Capítulo 2: Jackson Lewis.

1842 Words
—¿Por qué debería otorgarte la práctica? —le pregunto al chico frente a mí. A diferencia de la otra chica, él tiene un porte de prepotencia. Cree que es el mejor aquí, y no me mira con nerviosismo. —Pensé que ya estábamos aceptados —dice mirándome de forma confundida. Asiento sin dejar de mirarlo. —Sí, pero como verás, esta es mi firma y yo decido quién se queda y quién se va—me enderezo en mi asiento colocando los codos en el escritorio y recién ahí veo una pizca de miedo en su mirada. No me malentiendan, un abogado debe tener personalidad, debe sentirse seguro de sí mismo en cómo se mueve y en lo que dice, pero también debe ser humilde dentro de su posición. Él ahora, depende de mí, yo soy su mejor opción en la práctica. Sé qué ha hecho y que se inclina por las causas penales. No puede ponerse a mi nivel, porque claramente no estamos en el mismo escalón y cuando yo fui estudiante también supe de mi posición. No he llegado a donde estoy por ser altanero. —El otro compañero tuyo que había quedado, ya no estará más aquí. Luego de la entrevista me di cuenta de que no es la clase de persona que necesitamos aquí, por lo que te sugiero que comiences a cuidar tus palabras o a elegirlas mejor, dado el caso. Joaquín traga saliva. Joaquín Miller viene de una familia adinerada y con cierta influencia; su padre es abogado y nos hemos topado en algunos casos conjuntos, pero en general la mayoría de su familia son médicos. Él me llamó diciendo algo sobre que por el tiempo que habíamos pasado juntos, le diera una oportunidad a su hijo. Y lo iba a hacer, pero ahora no estoy tan seguro de ello. —Bueno, me comprometo a hacer bien el trabajo, el área penal es lo que me motiva y espero dedicarme a ello en mi profesión de abogado. Intento no cometer errores y me gusta pensar que aprendo rápido, es realmente un sueño para mí hacer la práctica en su firma —dice. En su rostro no queda nada de esa altanería que había mostrado al entrar, lo que era algo bueno. El otro chico en ningún momento bajo su ego, me miraba como si yo fuera su igual, cuando estábamos lejos de estar al mismo nivel. Le hice una pregunta relacionada con los temas que vemos aquí, algo que ellos ya han aprendido en la teoría y no fue capaz de responder. No había nada más que decir con él, no quería gente incompetente trabajando en mi firma. —Muy bien, Macarena te mostrará tu oficina. En ese instante, Maca abre la puerta y le da una sonrisa cálida a Joaquín sabiendo que ahora él estaba más nervioso. La misma sonrisa que le dio a la señorita Dana. Decir que no quede sorprendido por lo claros que eran sus ojos verdes fue poco, yo jamás había visto semejante par de ojos. Y vaya que he visto. —Sígueme, por favor —le dice ella. Cuando salen me dejo caer en mi asiento. Tengo a dos practicantes en mi firma, mi prestigio dependía de que ellos no la cagaran. Esta chica, Dana, tenía unas notas realmente impresionantes, casi perfectas diría yo, así que esperaba no tener que preocuparme mucho por ella. Ahora el otro idiota, sus notas no eran tan impresionantes. Me levanto para servirme un trago de aquella bebida que raspa tu garganta y te hace olvidar por solo esos segundos de ardor los problemas que acomplejan la vida. Cualquiera pensaría que mi vida es perfecta, y en parte lo es, a base de mucho esfuerzo todo lo que he conseguido ha sido dejándome el cerebro en los libros. Yo no vine de una familia adinerada, entré a la universidad con becas y me decidí a ser el mejor. Lo fui en ese entonces, y lo seguía siendo ahora. —¿Puedo pasar? —pregunta Maca asomándose por la puerta. Asiento y ella entra sonriendo—. Dana tiene unas notas impresionantes, así quería ver yo mis notas cuando entré esa vez a la universidad —dice riendo mientras toma asiento en los sofás frente a mi escritorio. Le tiendo un vaso, pero ella niega, su preciosa sonrisa se borra de inmediato, y antes de que abra la boca, sé que es lo que va a decir. —¿Tan temprano bebiendo? Muevo la mano con el vaso quitándole interés. —Un poco para pasar el mal rato de las entrevistas —intento sonar ligero, pero no lo consigo. De hecho, mi voz sale varias notas más ronca de lo que es. —Jackson… —Maca… —Si necesitas hablar… —Lo sé, pero no necesito hablar, no de eso. Ella suspira dándose por vencida, sabiendo que no saca nada con seguir preguntándome porque no conseguirá nada, no por nada soy yo el abogado. Ella sabe cosas de mí solo cuando yo quiero contarle, solo cuando me siento tan encerrado que necesito hablar, pero si no es así entonces nunca se enteraría de nada de lo que pasa en mi vida. Soy un hombre grande, puedo lidiar con mis mierdas solo. —Jimena llamó, otra vez. Suspiro con pesar. —Joder con esa mujer, no me deja en paz. Camino de vuelta a mi asiento ya que Maca no quiso aceptar un trago, si bien son las diez de la mañana, nunca es demasiado temprano para envenenarse el hígado. Sobre