siente que sale de su rutina, puede ser ella misma de alguna u otra manera, aunque sea con pequeñas mentiras inocentes. —¡Mierda! –murmuró dándose cuenta de que su móvil estaba con la pantalla encendida, notando que tiene dos llamadas perdidas de la morena. Ahora sí, aumentaron sus ganas de vomitar, pero por los nervios. Tiene mucho miedo, en verdad está deseando que Juliana acepte su propuesta y más ahora que necesita ir tras aquellas opciones para mejorar su condición...
Estaba pensando en que muy posiblemente no era una buena idea ir de viaje con Juliana, tendría que contarle lo que le estaba pasando y no tiene pensado decirle a nadie. Ni a la morena, ni mucho menos a su padre, el ser con el que tiene la mayor afinidad en su vida. Lo que menos quiere es que sus seres queridos sientan lastima por ella, además de que no ganaría nada con contarles, eso ya lo había sopesado hasta el cansancio.