Capítulo 4: Jackson Lewis.

1572 Words
Llevamos varios minutos revisando las carpetas, Dana realmente ha sido de mucha ayuda. Es muy inteligente y no puedo negar que es igual de hermosa. La forma en cómo sonríe me ha dejado como un tonto mirándola varias veces. Espero que no haya pensado, las veces que me encontró mirándola, que soy un acosador. —De verdad, Dana, te agradezco, pero ya debes irte a casa —le digo. Ella levanta la mirada y puedo ver los primeros signos de cansancio en su mirada. —Esta bien, mañana le traeré la grabación de la audiencia y le recuerdo que mañana debo estar todo el día aquí —dice con una sonrisa. Lo sabía, esta última práctica consistía en estar todo el día en el lugar de trabajo porque era la práctica que los preparaba para comenzar a litigar, pero hoy era el primer día y ella había trabajado más que bien. —Lo sé, pero no siempre estamos todo el día aquí, si terminamos antes, nos vamos antes y por hoy, al ser tu primer día, creo que es más que suficiente —le digo sonriendo—. Has hecho un trabajo excelente, Dana. Un pequeño rubor comienza a subir a sus mejillas, pero no se deja intimidar, es más, parece feliz de que la haya felicitado. No me gusta ser un monstruo, aunque a veces lo soy, la gente no pensaba en mí como un buen hombre, teniendo en cuenta los casos que muchas veces llevaba, y las cosas que decían de mí que, si eran verdad o no, tampoco me importaba. Estaba de más decir que muchas de esas cosas que se decían de mí, no eran verdad. —Muchas gracias, significa bastante que aprecie mi trabajo. —Te diré algunas cosas. A diferencia de lo que muchos piensan, no soy un monstruo de jefe. Si haces bien tu trabajo puede irte antes, nunca habrá problema con eso, pero mientras seas responsable de lo que se te pida y llegues a la hora, podrás tener regalías aquí —le informo. Ella me mira como si estuviera viéndome por primera vez, lo que tiene sentido, ya que seguro le habrán dicho cosas de mí—. Y si haces bien el trabajo, incluso podríamos hacerte un lugar en esta firma, pero como dije, todo depende de ti. —Estoy muy comprometida con este trabajo, le aseguro que no se arrepentirá. Asiento sin decir nada más, de reojo veo como ella comienza a agarrar sus cosas para salir de la sala. Pero que me perdone dios si no miré su trasero cuando caminó hacia la puerta. Lo que fue un terrible error porque se veía realmente apetecible en esa falda tubo. Muevo la cabeza y pego mis ojos a la carpeta. «No le mires el culo a tu practicante, Jackson» —Hasta mañana, señor Lewis. —Hasta mañana, Dana ––respondo sin mirarla. Cuando la puerta se cierra me dejo caer en el asiento con un suspiro. Lo último que debo hacer es mirarle el trasero a mi practicante, porque en primer lugar, ella es menor que yo, no es que yo sea un viejo, pero soy mayor. En segundo lugar, soy su mentor. Sin embargo, me sorprendo al pensar en cuánto tiempo no venía a mi mente la imagen de alguien tan bonita, y en cómo me quede mirándola como un tonto varias veces. «Joder, como si yo fuera un puto crío» Solo espero que ella haya pensado que yo la observaba con fines laborales y no con fines lujuriosos. —Ya se fue Dana, ¿estamos listos? —pregunta al abrir la puerta Maca. Niego y levanto la mano. —Aún no termino, pero puedes irte —digo abriendo la última carpeta—. Cuando termine me iré. —¿Necesitas ayuda? —pregunta. Niego y le doy una sonrisa tranquilizadora. —Estoy bien, Maca. —Muy bien, hermanito, nos vemos. Maca entra y rodea la mesa para acercarse a mi mejilla dejándo un beso en ella. Le sonrío y cuando sale cerrando la puerta, vuelvo a suspirar. El asunto con Jimena me tenía bastante estresado, ella no me dejaba tranquilo y hoy nuevamente quería que volviéramos. Tuve que decirle que estaba con otra mujer, y ni siquiera eso sirvió porque comenzó a decirme lo muy equivocado que estaba, que éramos almas gemelas, que teníamos que estar juntos, que dejara a la zorra con la que estaba, lo mismo de siempre. La gente debería venir con una introducción de unos veinte minutos para saber la clase de persona que es antes de uno meter su pene en su v****a, porque ahora estoy tan arrepentido de haberme dejado llevar por su