todo, con el nuevo caso que nos ha llegado a la firma. Es impresionantemente macabro, y eso que he visto casos macabros; el hecho de que haya llegado aquí es porque la fiscalía tiene un programa de abogados pro-bono para darle mejores defensas a los imputados, y nos pagan por ello. Entonces nos ha llegado este caso porque ninguno de los defensores quiso tomarlo, lo que me parece totalmente estúpido y deberían ser despedidos todos. Cuando eres abogado estudias para darle defensa al imputado, sobre todo cuando ellos trabajan en el sistema público. Siempre debes dejar tus principios de lado cuando se trata de una defensa a otra persona y siempre debes hacerlo como te gustaría que a ti te defendieran. Aunque sea malo. —Dice que la llames que es urgente —dice. Ruedo los ojos. Y una mierda que es urgente, es que ella no puede aceptar que yo ya no quiera estar más con ella. Si apenas estuvimos juntos unos cuantos meses, pero parece que estaba completamente enamorada de mí, o quizás de mi billetera. —No tenemos nada que hablar. No está embarazada porque siempre usé condón y nunca me fui dentro de ella, ni siquiera con el condón puesto. —¡Iug! Demasiada información —se queja Maca, haciendo una mueca de asco. —Perdóname hermanita, seguro tú eres virgen —digo rodando los ojos. Maca era mi hermana menor por dos años, yo tenía treinta y uno y ella veintinueve. Maca había caído en las drogas cuando era adolescente, no teníamos buenos padres y yo me descuide de ella. Le di una libertad que a su edad no debería haber tenido, o al menos de forma restringida. Yo me estaba enfocando en mis estudios para obtener una beca casi completa y poder ir a la universidad y no pensé en lo mucho que ella me estaba necesitando. Es algo que nunca me voy a perdonar, pero intento darle lo mejor ahora asegurándome de que eso nunca vuelva a suceder. Así que yo entré a la universidad y la interné en un centro de rehabilitación de drogas, y cuando por fin pude mantenernos a ambos la lleve a vivir conmigo y le di este trabajo porque ella no quería vivir sin hacer nada y yo quería tenerla cerca. —No, pero no quiero saber lo que tú haces. Me rio por su expresión y al ver como el color en su rostro se ha mantenido por años… —¿Por qué me miras así? ¿Qué tengo? —Te ves hermosa. —Por dios, Jackson, ¿cuándo dejarás de culparte por ello cuando sabes que no fue tu culpa? Maca se para y camina hacia mí sentándose en el escritorio y agarrando mi mano. —Lo sé… —No lo sabes. Eso nunca fue tu culpa, ahora dónde y cómo estoy, es gracias a ti y a tu esfuerzo. —Esta bien —digo, me enderezo y dejo el vaso en la mesa—. Vamos a empezar a trabajar porque el caso esta bastante difícil y quiero comenzar a solicitar las pruebas necesarias. Ella asiente y se levanta para caminar hacia la pequeña mesa en el centro de la habitación en donde el fiscal dejó la carpeta cuando llegó de malas ganas y la tiró en la mesa. Sé que a él no le gusta que yo sea el defensor, siempre lo acorralo y muchas veces salgo victorioso. —Quisiera haber visto la cara de Dominic —dice ella riendo. Asiento abriendo la carpeta que ella me pasa. Maca se sienta con la otra para comenzar a revisarla. —Estaba feliz de que me tocara ser defensor. —Mierda, Jack —dice mi hermana cuando lee las primeras hojas—. Esto es realmente perturbador. —Ya ves porque vinieron aquí. Al estar contratado por el estado, no puedo negarme a aceptar casos así, solo los que llegan de forma privada a mí, esos los puedo elegir. Este caso en verdad era perturbador. Nos toca defender a un hombre que tenía a seis mujeres encerradas en un sótano insonoro, y que en las demás habitaciones de la casa había al menos veinte mujeres asesinadas. La carpeta debía tener mucho más de mil hojas con solo las investigaciones preliminares, agregándole los documentos de mujeres desaparecidas con la intención de dar con el paradero de ellas. No soy un robot, claro que siento rabia por estas mujeres, ganas de matar al hombre que hizo esto, pero debo dejar de lado todas aquellas emociones y convertirme en el hombre sin moral, como muchos me llaman. Pero detrás de ese hombre también hay familias que sufren y que estarán toda una vida con el estigma de lo que él hizo. Al menos ellos se merecen que yo me esfuerce y quizás encontrar otras cosas que lo puedan beneficiar. —Dile a los nuevos que nos juntaremos en la sala de conferencias en una hora, y que lleven todo eso leído. Maca se ríe. —¿Qué se lean las mil páginas? ––pregunta riendo. Yo asiento. —Son abogados, no es necesario que lean todo, si son buenos, sabrán donde encontrar lo que necesitamos. —Enseguida, jefe. Ruedo los ojos. —No me llames así. —Por supuesto, señor Lewis. Muevo la cabeza ante sus palabras. —Nos vemos después. Agarro mis cosas y salgo de la firma para terminar una mierda de situación que debería haber terminado hace mucho tiempo.
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