Capítulo 5: Dana.

2822 Words
Creo que el maquillaje no había resultado como esperaba si es que Jackson se dio cuenta de mi cansancio; generalmente la gente no lo nota, solo mi hermana, el profesor Michael y Brenda, mi mejor amiga. Pero porque ellos saben la situación con mi madre y muchas veces mi hermana esta de la misma forma. Anoche había sido una noche como muchas otras en que el dolor la hacía gritar y le era imposible conciliar el sueño, a pesar de que le di los medicamentos que le recetaron para el dolor, solo la calmaban por una hora. Al menos esa hora ella dormía y yo alcancé a darme algunos momentos de sueño, pero ninguno fue suficiente para descansar mi cuerpo. Esperaba que Jackson no pensara que esto interferiría en mi trabajo, porque yo llevaba lidiando mucho tiempo con esto y no había dejado en ningún momento que el cansancio se apoderara de mí, claramente no lo haría ahora que estaba en la parte más importante de mi carrera. En lo último ya. Que me entregaran mi cartón de abogada dependía de pasar esta práctica y Jackson era conocido por ser exigente, nunca me regalaría una nota y yo no quisiera que nadie lo hiciera. Unos toques en la puerta llaman mi atención, y cuando levanto la cabeza veo la cabeza de Maca asomándose con una sonrisa. ––Cariño, agarra tus cosas porque irán con Jackson a ver al imputado, ese del homicidio ––dice ella. Asiento y tomo mis cosas porque a pesar de lo perturbadora que es la situación, me emociona ir a la cárcel a conversar con él, aunque no niego que me pone nerviosa el hecho de que él tenga ese odio por las mujeres. Cuando llego a la recepción de nuestro piso, Jackson ya esta ahí y me es imposible no mirarlo con lo pulcro y elegante que se ve con ese traje que parece hecho a medida. La verdad es que cuando lo vi me di cuenta de que era muy hermoso, realmente atractivo y no es solo por sus ojos grises, su espalda ancha y de seguro musculosa, sino que en general hasta su forma de caminar es atractiva. ––¿Estás lista? ––pregunta mientras me hace una señal para seguirlo a los ascensores. ––Un poco nerviosa, es primera vez que me llevan así a terreno ––admito. Él me mira sorprendido. ––¿Has ido a audiencias? ––Sí, pero nunca pude ver lo que pasa antes de las audiencias como el proceso de entrevistar al cliente, seguir pistas y esos pasos para poder ir a juicio. Él asiente comprendiendo y cuando nos subimos al ascensor vuelve a mirarme. ––Como eres la única practicante, harás todo conmigo, iremos a audiencia, a entrevistarnos con los clientes, hacer papeleo, todo. Creo que mis ojos se iluminan al escucharlo decir eso porque no hay nada que yo más quiera, bueno aparte de que mi madre dejara de sentir dolor, que aprender el arte del abogado porque según yo y otros profesores y abogados, ellos ven al derecho como un arte que debe ser estudiado desde distintos puntos de vista. ––Eso sería genial, es una forma de adquirir más conocimiento y experiencia ––le digo. Jackson asiente. ––La verdad no me sorprende que no les hayan mostrado todo, muchos se olvidan que alguna vez fueron estudiantes. Jackson parece que siempre tiene las palabras correctas para decir y que es justo lo que pienso. ––Lo sé, no debería ser así, las practicas son la única forma que tenemos para aprender antes de darnos de lleno con el mundo real. ––Sé de varios colegas que ven a los estudiantes en práctica como competencia, encuentro que es una estupidez porque si eres bueno, no tienes nada de qué preocuparte. Asiento de acuerdo con él, es obvio que él sabe que es el mejor. Cuando salimos del ascensor en dirección al estacionamiento, mi emoción no puede más, y estoy deseosa de escuchar lo que el imputado tiene que decir, por morboso que suene. Pero bueno, no estudie derecho para tener una vida aburrida