belleza sin ver la toxicidad que estaba detrás de esa faceta. Hasta que fue demasiado tarde, y ella ya no quería despegarse de mí. Literalmente la forma en cómo me ocultó toda su faceta oscura fue digna de los asesinos que me ha tocado defender, joder, sí que me dio miedo. °∘❉∘° —Buen día, Dana —saludo cuando paso por su oficina. Ella ha llegado cinco minutos antes y eso me hizo sonreír. Seguramente fue por la conversación que tuvimos ayer, pero lo que me realmente me hace sonreír es como ella da un saltito de su escritorio y me entrega una carpeta. —Buen día señor Lewis, aquí está la transcripción —dice, con una gran sonrisa. A simple vista se ve normal, feliz o emocionada, pero al quedarme un segundo más mirándola me doy cuenta de las ojeras debajo de sus ojos que, aunque intentó taparlas con maquillaje, puedo notarlas. Me entra una extraña preocupación por ella, por lo cansados que se ven sus ojos, a pesar de que esta sonriendo. —¿Estás bien? —le pregunto antes de que pueda detenerme. Su sonrisa vacila dando un paso atrás, recomponiéndose rápidamente. Actitud de abogado cuando te sorprenden con algo. —Claro, ¿tengo algo malo? —pregunta. Niego. Doy un paso más hacia su oficina, ella no se mueve y yo no dejo de mirarla. —Algo malo no, pero te veo cansada. Dana sonríe con un poco de melancolía al ver que la he descubierto y sabe por lo mismo, que no tiene caso mentir. —Mi madre no pasó una buena noche, y yo tuve que cuidarla —dice. De todas las cosas que esperaba, probablemente esta era la última. —¿Está enferma tu madre? —pregunto. Ella asiente y traga saliva con dificultad, con lo que parece ser algo que le afecta. Decido no preguntar nada más, porque entre ambos no hay esa confianza y no quiero agobiarla, así que doy un paso atrás y sus hombros se relajan notablemente al saber que no voy a seguir presionando por una respuesta. —Entiendo, cualquier cosa que necesites me lo puedes decir. —Muchas gracias, señor Lewis. Le doy un asentimiento de cabeza y salgo de la oficina en dirección a la mía. Apenas me siento marco el número de Michael. Él contesta al tercer tono. —Jackson —saluda de forma cautelosa. —Tengo a una de tus alumnas, Dana Castell. —Sí, mi mejor alumna… —¿Tiene una madre enferma? —pregunto al grano. Michael suspira. —Sí, ella y su hermana mayor se hacen cargo de ella. Esta bastante mal, pero eso no afecta el desempeño de ella, es muy responsable. —Ya veo. —En serio, Jack… —No es eso por lo que te llamaba, ayer demostró que es muy buena pero hoy se notaba muy cansada. Hay un silencio en la línea y sé que la grandiosa mente de mi amigo está sacando conclusiones que no quiero saber. Porque yo nunca antes había hecho esta llamada, preocupándome por un practicante. —¿Todo bien? —pregunta. —¿Por qué no lo estaría? —Porque te preocupas por ella. Ruedo los ojos. —No me preocupo por ella en ese sentido, me preocupo de cómo va a desempeñarse —digo, aunque en parte es verdad—. No quiero que cometa errores que me perjudiquen por una situación que está fuera de mi control. Él suspira. Sé que lo creyó todo, tampoco es que quiero que Michael esté haciendo preguntas, buscando respuestas que yo tampoco tengo porque sí, me preocupa su desempeño si llega así de cansada y, además tiene una madre enferma. Me preocupa ella y no tengo ni puta idea del por qué. No es mi mejor cualidad preocuparme por alguien más que no sea Maca, y definitivamente no quiero que eso cambie. —Jack, ten la tranquilidad que eso no va a impedirle ser la mejor. Lo ha sido todos estos años y su madre lleva alrededor de dos años así. Dos años, ella ha lidiado dos años con eso. Antes pensé que solo era inteligente, pero en realidad es un ejemplo a seguir. La manera en que sus notas se han mantenido de forma notable es impresionante. —Solo… no seas tan duro con ella —dice. Suspiro. Mientras ella haga bien el trabajo, no tendré que serlo. Corto la llamada sin despedirme, lo hago siempre y Michael no se sorprende por ello ni tampoco se enoja. Si hay algo que odio, es la palabra “adiós”. Decido que es mejor que me ponga a revisar las carpetas y deje de pensar en Dana Castell.
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