Ha transcurrido una semana desde que fui a la feria de Oremurt y que estuve en
casa de la familia Bell. Fueron unos días muy agradables junto con ellos,
compartimos algunas anécdotas de vida; llevaba tiempo sin ver a Luisa la madre
de Nicole, se veía tan radiante como siempre con su cabellera rubia y su figura
muy bien cuidada. Ella es dueña de una peluquería, durante algún tiempo trabajé
con ella y aprendí un poco de ese oficio, que a decir verdad no es fácil, es
bastante exigente, es un arte; cuando me vio por primera vez se le llenaron de
lágrimas los ojos, no espere que me extrañara tanto. Unas de las cosas que me
ofreció fue trabajar la temporada de navidad junto con ella para sacar un poco de
dinero, le dije que lo pensaría. Y en cuanto a Robert, el padre, para mi sorpresa
me dio un gran abrazo lleno de calidez, siempre lo he visto como un señor muy
reservado, ¿Quién lo diría? Si me aprecia.
Mi pensamiento me da risa.
La próxima semana mi madre debería estar de regreso, me ha dicho que haría todo lo posible por estar antes de mi cumpleaños, y le creo, así es ella. Es increíble lo rápido
que pasan los días, como si la Tierra rotara más y más rápido con el paso del
tiempo. Justo esa semana cumpliré veintiún años de edad, y nadie te dice como
pasara volando el tiempo cuando acabas de cumplir dieciocho, de pronto llegas a
esta edad, y es como que ¡Oye, no ha pasado nada en estos últimos tres años
cariño! O simplemente no nos damos cuenta y ya.
De esa manera transcurre nuestra vida, sin darnos cuenta de como crecemos. vivimos cada día sin darle importancia a los detalles que hacen que sea especial para nosotros.
Con el paso de los siguientes días comienzo a hundirme en mis pensamientos y
recurrentes pesadillas rondan mis sueños.
¿Qué hago aquí?
Estoy en el medio de una encrucijada, todos los caminos se ven infinitos, no hay
nada alrededor. Siento como la oscuridad comienza a descender sobre mí, no se
detiene. De repente estoy en otro lugar, rodeadas de personas, ninguna de ellas
la logro reconocer, ¿Quienes son? Todas hablan al mismo tiempo, se ríen, observan con detenimiento. De repente todos corren, se oye un grito.
Despierto sudada, ¿Qué ha sido todo eso? Mi corazón esta acelerado, me siento
desconcertada y lanzo miradas nerviosas a mí alrededor. Estoy en mi habitación,
solo es un mal sueño, froto mi frente en un gesto nervioso. Todo está bien.
No puedo dormir, con los ojos entrecerrados veo la hora en el teléfono celular,
son las dos de la madrugada, todo está en silencio y oscuro, el único sonido que
me acompaña es el del ventilador y la brisa nocturna en el exterior.
Me levanto de
la cama y enciendo la luz que me deja encandilada inmediatamente, en este
momento prefiero no volver a dormir.
¿Qué puedo hacer a esta hora?, ¿Escribirle a alguien?
No, nadie está despierto por lo general a esta hora. Tendría que escribir con
alguien al otro lado del mundo si quiero una respuesta.
Tomo mis lentes. Enciendo el teléfono y entro en el inicio de mi red social. No lo
había hecho desde que llegue, aún recuerdo la contraseña, por suerte no la he
olvidado. Comienzo a ver imágenes, fotos de personas, chistes, videos. Hay
muchos sobre gatos. Son graciosos y tiernos en su mayoría. Así paso alrededor
de una hora, sumergiéndome cada vez más en lo que voy viendo, de alguna
manera siento que estoy perdiendo el tiempo; pero es entretenido, no lo niego.
El susto de hace un rato me ha abandonado, ahora me encuentro atrapada ante
el brillo de la pantalla viendo sin cesar cualquier cantidad de cosas.
Despierto del otro lado de la cama, siento una molestia incomoda en la garanta.
He dormido con la boca abierta, la vista también me molesta después de haber
pasado tantas horas frente a la pantalla del teléfono. Mis pensamientos se
desvanecen cuando mis parpados se cierran lentamente, ¿En que estaba
pensando?
Pesadamente me levanto para otro nuevo día de rutina.
Hoy es miércoles, son las tres de la tarde aproximadamente. Mis pensamientos
viajan mientras leo un libro de amor juvenil. Un chico se enamora de una chica,
tienen problemas románticos, surge el amor, tienen sexo… y así va la historia,
¿Todos estos libros son iguales o qué?
Suena el teléfono, lo tengo justo al lado. El número no lo tengo registrado
— ¿Hola? Diga.
— Hola Diana — escucho la voz alegre de una mujer.
— ¿Quién es?
— No puedo creer que no me reconozcas.
Vale, no soy adivina amiga, y tampoco creas que te reconoceré tan fácil por tú
voz.
— Pues no, so sé quién eres.
— ¡Soy Paula Laya! — exclama con alegría.
¿Paula Laya, Paula Laya? Me suena, pero no recuerdo quien es.
— Esto…
— En serio no me recuerdas. — escucho su risa al otro lado del parlante.
— Soy la esposa de José López.
— ¡Ah! Ahora si recuerdo.
No me habría imaginado hablar con Paula, me da algo de vergüenza no haberla
recordado.
— Me entere que ya habías regresado. Fue bastante rápido amiga, te he
echado mucho de menos después de estos años.
— Si, llegue hace dos semanas, ¿Cómo han estado José y tú?
— Hemos estado súper bien. El ahorita está trabajando, cerca de Oremurt en
un puesto de comida rápida.
— Que genial, ya se para un día acercarme. Tienes que decirme donde
queda.
— Si, por supuesto.
— ¿Tú cómo has estado?
— También he estado trabajando, en una zapatería. Me va bastante bien. Por
suerte hoy tengo el día libre.
— Me alegra saber eso.
— ¿Estas ocupada? Seria genial vernos hoy, ¿Qué te parece?
Creo que por hoy mi día aburrido ha terminado. Esta salida me cae como anillo
al dedo.
— No, no estoy ocupada. Todos estos días los tengo libres — le contesto
emocionada — Seria genial que nos pudiéramos ver, ¿En dónde nos
encontramos?
— En la plaza de Oremurt.
— Genial. Allá nos vemos entonces.
Me encanta cuando de la nada salen planes interesantes para mi día.
Voy rápido al baño para ducharme. Cuando estoy lista proceso a buscar la ropa
que utilizare. Estoy emocionada por salir con alguien más que llevaba tiempo sin
ver. Estoy lista, llevo unos pantalones azules con una camisa blanca y unas
sandalias blancas, me veo bien.
Salgo como un rayo de la casa. No quiero que se haga más tarde.