sentada en un escritorio. Jackson saca las llaves de su auto desde su bolsillo y aprieta el botón para quitar la alarma un Audi precioso enciende sus luces. —Lindo auto —alago. Él me mira y sonríe, me lo quedo mirando porque no sonríe mucho, pero cuando lo hace se ve devastadoramente guapo. Muevo la cabeza sutilmente para quitarme esos pensamientos y me subo al auto cuando mi mentor abre la puerta del copiloto invitándome a subir. Creí que él tendría un chofer, pero al parecer no es de ese tipo. Los asientos de cuero me reciben, cómodos y con un rico olor a vainilla. Algún día espero tener uno de estos, quizás descapotable para poder sentir el viento en mi rostro. —Abróchese el cinturón —me ordena. Siento un cosquilleo donde no debería al escuchar su voz ronca y autoritaria. Ay mi dios, ¿qué me sucede? Lo miro, y él me esta mirando con una intensidad que por un momento me deja helada, pero en su expresión hay confusión, quizás me estoy viendo demasiado obvia, porque si maldita sea, me atrae Jackson Lewis, y quién podría culparme si él se ve de esa forma, y además es inteligente. No soy la única chica que debe sentirse atraída por él, de seguro tiene filas de mujeres esperando tocar su cama. Seguramente muchas mujeres tocan su cama. Algunas son las favoritas de dios. —Enseguida —respondo. Me coloco el cinturón y mis estúpidas manos tiemblan un poco y espero que Jackson no se haya dado cuenta, pero cuando termino de abrocharlo él aun me está mirando. ¿Por qué me mira tanto? ¿Acaso tengo algo en la cara? Bueno, aparte de los notables signos del cansancio, no creo que nada más esté fuera de control, entonces, ¿por qué demonios me mira tanto? Tampoco hace demasiado calor como para que se pudiera haber corrido mi delineado, además esa mierda es aprueba de agua, no debe correrse. Levanto mi celular con disimulo para mirarme. Todo donde debe estar. ¿Acaso no sabe lo nerviosa que me pone? Y yo, que nunca he sido una chica que se pone nerviosa frente a los hombres. —Creo que hay que irnos, no queremos llegar tarde —digo en un susurro cuando siento que ya no puedo aguantar más este encierro. —Toda la razón, señorita Castell. Jackson enciende el motor, que apenas se escucha, pero no puedo disfrutar de ello porque me siento ahogada en este momento, así que hago lo único que puedo hacer en este espacio tan pequeño con semejante dios griego. Abro la ventana. —Puedo encender el aire acondicionado si quiere —sugiere él. Por favor dios, que este viaje termine pronto. —Estoy bien así, pero gracias. Necesito mantener mis ojos ocupados así que abro la carpeta para revisar nuevamente los datos, aunque la sé casi de memoria. —¿Le importa si enciendo la radio? —Por supuesto que no, es su auto —respondo. —No quiero incomodarla. —No lo hace. Jackson encendió la radio y la música comenzó a sonar por los altavoces. Suspiré y me relajé en el asiento. Solo es un hombre, tengo que serenarme. Cierro la carpeta y miro hacia la ventana, pero mi vista me traiciona y lo miro. Maldición. Él esta cómodamente sentado, con una mano en el volante y la otra apoyándose en su muslo, un muslo bastante grande por lo demás, debe ejercitarse. Claro que si tonta, nadie tiene así un cuerpo solo por genética. Debe estar marcado, ¿será un six pack o eight pack? —¿Disfruta la vista, señorita Castell? Mierda. Mierda. Y más mierda. Siento como el calor sube a mi rostro, aún más por el tono divertido en su voz. Mi cabeza gira rápidamente hacia la ventana y dejo caer mi pelo como una cortina sobre mi cara, pero él ya vio mi rubor. Ya vio que me lo estaba comiendo con los ojos. Siento un tremendo alivio cuando la penitenciaria aparece frente a nosotros. Los guardias que custodian miran a Jackson y le dan un asentimiento de cabeza dejándonos pasar sin pedirnos ninguna