Son las dos de la tarde, estoy en la ciudad de Oremurt, el calor es insoportable y
el sudor me corre por la espalda mientras camino por la calle. Que sensación tan desagradable. He pasado el rato visitando tiendas de ropa y zapatos, también
conseguí una venta de garaje; pero no tenían nada interesante. Por lo general me
gustan esas tiendas porque venden de todo, hasta lo inesperado, y hoy pareciera
que no tienen nada. Intente varias veces comunicarme con alguno de mis amigos
y nada, no logre comunicarme con ninguno de ellos.
Tengo hambre, hace rato se ha pasado la hora del almuerzo. Debería buscar
algo sencillo para comer.
Los cafetines no tienen muchas cosas, la mayoría parecen desayunos
disfrazados de almuerzo. Aunque a esta hora también se han acabado la mayoría
de los almuerzos en muchos puesto de comida, y no tengo suficiente dinero para ir
a un restaurante. Me decido por comer algo que cualquiera compraría.
¡Una Hamburguesa!
Conseguí un establecimiento que se ve nuevo y de muy buen aspecto. Por fuera
tiene una decoración tipo rustica de madera, los asientos son del mismo material y
color, un ámbar oscuro y unas mesas cuadradas negras. Dentro está bien
iluminado y suena una suave canción al fondo dándole un ambiente relajante y
profesional, hay pocas personas y varios empleados con un uniforme n***o que
incluye un pequeño delantal, una mascarilla que cubre la boca y la nariz, y un gorro
a juego con todo el conjunto. Me siento en una de las mesas que queda al fondo y
casi inmediatamente llega un joven con una carta en mano.
— Bienvenida a Cero, cuatro, cuatro café — me dice con una voz alegre y
sonora mientras entrega la carta en mi mano.
— Muchas gracias
— En cuanto sepa que quiere llevar no dude en llamarme.
— Perfecto. Voy a revisar que tienen entonces.
Se retira de la mesa alzando ambos pulgares con animo.
Me parece ligeramente conocido. Con ese gorro no logro detallarlo bien, y
menos con la mascarilla en su rostro.
Veo que se retira rápidamente para atender a otras personas que han llegado y
dejo de observarlo. Me vuelvo para leer la carta.
¡Demonios!
Casi se me salen los ojos cuando leo los precios. Todo es horriblemente costoso
en este establecimiento. Una porción de torta, quince mil Kals, un refresco que en
cualquier pare costaría mil quinientos, acá cuesta tres mil quinientos, las hamburguesas, veinticinco mil Kals, ¿Qué venden aquí pues?, ¿Oro en la comida?
Es demasiado dinero por comida tan sencilla, prácticamente lo único que se puede
comprar en este lugar es agua o un café, y ni siquiera tomo café.
No pienso dejar mi dinero aquí.
Con pena me levanto de la mesa y dejo la carta con los precios sobre esta.
Siento que todas las personas presentes me observan. Al parecer este lugar se ha
convertido en un café exclusivo para gente con mucho dinero, y yo buscando algo
que pudiera costearme. Que desilusión.
— ¿Ya se va? — escucho una voz masculina a mi lado.
— Si — respondo sin voltear.
Podrían hasta cobrarme por respirar su refinado aire.
— Diana, espera.
¿Qué? Frunzo el ceño.
Estoy sorprendida por escuchar mi nombre. Volteo y el chico que me había
atendido baja la mascarilla que lleva dejando ver su hermosa sonrisa. Es Ram
Mare. No puedo creer que sea el, tampoco sabía que trabajaba aquí.
Lo observo con la boca abierta. Vaya sorpresa.
— Veo que te he sorprendido. Siempre causo ese efecto en las personas —
dice arrogante con una media sonrisa en los labios.
— Que ridículo. Claro que me has sorprendido. — reacciono ante sus palabras
fanfarronas — No sabía que trabajaras.
— ¿Y cómo crees que me gano la vida? — levanta una ceja divertido por mi
reacción.
— No sé, en otras cosas — admito con vergüenza.
— Ven, te acompaño hasta la salida.
— Vale.
Abre la puerta para que pase y luego el sale detrás de mi. Estamos justo al
frente y el me observa con detalle. Al parecer esa es una de las cosas que le
gusta hacer. Me siento incomoda bajo su mirada.
— ¿Qué tanto me ves? — le digo seria.
— Disculpa, disculpa — pronuncia moviendo las manos al frente de el —
Estaba viendo el vestido que llevas, es muy bonito.
Este chico es algo extraño, es muy agradable y cortes; pero extraño.
— Mmm. Gracias.
— ¿Por qué te vas?
— ¿Qué por qué me voy? Tu trabajas aquí, ¿has visto esos precios tan
espantosos? Con ese dinero podría comprarme otras cosas y hasta me
quedaría para algo extra.
Suelta una risa y vuelve a verme.
