Cuando llego a la plaza veo que hay varias personas por allí caminando o
sentadas teniendo una conversación. Es un alivio que si haya gente. Son las
cuatro de la tarde, he venido lo más rápido que puede y conté con suerte cuando
al momento de salir paso un autobús.
Ahora busco a Paula con la vista, no logro verla en ninguna parte. Decido
sentarme en unas de las bancas que quedan con vista a la plaza aérea.
No me hare más alta parada.
Suena el teléfono, ¡Es Paula!
— Amiga, ¿Dónde estás? — le pregunto mientras veo a los lados.
— Disculpa, ya estoy cerca. Me he distraído en el camino.
— Tranquila, yo también acabo de llegar.
— Que alivio — suspira — ¿En qué parte de la plaza estás?
— Justo en las bancas frente a la plaza aérea.
— Voy para allá, no te muevas.
Pasan unos tres minutos y comienzo a ver una figura delgada que vienen
apresurada a la distancia.
Esa tiene que ser Paula.
Cuando esta mas cerca no hay dudas, es ella. Lleva unos jeans azul claro, una
camisa a cuadros de color morado, unos zapatos deportivos rosa y un bolso rosa
que la hace parecer que carga una casa dentro de él. Se ve graciosa. Su cabello
esta largo como siempre, ahora se lo ha pintado de rubio, le queda bastante bien,
con su paso apresurado veo como se le menea con cada paso.
Estando cerca me levanto y la recibo con un gran abrazo.
— ¡Amiga! Cuanto tiempo sin verte.
— Si — le sonrió.
— Estas espectacular — me aparta de ella para darme una buena mirada —
Tu cabello ha crecido bastante, estas completamente hermosa.
— Tú también luces espectacular, te vez super joven.
Y tu cabello. Uau, me encanta.
— Eso es porque soy joven — frunce el ceño en señal de desacuerdo por mis
palabras. — Casi tan joven como tu Diana, no seas mala.
Me rio de ella. Las expresiones de su cara siempre me han parecido muy
llamativas. La invito para que también se siente.
— ¿Cómo esta José?
— Esta, muy bien cómo te dije por la llamada. Ha estado trabajando muy duro para sostenemos a los dos.
— ¿Cómo le va con ese negocio?
— Bueno, no es algo propio, pero le va bastante bien — sonríe un poco y se
encoge de hombros — Es el negocio de un conocido y le han ofrecido
empleo allí, se ha destacado bastante preparando hamburguesas y perros
calientes y también comidas locas que inventa. Con eso nos hemos estado
manteniendo principalmente. También hace uno que otro trabajo extra para tener más ingresos.
Oh.
— Vaya, de verdad que debo probar esas comidas. No me habría imaginado
que la cocina sería una de sus paciones.
— ¿Verdad qué no? A mí también me ha impactado —ríe.
— ¿A ti como te va con tu empleo?
— Me va bastante bien, posiblemente sea solo por esta temporada. Quiero
sacar dinero para nuestras cosas de navidad. Ya sabes comida, adornos,
ropa nueva. Ese tipo de cosas.
— Por supuesto, ¿Quién no querría esas cosas? — le hago un gesto con las
manos abiertas al lado de mi cabeza — Hasta yo quiero.
— ¿Tú que has estado haciendo desde que llegaste Diana? — me pregunta
pensativa.
— No he estado haciendo muchas cosas, básicamente estoy en casa todos
los días, leyendo, ordenando y algunos que otros que oficios del hogar.
Solo he salido el día de la feria de Oremurt. Bueno, solo el veintisiete y me
quede con la familia Bell unos dos días.
— Que bueno, yo no pude asistir por el trabajo y mi esposo llegaría tarde del
trabajo, así que no me anime para ir.
— Por cierto, ¿Cómo les va en el matrimonio?
— Eh, bueno…
Allí se llenó la atmosfera de un silencio que no veía venir, y un cambio en su rostro de ángel.
Conocía a Paula de hace unos tres años atrás, en mis tiempos en el Centro de
Formación de Oremurt. Anteriormente vivía en la ciudad de Todragi, hasta que se
mudó junto con su familia a una urbanización cercana a Oremurt, llamada Valle
Fresco, una zona bonita de la ciudad. Al principio, cuando comenzó sus estudios,
se mostraba tímida con los demás porque hasta ese momento no conocía a nadie.
No recuerdo bien como ocurrió, de repente un día comenzamos a hablar y
compartir cada vez que nos veíamos, y de esa manera creció nuestra a amistad.
Antes de irme recuerdo que había comenzado a salir con un joven que había
conocido en otra ciudad, Jake. Un chico dulce y sencillo. Ella se había enamorado
completamente de él. Cuando me fui no supe más de ellos.
Meses antes de terminar el contrato laboral con ZH Company me había llegado
un correo electrónico de un amigo informándome que José López se casaría. No
lo podía creer, tenía tiempo sin saber sobre él y aquella era una gran noticia; pero
mi amigo no escribió con quien se iba a casar. Recuerdo que toda esa semana
estuve pensando con quien se habría casado José y nadie me daba una
respuesta.
¿Cuál fue mi verdadera sorpresa?
Un día estando con una compañera de trabajo veníamos de un largo viaje desde
San Antonio hasta la ciudad de Mida, provincia de Randa. Le comencé a contar
que estaba ansiosa por saber quién se había casado con mi amigo y todo aquello.
Cuando llegamos bajamos justo al frente de la estación del metro, mucha gente
salía de la estación, y justo ahí lo vi, ¡Era José! Mia ojos se abrieron mucho y me
llene de alegría al saludarlo, y comencé a comentarle sobre su matrimonio cuando
de la nada veo una mano frente a mi cara.
— Mira Diana, nos casamos — veía un reluciente anillo frente a mis ojos.
Estaba desconcertada por completo, ¿Conocía a esa chica?
— ¿No te acuerdas de mí? — su cara era de sorpresa.
Lo admito, en ese momento no la reconocí. Lucia más delgada y para más
llevaba el cabello teñido de rojo cereza, no era fácil recordar quien era.
— Soy Paula.
Lo pensé un momento.
— AH, PAULA — Fue lo que salió a alta voz de mi boca.
Comencé a recordarla.
— No puede ser, no te acuerdas de mí, y eso que serias tú la que me ayudaría
a arreglarme para mi boda.
Si, definitivamente era ella. Me reí por no haberla reconocido en ese momento;
pero es que jamás me hubiera imaginado que dos amigos míos que no tenían
nada en común terminaran casados.
— Te pasaste — le dije a José
Me dio una sonrisa y dijo.
— La vi y supe que era para mí.