formalidad. La penitenciaria es un lugar sombrío y deprimente, las paredes son todas del mismo color gris, hay prácticamente rejas en todas las ventanas, y mucho silencio. Nunca había venido a este lugar, como dije antes, nunca nos habían hecho parte de la profesión en las prácticas y lo que sabíamos de estos lugares era lo que veíamos en la televisión o en fotos, pero estar aquí era una experiencia completamente diferente, y no en el buen sentido. ––Usted no va a tocarla, traiga a una mujer. Jackson mira al guardia con esa frialdad que lo caracteriza, es por eso por lo que es considerado alguien tan intimidante. No le quita la vista al guardia quien había intentado revisarme en caso de armas o algún otro objeto prohibido, pero a él no le corresponde hacerlo, debe ser una mujer. ––No está por aquí ––le dice el guardia mirándolo. Jackson se encoge de hombros, pero no cede. ––Entonces no la podrán revisar ––mira hacia la placa del hombre y vuelve a mirarlo––. Conoce la ley, señor Mitz, si no tienen a una mujer para revisar no pueden hacerlo y como esto es ineptitud de ustedes no pueden impedirle ingresar, además ya pasó el detector de metales, ¿qué cree que va a encontrar tocándola? El filo en la voz de Jackson me hace sentir extrañamente protegida. Problemas paternales le llaman. No. Yo no tenía problemas paternales, mi padre había sido excelente conmigo y con Rosie. ––Si ella lo permite sí podemos… ––No lo permito ––digo frunciendo el ceño. ¿Por qué cree que voy a dejar que intente toquetearme? No me pasó desapercibida la mirada que me echó cuando entramos, y quizás a Jackson tampoco. El guardia suspira y levanta la mano indicándonos que sigamos caminando. ––Pueden entrar. Jackson no se molesta en agradecer o decir algo, simplemente me mira esperando que avance y él lo hace a mi lado, casi como un escudo. ––Gracias ––le susurro. Él me mira con sus penetrantes ojos grises, son tan claros que resulta casi imposible mantenerle la mirada. Jackson tiene aquella mirada que es demasiado intensa casi obligándote a mirar a otro lado. ––¿Por qué? ––Por evitar que el guardia me revisara. ––Solo hago cumplir la ley, no era un tipo muy listo que digamos si intento hacer eso en mi presencia. No lo era. Jackson había llevado casos de todo tipo; decían que en los interrogatorios era como un jinete del infierno, muy pocos lo aguantaban y él presionaba hasta sacarles lo que necesitaba. ––Debe ser nuevo, no lo había visto antes. Asiento. ––Pero, de todos modos, le agradezco. Él asiente dándome una fugaz mirada justo en el momento en que llegamos a la sala de visitas que tienen los imputados con sus abogados, estos están libre de cámaras y dispositivos de audio ya que la conversación con el cliente era privada. Los abogados no estaban obligados a decir que su cliente era culpable si es que él se lo confesaba, a diferencia de otras personas que tienen el deber de denunciar apenas conocen de un delito. ––Tienen una hora ––dice el guardia en la puerta. Jackson le da una mirada. ––Saldré cuando esté listo, y ya saben lo que pasa cuando me molestan… ––miro la placa del oficial––. Jefferson, siempre me olvido de tu apellido. El tono de voz de Jackson es autoritario y el chico no dice nada más, puedo ver en su mirada que se siente intimidado y eso que son del mismo porte y él tiene un entrenamiento de armas. Quizás Jackson también lo tenga, pero él no tiene un arma en estos momentos. O, ¿sí? ––Bien ––gruñe el tipo llamado Jefferson mientras nos abre la puerta. Hay un hombre grande sentado con los brazos en la mesa, al escuchar la puerta abrirse él levanta la mirada y no se ve definitivamente como un asesino en serie. Él se ve como alguien que te ayudaría si te cayeras en la calle, alguien que te ayudaría si tu auto se averió. ––Buenas