— Este es uno de los lugares más caros de Oremurt Diana, ¿Qué esperabas?
— Pero si es un establecimiento súper sencillo, ¿Cómo puede ser todo tan
costoso?
— Eso no tiene absolutamente nada que ver, además siempre va a haber
personas dispuestas a pagar ese dinero. Si no créeme que no entraría
nadie a comer aquí.
Es cierto, siempre hay personas dispuetas a pagar por lo que es caro y supuestamente
único. Aun así creo que es demasiado costoso.
Me encojo de hombros y asiento.
— ¿Y qué te trae por aquí? Me he alegrado al verte, no me esperaba verte
por aquí — sus ojos se ven brillantes y cálidos al hablarme.
— He venido de paseo, hoy es mi cumpleaños y quería salir de casa.
— ¿Hoy es tu cumpleaños?, ¿Por qué no me lo dijiste antes?
— Lo iba a hacer anoche y me quede dormida, hoy cuando estaba por salir
también te llame a ti, y a Nicole; pero ninguno contesto. Termine dando
vueltas por aquí para no aburrirme, quería almorzar algo y resulta que
termine llegando al establecimiento más costoso de Oremurt.
— Oh, que explicación tan corta. Lamento no haberte contestado no he visto el
celular en todo el día, por el trabajo.
Me siento culpable, él tiene razón en preguntar porqué no le dije antes.
Posiblemente Nicole también lo este.
— Tranquilo, no es tu culpa Ram. — me sonrojo de vergüenza.
— Bueno, eso se puede arreglar.
— ¿Si?
— Claro, que sí. Dentro de dos horas terminare mi turno, ¿Qué te parece si
me esperas y paseamos por allí?
— Eso sería genial.
Ya no estaré sola sin hacer nada. Quiero brincar de la emoción.
— Vale. Entonces nos vemos más tarde. — me guiña un ojo de manera
encantadora — Espérame un momento, ya vengo.
Entra de nuevo den el local y yo me quedo afuera esperándolo. Espero que no
vaya a adelantar la hora para salir, aunque admito que eso me encantaría para no
estar todo ese rato esperando. Por favor Diana, no seas egoísta, está en sus
horas de trabajo y ahora lo interrumpes.
Veo que viene de regreso y trae algo en las manos. Cuando sale me da una
sonrisa y me da un paquete.
— ¡Felíz cumpleaños! No es mucho, pero espero que te guste.
— Abro el paquete y adentro hay un pastel de hojaldre.
— Espero que te guste, es de pollo.
— Muchas gracias Ram — me lanzo hacia él y le doy un abrazo en
agradecimiento.
Me ha salvado de seguir buscando donde comer. Se ve delicioso.
— Te llamo cuando salga.
— Está bien. Nos vemos luego.
Son las cuatro en punto de la tarde, la intensidad del sol ha bajado
considerablemente y ahora corre una brisa fresca entre los arboles de la plaza.
Llevo rato sentada después de haber recorrido casi toda la ciudad, hay muchos
lugares en los que había tiendas que ya no existen y también vi que pronto abrirán
unas nuevas en lugares que parecían abandonados. Estoy un poco cansada por el
día. Reviso el teléfono y veo que tengo algunos mensajes de felicitaciones de
algunos familiares, ninguno de mis amigos se ha acordado.
Pensarlo me da tristeza. No importa, niego con la cabeza.
Aun no sé nada de Ram, tal vez esté a punto de salir del trabajo. Lo sé por el
tiempo que me dijo que lo esperara.
No pasa ni un minuto cunado suena mi celular.
— Diana ya salí, ¿ En dónde estás ahora?
— Hola Ram, estoy en la plaza. Cerca de la estatua del centro.
— Bien, voy para allá.
— Nos vemos.
Estoy felíz al saber que ya viene Ram. No tengo la mínima idea de que haremos,
pues ya se está haciendo tarde para ir a casa. Intento sacudir ese pensamiento de
mi cabeza. Concéntrate Diana y disfruta de este día, solo se cumplen veintiún
años una sola vez en tu vida.
Espero un rato y veo a Ram que viene en camino por el medio de la plaza. Se ve
cansado después de trabajar. Le hago señas para que vea en donde estoy y
cuando me ve también me saluda y comienza a caminar hacia donde me
encuentro sentada. Viéndolo bien me doy cuenta de algo, al caminar tiene un paso
divertido que hace parecer que va modelando sacando las nalgas a ambos lados
en un bamboleo.
Me rio al verlo de una manera graciosa.
— ¿De qué te ríes? — me pregunta cuando llega.
— De nada, lo prometo — pero mi sonrisa me delata.
— Por favor dime.
— Es que caminas muy gracioso — suelto la risa y no puedo parar.
Me levanto del asiento y lo comienzo a imitar. Ram se me queda observando
con cara de asombro y cruza los brazos.
— ¿Te estas burlando de cómo camino?
