La mansión de Alonso II

971 Words
Me fui sin despedirme de Julián, y antes de recorrer un kilómetro mi celular sonaba, con un llamado. Miré la pantalla con sorpresa al ver el nombre de Alonso parpadeando. Sentí una pequeña punzada en el estómago, recordando el momento tenso que acababa de pasar en su mansión. No sabía si era prudente contestar, pero, al final, lo hice. —¿Tays? —La voz de Alonso sonó al otro lado de la línea, clara y firme. —Sí, soy yo. —¿Todo bien? —Intenté sonar casual, aunque no podía evitar que mi tono temblara ligeramente. —Todo bien. Escucha, Julián quiere que vengas este fin de semana a casa, a compartir un rato en la alberca. —No creo que sea prudente estar en tu casa; además, mi madre y hermana llegan esta noche a visitarme. —Puedes traerlas contigo, no hay ningún problema, si estás de acuerdo. —Hablaré con ellas, luego te doy una respuesta. Colgué de inmediato, estaba asustada; esta cercanía podría ser peligrosa y dañina para algunos. Entré a casa sintiendo el peso de todo lo que había ocurrido en la mansión de Alonso. Mi madre y Mia estaban en la sala, disfrutando de una película mientras compartían un enorme tazón de palomitas. La calidez del hogar, con su luz tenue y el olor a lavanda del difusor, me recibió como un abrazo, tan diferente del ambiente opulento e intimidante de la mansión Mars. —¡Tays! —exclamó Mia en cuanto me vio entrar. Por fin llegas. Mamá y yo empezamos a pensar que te habían secuestrado. —O que te quedaste atrapada con tu jefe ese tan misterioso —añadió mamá con una sonrisa juguetona, pero sus ojos no podían ocultar la curiosidad. —Muy graciosas las dos —respondí, quitándome los zapatos y dejándolos junto a la puerta—. Aunque, para ser honesta, algo interesante sí pasó hoy. Eso captó su atención de inmediato. Mia se sentó derecha en el sofá, mientras mamá me hacía señas para que me sentara con ellas. —A ver, suelta todo —dijo Mia, con ese tono animado que siempre usaba cuando había drama en el aire. —Bueno... —Suspiré mientras tomaba un puñado de palomitas del tazón. Alonso, mi jefe, me invitó a pasar el fin de semana en su mansión. El silencio que siguió fue breve pero potente. Mia fue la primera en romperlo. —¿Su mansión? ¿Qué clase de invitación fue esa? ¿Romántica? ¿Formal? —¿Qué onda? —preguntó, su voz llena de emoción y su imaginación claramente desbordada. —Nada de eso. —Me apresuré a aclarar. Su hermano menor, Julián, fue quien insistió. Al parecer, quiere que pase más tiempo con ellos. —¿Con ellos o con tu jefe? —interrumpió mamá, levantando una ceja con esa expresión que decía "estoy leyendo entre líneas". —Con ambos —respondí, intentando sonar indiferente, aunque sabía que mi tono me traicionaba. Julián es un niño increíble, y hoy lo pasamos bien. Pero Alonso… Bueno, digamos que sigue siendo tan complicado como siempre. —¿Complicado? —Mia me miró con interés. ¿Comprobado cómo? ¿Del tipo guapo y misterioso que te vuelve loca? —¡Mia! —exclamé, lanzándole un cojín mientras mamá reía. No es nada de eso. Es solo que... a veces es difícil leerlo. Puede ser increíblemente frío y distante, pero luego tiene momentos en los que parece… ¿Humano? —¿"Humano"? —repitió mamá con una sonrisa. —Ya sabes a lo que me refiero. —Suspiré, dejando caer la cabeza contra el respaldo del sofá. —Hoy, por ejemplo, fue diferente. Estaba más... vulnerable. Realmente nos invitó a las tres. —¿Qué? —dijeron mamá y Mia al unísono. —Sí, y no sé por qué acepté. Fue algo impulsivo. No estoy segura de cómo encajo en todo eso. —Bueno, primero que nada, no subestimes el impacto que tienes en las personas, Tays. —Mamá me miró con seriedad, dejando de lado su tono bromista. Si su hermano y él quieren que estés allí, es porque les importa lo suficiente como para incluirte. —O tal vez tu jefe está interesado en algo más que tu desempeño laboral... —Mia sugirió con una sonrisa maliciosa, ganándose otra almohada lanzada en su dirección. —¡No es eso! —respondí rápidamente, aunque sentí cómo mis mejillas se calentaban. Alonso está comprometido, y yo tengo a James. No hay nada más que una relación laboral y, bueno, cierta complicidad con Julián. Mia rodó los ojos, pero mamá cambió de tema, probablemente notando que no quería entrar en demasiados detalles. —¿Y qué planeas llevar el fin de semana? Porque, si esa cena incluye a tu madre y hermana, me imagino que querrás verte impecable. —No lo había pensado —admití. Supongo que algo simple. No quiero llamar demasiado la atención. —Deberías llevar ese bikini azul que te queda como un guante —sugirió Mia. Es lo suficientemente elegante pero no exagerado. —Buena idea —murmuré, mientras mentalmente comenzaba a planificar ese día. A pesar de sus bromas y comentarios, sabía que mamá y Mia solo querían lo mejor para mí. Me sentía más tranquila después de hablar con ellas, pero aún había un torbellino en mi cabeza. Alonso, Julián... ¿Por qué tenía la sensación de que esa invitación iba a cambiarlo todo? James estaba completamente enojado conmigo por esto; no le simpatizaba la idea de que me vea con mi jefe fuera del horario laboral y menos en su casa. Sabía que yo no encajaba en ese mundo lujoso, pero yo quería descubrir más de lo que me pasaba con Alonso, porque siento que estoy en un punto donde no hay retorno.
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