tardes, señor Carter —saluda Jackson cuando caminamos hacía él —Soy Jackson Lewis, su abogado y ella es Dana Castell mi ayudante. —Así que es verdad… Jackson deja su maletín en la mesa y me da un asentimiento para que yo tome asiento a su lado. El señor Carter esta esposado a la mesa lo que me alivia un poco los nervios de estar frente a él. —¿Qué es verdad? —Que me habían asignado al famoso Jackson Lewis, casi tengo mi salida asegurada —dice. En su rostro hay una sonrisa amarga, como si no tuviera ninguna esperanza de salir de aquí. —Con las pruebas preliminares que tiene la fiscalía en contra suyo, va a estar difícil bajarle incluso un año. Él suelta un suspiro e intenta apoyarse hacia atrás en la silla pero las esposas no se lo permiten, se las han dejado muy cortas. Jackson se fija en eso, se levanta y se asoma por la puerta llamando al guardia. —¿Qué sucede? —pregunta malhumorado Jefferson. —Arréglele las esposas. —Están bien. Jackson niega apunta hacia las manos del señor Carter. —Ni siquiera puede apoyar la espalda en la silla de tan corta que las dejaron, arréglelas o voy a tener que llamar al juez de turno y pedir un amparo y me parece que el juez Rottwey está de turno hoy. Jefferson gruñó y caminó hacia Carter para arreglarle la cadena. El señor Carter se apoya en la silla y suelta un suspiro, de seguro su espalda debe haber estado adolorida por la posición. Y luego a mi mente vienen las miles de cosas que él les hizo a otras mujeres y hubiera querido que Jackson no hubiera dicho nada. —Es un puto asesino y usted se preocupa porque esté cómodo. —No espero que entienda esto, es por eso que yo soy el abogado y usted el guardia. La voz de Jackson es dura, me recorre un escalofrío cada vez que él habla con ese tono. El guardia lo mira con cara de pocos amigos y se va, con la amargura de que Jackson lo trató como a un ignorante. —Gracias por eso — dice el señor Carter dándole un asentimiento de cabeza en agradecimiento. Él es demasiado educado, su postura corporal es casi como si estuviera resignado a esto. Una vez tuvimos una clase de psicología para lograr comprender la naturaleza de los asesinos en serie, bien conocida es nuestra universidad por enfocarse más en el ámbito Penal y de Litigación, y si bien era una materia optativa, yo la tomé y ahora estaba empleando en mi mente todos esos conocimientos. Un asesino en serie, como el señor Carter, estaría encantado de que lo hubiera descubierto sabiendo la cobertura televisiva que había en estos momentos; alardearía de los cuerpos, de lo que hizo; tendría una actitud de triunfo y lo único que lamentaría seria que lo hubieran detenido y ya no pudiera seguir matando. Su postura corporal sería muy diferente a la que tiene ahora. Abatido. Resignado. Incluso triste. Miro a Jackson para ver si él esta observando lo mismo que yo, pero en estos momentos su rostro es impenetrable, no puedo leer nada. Bueno, así es siempre. —No tiene que agradecer, soy su abogado y velo porque se respeten los pocos derechos que le quedan. El señor Carter asiente y me da una pequeña sonrisa. Una sonrisa amable. Ahora mismo estoy tan confundida, no sé que pensar, no se que sentir porque miedo no es. Y es lo que se supone que debes sentir cuando estás frente a un asesino de esta categoría. Pero no es eso lo que siento. —Empezaremos con lo primero, ¿cometió esos asesinatos? —le pregunta Jackson abriendo la carpeta investigativa. —Sí. —¿Cómo? El comenzó a relatar los hechos, yo me había aprendido la carpeta investigativa de memoria y habían varias cosas que no coincidían. Mire a Jackson, él asentía en algunas cosas que él decía, pero en otras que eran las que no coincidían no movía ni un músculo. Algo me decía que él no era el asesino.
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