— Es que no puedo evitarlo, caminas más sensual que yo y todo.
— El que lo tiene, o tiene cariño. — lo dice con una voz falsa de mujer.
Me rio aún más con esa imitación al punto que se me salen las lágrimas. Él
continúa haciendo poses graciosas y creo que podría reírme de esto por siempre.
— Ya para por favor, ya no aguanto.
— Te vas a orinar de la risa.
— No por favor — aun me rio.
Me siento en la banca con el estómago adolorido de tanto reírme, Ram se
sienta a mi lado y me ve con ojos cálidos.
Que chico tan divertido.
Cuando paramos de bromear por completo por fin hablamos.
— ¿Cuántos años estas cumpliendo Diana?
— Veintiuno — digo suspirando del alivio por liberarme de la risa.
— Vaya, pensé que eras más joven.
— ¿Me estás diciendo vieja? — lo miro con el ceño fruncido y saco el labio
inferior como un bebé.
— No, ¡Dios!, ¿Por qué las mujeres siempre piensan que les decimos viejas
por la edad? Solamente pensaba que eras menor.
— Entonces, ¿Parezco una niña?
— ¡No! — se pone las manos en la cara con fingida resignación — ¿Quién las
entiende? — niega con la cabeza y una sonrisa mientras mira al cielo.
— ¿Tú cuántos años tienes Ram?
— ¿Cuántos crees que tengo?
Se ve bastante joven, debe tener casi mi misma edad, puede que me lleve un
año como mucho.
— Veintidós, creo.
Una sonrisa se dibuja en su rostro.
— Tengo veinticuatro años.
— Oh, pero te vez súper joven. Fácil podrías decir que tienes dieciocho años.
— Lo sé — coloca su voz arrogante — Soy una pequeña fuente de la eterna
juventud.
Coloco los ojos en blanco ante su respuesta. Aun así me parece divertido.
— Ay, por favor. Que exagerado eres.
Durante un rato hablamos en la plaza y luego fuimos a caminar viendo el
paisaje. Todavía no me he comprado nada con el dinero que me dio mi madre,
quería comprar algo que pudiera compartir. Veo la hora, son casi las cinco y
media, no quiero que me agarre la noche y sea más complicado ir a casa.
— ¿Todo bien? — me pregunta Ram.
— Si, estaba pensando en que aún no me he comprado nada por mi
cumpleaños.
— Deberías aprovechar antes de que sea más tarde.
Ya las tiendas están cerrando.
— Tienes razón; pero no sé qué comprarme. Quiero algo que pueda compartir
con mi mamá . Como un helado de esos que vienen en potes grandes.
— Yo sé donde los venden. Sígueme.
Caminamos hacia la parada de los autobuses, veía como los comerciantes
comenzaban a cerrar los establecimientos. Tenemos que apurarnos.
— Es aquí.
Estamos en la entrada de un gran supermercado. Entramos y esta
prácticamente vacío. Busco por todos lados las neveras junto con Ram. No veo
nada.
Suena un anuncio
¡ESTAMOS A PUNTO DE CERRAR, POR FAVOR DIRIGIRSE A LAS CAJAS SI
DESEA CANCELAR ALGUN PRODUCTO!
¡Rayos! Debemos apurarnos.
Doblamos por uno de los pasillos y ahí están, las neveras. Reviso con cuidado,
consigo un helado de mantecado. Es perfecto.
— Este es.
Lo tomo y corremos a las cajas para pagarlo.
Increíblemente es mucho más económico de lo que pensaba, y por supuesto
mucho más económico que una comida de las que venden en Cero, cuatro, cuatro
café. Me voy feliz con mi compra y salimos triunfantes del supermercado. Ahora
nos dirigimos hacia la parada para ir a nuestras casas.
— Gracias por acompañarme Ram.
— No ha sido nada, espero que hayas
pasado bien tu cumpleaños.
— Lo he pasado genial.
Hay un autobús casi lleno, debo subir si quiero llegar a mi casa.
Le doy un beso en la mejilla y subo.
Veo como un suave tono rosa se asoma en sus mejillas.
— Adiós — le digo por una ventana.
— Nos estamos viendo. Por favor avísame cuando llegues.
— Tranquilo. Cuídate en el camino.
Encienden el motor y nos despedimos.
Voy a casa con el corazón contento, no he salido en vano después de todo. recuesto la cabeza en el asiento y cierto los ojos.
Esta oscuro. Aún sigo en el autobús, veo la hora, un cuarto pora las siete.
Llego cansada a mi casa y mi madre me recibe con un abrazo. La muestro el helado que he comprado y sonríe de felicidad. Me baño y luego que me he preparado, juntas comemos el helado.
Recuerdo que debobescribirle a Ram.
He llegado bien. Gracias por lo de hoy.
Diana.
Pasa un minuto y llega su respuesta.
Me alegra. Yo también lo he pasado bien. Felíz noche Diana.
Ram.