Bajo el agua, sobre las apariencias

1266 Words
El fin de semana llegó más rápido de lo que esperaba. A pesar de mis dudas iniciales, Alonso me había convencido de llevar a mi madre y a Mia a pasar el día en su mansión. Al parecer, Julián estaba emocionado de conocerlas, y Alonso aunque no lo admitiera directamente parecía genuinamente interesado en que me sintiera cómoda en su entorno. El auto de Alonso llegó temprano a nuestra casa para recogernos. Mia estaba tan emocionada que no dejaba de brincar en su asiento, y mamá no paraba de ajustar su sombrero de ala ancha mientras lanzaba comentarios sobre lo surrealista de la situación. —¿Así que así es tu jefe? —preguntó mamá mientras admiraba el elegante interior del vehículo ¿Siempre organiza días de piscina para sus empleados? —No es un día de piscina, mamá —respondí, algo incómoda Solo quiere que Julián tenga compañía y, bueno, quiso ser amable. Mia me lanzó una mirada cómplice. —Claro, claro. Amable. Seguro. Llegamos a la mansión poco después. La imponente estructura de piedra y cristal se alzaba ante nosotros, rodeada de jardines perfectamente cuidados. Julián nos esperaba en la entrada con una sonrisa radiante, mientras Alonso estaba de pie a unos metros, con las manos en los bolsillos, observándonos con su usual expresión inescrutable. —¡Tays! —gritó Julián, corriendo hacia mí y abrazándome con entusiasmo ¡Por fin estás aquí! —Hola, campeón —respondí, sonriendo mientras revolvía su cabello Te traje a mi hermana y a mi mamá, como prometí. —¡Hola! —dijo Julián con la misma energía, saludándolas con una reverencia exagerada que hizo reír a Mia y a mamá. —Un pequeño caballero —comentó mamá, guiñándome un ojo antes de estrechar la mano del niño. Alonso se acercó entonces, vestido con una camisa blanca ligera y pantalones beige que le daban un aire casual pero elegante. Sus ojos se posaron en mí por un momento antes de saludar a mi familia con una cortesía impecable. —Bienvenidas. Espero que disfruten el día. La piscina está lista, y Julián no deja de hablar de los juegos que quiere mostrarles. Mia, encantada con la atención, se acercó a Julián de inmediato. —¿Y qué estás esperando? ¡Vamos! Mientras los dos corrían hacia la piscina, mamá se quedó charlando con Alonso, aparentemente cómoda a pesar de la formalidad que él irradiaba. Yo, por otro lado, no podía evitar sentirme un poco nerviosa. Este mundo, su mundo, todavía me parecía demasiado lejano del mío. La tarde en la mansión de Alonso transcurría tranquila. Mia y Julián jugaban en la piscina, sus risas resonando por todo el jardín. Mamá charlaba con Alonso sobre el jardín y su diseño, y yo intentaba relajarme en una tumbona, agradeciendo el momento de calma. La tarde seguía tranquila, pero esa calma era solo superficial. Rossan llegó a la mansión como una tormenta vestida de blanco, tan impecable como altiva. Bajó de su coche deportivo con un aire de superioridad que parecía absorber el aire ligero del jardín. Alonso, que hasta ese momento había estado observándonos junto a la piscina, frunció el ceño al verla acercarse. —No sabía que ahora convertías tu casa en un club social —fue lo primero que dijo Rossan al cruzar la terraza, su mirada recorriendo a mi madre, a Mia y finalmente deteniéndose en mí. Sus ojos azules se clavaron en mi bikini con desprecio y burla. Alonso, que había estado de pie cerca de la entrada, avanzó un paso, sus movimientos tensos como si se preparara para contener una explosión. —Rossan, ¿qué haces aquí? —su tono era seco, pero había un filo en su voz que parecía advertirle que no cruzara ciertos límites. —Estaba preocupada por ti, cariño. Creí que estabas ocupado con algo importante, no… esto. —El gesto que hizo con la mano abarcó todo el jardín, pero su mirada seguía clavada en mí. Mamá se levantó de su silla con una sonrisa serena, pero había algo en su mirada. —Si "esto" le parece inadecuado, tal vez deberíamos retirarnos. No querría ser una carga en su concepto de lo que es importante. El rostro de Rossan se endureció, pero antes de que pudiera responder, Alonso levantó una mano. —¡Basta! —Su voz retumbó como un trueno, haciendo que todos se detuvieran. Su mirada, fija en Rossan, de ira contenida que rara vez dejaba ver. —No tienes derecho a venir aquí y menospreciar a mis invitados. Si no puedes comportarte con respeto, entonces no tienes nada que hacer aquí. Rossan, visiblemente sorprendida por el tono de Alonso, intentó recuperar su compostura. —Solo estoy tratando de protegerte, Alonso. Este tipo de personas no… —¡Cállate, Rossan! la interrumpió, su voz cortante como un látigo. Se acercó a ella con pasos firmes, dejando apenas un espacio entre ambos. Su expresión mostraba furia y desdén. —Eres tú quien no entiende nada. ¿Protegerme? No necesito tu protección, y menos de tu arrogancia clasista.— El silencio se hizo pesado como una losa. Rossan, incapaz de responder, dio un paso atrás, herida más por la humillación que por las palabras. —No puedo creer que me hables así delante de… —comenzó, pero Alonso ya había dado media vuelta, ignorándola por completo. Me encontraba paralizada junto a la piscina, sin saber qué hacer o decir. Mia, ajena al drama, seguía jugando, pero mamá me lanzó una mirada de advertencia, como si intuyera que algo estaba a punto de desbordarse. Cuando Rossan finalmente se marchó con un portazo que hizo eco por toda la casa, Alonso se acercó a mí, su respiración aún agitada. Sus palabras me habían herido, bien me lo advirtió James. Salí de la alberca a tomar un poco de aire lejos de todos, pero él me siguió. —¿Estás bien? —preguntó, su voz más suave, pero sus ojos todavía ardían con esa intensidad que me desconcertaba. —Sí… pero no era necesario que... —Intenté hablar, pero las palabras se me atoraron en la garganta cuando él dio un paso más hacia mí. —Lo era —interrumpió, su mirada fija en la mía. Su rostro estaba tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de él, su furia y algo más. Algo que reconocí demasiado tarde como peligro. El silencio entre nosotros se llenó de una tensión insoportable. Sus ojos bajaron brevemente a mis labios, y sin quererlo, mi respiración se aceleró. Sentí que el calor de su mirada quemaba más que el sol. —Alonso… —Susurré, pero mi voz era apenas audible, mientras se inclinaba apenas un poco más. Podía sentir su aliento contra mi piel, y mi cuerpo traicionero no se movió. Pero justo cuando sus labios parecían a punto de rozar los míos, el sonido de agua chapoteando interrumpió el momento. —¡Tays! —¿Vienes a jugar conmigo? —gritó Mia desde la piscina, feliz e inocente como siempre. Retrocedí rápidamente, como si hubiera despertado de un sueño peligroso. Alonso también dio un paso atrás, pasándose una mano por el cabello y maldiciendo en voz baja. —Será mejor que vaya con Mia —dije, mi voz temblando más de lo que quería admitir. Él asintió, sin mirarme, mientras yo corría hacia la piscina, tratando de ignorar el torbellino de emociones que se arremolinaban en mi pecho. Sabía que lo que había pasado o casi pasado, era un error, pero lo peor era que no estaba segura de querer evitar que sucediera de nuevo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD