Me despierto gracias al timbre de la alarma del teléfono. Son las cinco de la
mañana y solo he dormido unas cuantas horas por haberme quedado hablando
por mensajes de texto, ¡Genial Diana! Siento como los parpados me pesan del
sueño en cada intento de abrir más los ojos. Con esfuerzo me siento al borde de la
cama donde dudo entre pararme o volver a acostarme; pero esa decisión fue ya
fue tomada ayer. Enciendo la luz del cuarto e inmediatamente me dirijo al baño
para comenzar el día.
Tengo que apurarme. Hemos quedado con encontrarnos a las seis y media en la
plaza, y de los que van, yo soy la que vive más lejos. No puedo evitar mirarme con
cara de reproche ante el espejo, ¿Cómo pudiste acostarte tan tarde? Entro a la
ducha y me doy un baño rápido, el agua esta helada. Salgo busco una ropa
deportiva ideal para subir la montaña y corro para buscar el resto de las cosas que
necesito. Llevo un pantalón deportivo azul marino y una camisa color lila que por
alguna razón tiene un bolsillo que cae justo sobre el trasero. No es un adorno muy
cómodo, por ultimo unos zapatos deportivos negros que tienen años conmigo y
me encantan para salir a caminar por lugares rústicos.
Antes de salir verifico que llevo todo en el bolso, tengo agua, algo de comida, dos
cambures y una camisa para cambiarme, también llevo protector solar y
desodorante porque sé que suelo sudar mucho. Tal vez más de lo necesario.
— Bueno, tengo todo listo para salir.
Verifico la hora, cinco y cuarenta y cinco minutos. Es una buena hora para salir.
Cuando salgo, afuera todo esta oscuro y el frio lo siento hasta en los huesos. Me
meto las manos en los bolsillos del pantalón deportivo que llevo y me encamino a
la parada para esperar el autobús. Mi teléfono vibra por la entrada de un mensaje.
Buenos días señorita, ¿Cómo amaneces después del desvelo?
Ram Mare.
Muy bien, con sueño como sabía que iba a ocurrir, ¿Tu como estas?, ¿Ya estás
listo para salir?
Diana.
Estoy bien, fresco como un dulce de pastelería (sarcasmo). Justo en este
momento estoy por salir de mi casa.
Ram Mare.
Entiendo muy bien la referencia de los dulces de pastelería, comerse uno fresco,
elaborado el mismo día, debería ser considerado toda una hazaña digna de
admirar.
Muy gracioso dulce de pastelería, yo ya estoy esperando autobús para bajar
hasta Oremurt. Espero que no tarde, ¿Llevas todo?
Diana.
Oh, que halagadora. Nunca pensé que me dirían así en la vida jajajaja ¿Qué
clase de dulce soy?
Ram Mare.
Tal vez no debí haberle dicho eso. Niego con la cabeza, ya es tarde.
¿Qué?, ¿Qué, qué tipo de dulce es? Que pregunta tan poco esperada, me acaba
de agarrar fuera de base. Salgo de mis pensamientos y de la pantalla del teléfono.
Viene un autobús. Internamente salto de alegría, no he tenido que esperar mucho
tiempo. Que alivio. Subo, pago mi pasaje y vuelvo a revisar el teléfono estando
sentada.
Y si, llevo todas mis cosas.
Ram Mare.
Creo que si fuera un dulce de pastelería, probablemente el sería una trufa, esa
mezcla extraña de casi todos los dulces que sabe bien pese a que no tienes idea
de que estas comiendo. Allí me paierdo nuevamente en mis pensamientos, ahoraimaginando dulces, específicamente que dulce seria el, y si tuviera que escoger,
¿Qué dulce seria yo?
Que ridiculez… el seria esa trufa y yo probablemente un pedazo de torta fría. Sí,
eso seriamos. Aunque puede que yo fuera una comida salada y no un dulce.
Le respondo después de mi larga meditación que no llevo a nada importante.
Creo que si fueras un dulce de pastelería, serias una trufa.
Diana.
¿Por qué una trufa?, ¿Me veo redondo? O mejor aún ¿me veo delicioso y
provocativo?
Ram Mare.
Para nada, que ridículo eres. Después te lo digo, créeme, lo indague mucho en
mis pensamientos. Ya voy bajando, nos vemos en un rato frente a la estatua.
Diana
Está bien; pero recuerda que me lo tienes que decir. Nos vemos en un rato.
Ram Mare.
Me bajo en la parada más próxima a la plaza, el viaje hasta acá ha sido rápido,
menos de treinta minutos ¡Guau! Me apresuro para llegar hasta la plaza lo más
rápido que mis cortas piernas me lo permiten.
Uno, dos, uno, dos, uno dos, uno, dos… cuento mis pasos al andar por la calle.
Ya estoy cerca, la vía es derecha, no debo cruzar en ninguna dirección. Oremurt
también tiene un clima frio hoy, prácticamente no hay personas a esta hora, se ve
una que otra persona caminando hacia algún destino, uno que otro vendedor de
café y periódico en la calle, personas sentadas en bancas y prácticamente todos
los negocios cerrados a excepción de las panaderías y loncherías para desayunar.
Sigo mi camino y llego a la plaza, al igual que todo, está prácticamente vacía. Me
aproximo a la estatua y veo que allí esta Ram, está solo, tal parece ser que nadie
más ha llegado al encuentro. Va vestido con un pantalón gris oscuro ancho, una
camisa negra con el dibujo de unos círculos en el centro de color blanco y unos
zapatos deportivos, que se nota que lo usa para este tipo de actividades. Tiene la
misma cara de cansancio que yo por el trasnocho, pero eso no le quita su aura
carismática.
— Hola — le digo jadeando exhausta por caminar rápido.
Debo mejorara mi condición física para aguantar estos trotes. Ya sueno como
una ancana sin remedio. Que horror.
— Ey, llegaste más rápido de lo que imagine. Pensé que el camino sería más
largo — me dedica su amplia y despreocupada sonrisa luminosa — ¿Estas
bien? Te ves agotada.
Tomo un respiro profundo y procedo a sacar en termo del agua que llevo
conmigo para beber.
Ah, está fresca y calma mi sed.
— Sí, estoy bien. solo algo cansadab, venia rápido pensando que ya habría
llegado alguien más; pero por lo que veo estamos tú y yo solos.
— Llegue no hace mucho y también me impresiono no ver a nadie aquí. Lo
bueno es que ya somos dos, solo nos queda esperar.
— Está bien, ¿Qué te parece si esperamos sentados es esa banca de allá —
digo señalando una banca cercana a la estatua desde la cual podemos
tener buena vista por si alguien llega.
Nos sentamos un momento en silencio; pero Ram no tardo en romperlo.
— Entonces… — hace una pausa — ¿me vas a decir porque soy una trufa?
Siento como el calor llega a mis mejillas. Hubiera preferido que no lo recordara, si
hubiera alguien más con nosotros, seguramente no me lo habría preguntado.
— No quiero decírtelo — es lo único que llego a pronunciar.
— Diana, por favor — me ruega con una voz suave para ver si cedo.
— ¿Para qué quieres saber? Creí que solo era una broma por teléfono y ya,
mas nada.
— Si es una broma; pero termino dándome curiosidad — se encoje de
hombros y me da una mirada de inocencia.
— Ya veo, igual no te voy a decir — le digo con tono firme.
— Que mala eres, ¿Quién sabe que pensaras de mí y me lo ocultas?
— Drama, drama, drama. Eso es todo lo que escucho — le digo con voz
burlona mientras muevo las manos como si hablaran.
Parecemos dos niños discutiendo por algo tonto, y lo mas increíble es que si lo
es. O sea, sobre que tipo de dulce de pastelería crees que soy, eso lo podrías
hacer por internet con uno de esos test extraños que hay por todas partes.
Antes de que pronuncie otra palabra veo que llega Nicole, Ferd, Hanny, Andrea y
José. Todos están con ropa deportiva y van cargados con cosas en sus bolsos.
Me levanto del asiento al ver que nos comienzan a buscar con la mirada, de doy la
vuelta y le saco la lengua a Ram en señal de victoria sobre él mientras me voy
pavoneando la medida que me alejo.
— No pienses que ganaste — me advierte.
— Ya he ganado querido, así que. Olvídalo— le digo despreocupada a la
distancia. Mientras él se levanta para seguirme y reunirnos con los demás.
Hoy Hanny se ve de mejor humor. Que alivio para todos y sobre todo para José,
mi nuevo conocido con cara de andar en la onda de las yerbas. Andrea luce como
casi siempre, puede ser porque no la conozco muy bien y no sé cómo se comporta
regularmente, Ferd esta apartado un poco, aislado del grupo como suele hacerlo
mientras revisa su teléfono de manera nerviosa y Nicole, está siendo Nicole comiendo una gran empanada frita con mucha salsa que no para de agregarle en
cada mordico que da. Cuando nos acercamos todos nos saludamos.
— Epa, ¿Ustedes ya estaban aquí? — pregunta José con una sonrisa de
complicidad.
— Tenemos rato esperándolos — le respondo con simpatía.
— Ah, bueno — da otra sonrisa y alza la cara en un gesto de relax.
— Hola Diana, hola Ram — me saluda Hanny con un beso en el cachete y
luego a Ram de la misma manera — ¿Cómo has estado nena? ¿Y tú Ram?
Me da risa cuando me dice así, siento que me está coqueteando más que otra
cosa.
— Estoy bien, con algo de frio — le contesto — ¿Tu cómo has estado?
— Yo también estoy bien. Gracias — le responde Ram con un tono distinto,
como irritado.
Se dio la vuelta y vi que se fue a hablar con Ferd.
— Yo he estado bien en estos días. Por fin vamos a hacer algo diferente —
me contesta Hanny con su tono particular de voz.
— Si, estuve esperando este día— le digo a Hanny.
Hoy todos se ven más felices, o al menos a mí me lo parece. Se ven diferentes a
la vez pasada. Claro, no están los de la otra vez; pero aun así, el ambiente esta
distinto.
— Diana — se me acerca Nicole con su desayuno a un a medio comer —
Disculpa el abandono, he estado ocupada con alunas cosas. Con temas de
estudio, por eso he estado tan ausente.
— Tranquila Ni — le doy un abrazo — Estoy consciente de que también tienes
tus cosas que hacer. Igual si hay algo en lo que te pueda ayudar no dudes
en decírmelo y allí estaré.
— Muchas gracias, amiga, ¿Quieres empanada?
— No me voy a negar si me la ofreces.
Conversamos durante un rato y algunos comieron un poco. Cuando vimos que
se hizo la hora ascender la montaña comenzamos el camino hasta el pie de esta.
Lamentablemente el reto de las personas que habíamos invitado no vino, le
pregunte a Ram si los había llamado y me dijo que sí; pero por distintas razones
no pudieron venir. Lo bueno es que tampoco se hizo la actividad en vano, ahí
estábamos en camino nuestro reducido grupo de 7 personas.
Después de unos minutos de camino, llegamos al pie de El Picacho. Una
montaña al este de la ciudad de Oremurt y el más alto de toda la zona. Se estima
que tiene una edad entre 50 y 45 millones de años. Simplemente sorprendente.
Comenzamos a subir por la vía que da hacia un gran tanque de agua, que queda
detrás de un centro de salud. Se puede decir El Picacho tiene dos partes, la
primera es la llamada La escalera, donde si, efectivamente hay una escalera como
de cuatro escalones que no cumple más que la función de asiento para los
cansados, es la parte más suave al ascender, y la segunda parte es desde La
escalera hasta la cima de La Bandera, es donde se vuelve más empinado.
Nuestro ascenso por el tanque es tranquilo, pronto lléganos a una parte plana
donde podemos descansar y recuperar algo de nuestro aliento
Uf. He comenzado a sudar y apenas este es el inicio. Tengo mucho tiempo sin
hacer esto.
La siguiente subida a la que nos dirigimos es un camino bastante empinado y
erosionado por el agua. Allí es donde comienzo a sentir el dolor en los musculos
de mis piernas, por las expresiones del rostro de los demás, me doy cuenta de
que no soy la única. Rápidamente llegamos a una parte donde el camino se a
emparejado y caminamos ala lado de un precipicio situado a la derecha. Solo verlo
me da vértigo. No nos detenemos y conseguimos otra subida, esta se ve peor que
la anterior. Respiro profundo y veo como los hombres del grupo se adelantan con grandes zancadas y agilidad, mientras las mujeres nos quedamos atrás soltando
la lengua del cansancio que apenas comienza. Llegamos a un árbol que me
sorprende todavía poder encontrarlo, llamado el árbol de los novios por los que
conocen bien el lugar; allí las parejas sueles escribir sus nombres o darse besos u
otras cosas que no vienen al caso.
Caminamos un rato y vamos por un trecho tranquilo, frente a nosotros nos
encontramos con una loma, la primera. Esta es rocosa y pareciera que las rocas
forman una escalinata lo que la hace fácil de subir. En ese punto el dolor de mis
piernas se ha reducido o puede que ya no las sienta. Cuando llegamos a la cima
de la loma comienza su bajada y luego otra subida, la segunda loma que es un
poco más corta que la anterior. Y así vamos hasta llegar a una tercera loma,
mucho más larga que las dos anteriores y solo con algunas rocas en algunas
partes del recorrido, en ese trayecto solo hay un pequeño espacio para descansar
y recuperar el aliento. Había olvidado el esfuerzo físico que supone esta caminata
tan placentera, veo a algunas personas que ya vienen bajando, por increíble que
parezca hay personas que comienzan a subir estando todavía el camino oscuro.
Una cosa de locos definitivamente, ¿Quién sube una montaña a oscuras?
Veo que Ram se acerca a mi lado.
— Hola, ¿Cómo vas?
Se ve fresco, como si todo este camino no le llevara ningún esfuerzo a su
cuerpo.
— Voy bien, había olvidado lo largo que se hace este camino cunado no se
está en forma.
Se ríe de mí.
— Bueno voy a continuar adelante con los chicos. Ya me asegure de que van
bien acá atrás. — se despide y veo como se va saltando entre el camino.
Solo me da tiempo de alzar los dos pulgares en alto. Bien, digo para mis
adentros, allá vamos.
Finalmente veo una subida no muy inclinada pero si larga que concluye en la
zona conocida como Las escaleras. Verlas desde abajo se ve como un premio
deseado. Tomo una inspiración honda y comienzo a caminar con determinación,
mis compañeras en el trayecto tampoco se han quedado atrás y continúan con
firmeza. Mientras tanto, en la distancia veo como los chicos ya han llegado al
descanso y se lanzan en los peldaños de las escaleras. Siempre que subo me pongo a pensar, ¿Qué tipo de persona trajo los materiales hasta acá para hacer
esto?, ¿Qué estaba pensando?
Llegamos exhaustas hasta la zona de descanso. Las piernas me tiemblan, tengo
que sentarme. Ahí todos tomamos un respiro y un momento para hidratarnos. La
vista desde ahí también es preciosa, se pueden ver todos los edificios y calles,
incluso se ven partes de las ciudades vecinas y adyacencias de Oremurt.
Extrañaba esta vista, por unos minutos ignoro todo a mí alrededor y solo me
centro en aquella vista mágica para mí. Cada detalle, la suave brisa, los árboles,
las aves al pasar, todo.
— Debemos continuar antes de que el sol nos queme — dice Ferd a todos.
— Vamos, ya nos vemos quemado. Mirenme nada más a mi — dice Andrea infundiendonos ánimo.
Parece un pequeño camarón de lonroja que está.
Todos asentimos, tomamos nuestras cosas y reanudamos el ascenso de El
Picacho con las energías que todavía nos quedan.
¡Allá vamos! Me ánimo a mi misma para continuar con la extenuante tarea.
Comenzamos el camino. Apartar de allí el todo se volvió más empinado y
dificultoso. Las piernas me temblaban más por el esfuerzo físico, pero cada paso
me acercaba a la cima. Recorrimos un camino cerca de otro precipicio, se había
convertido en una parte más rocosa y algo árida. Llevábamos aproximadamente
hora y media e camino, ahora todo lucíamos más cansados por el trayecto.
Treinta minutos después llegamos a la resta de la cima. Un camino poco
empinado y con algunos árboles alrededor todos caminábamos exhaustos con una
sonrisa en la cara. Andrea y Hanny llevan el rostro enrojecido por el sol, mientras
Nicole se hace una cola para que el cabello no se le empape con el sudor, por mi
parte yo llevo el cabello suelto, siento que me protege más así, aún que ya he
comenzado a sentir el ardor en el rostro, es intenso.
— Estoy demasiado cansada — dice Hanny sentándose en una piedra grande
del camino.
Cariño, todos estamos cansados. Detenernos aquí no hará la diferencia, eso sin
contar que tenemos que bajar de aquí antes del mediodía.
— Yo te llevo — José le da una sonrisa a su novia y la toma de las manos.
— Ah— suelta un chillodo ella con sorpresa.
La alza en su espalda y comienza a subir con ella a cuesta. Todos nos
quedamos asombrados y comenzamos a aplaudir dándole ánimos para que la
lleve hasta la cima de la montaña. Todos retómanos la vía hasta llegar a la parte
final, donde tenemos que subir unas grandes rocas. El primero en subir es Ferd,
luego le sigue Andrea y Nicole, Jose ayuda a Hanny, y a mi me toca subir junto
con Ram. El sube primero y luego me ayuda para que vaya subiendo, no es tan
fácil como yo lo veía.
Uf. Suelto el aire cuando por fin llego a la cima y siento como la brisa golpea mi
rostro con frescura ¡Ah!
En el suelo están acostados todos recuperándose con una sonrisa en la cara y rostros sonrojados por el sol de casi las diez de la mañana.
Todos nos acercamos a la bandera y gritamos.
— ¡LO LOGRAMOS!
Estallando luego en risas de cansancio y satisfacción por el logro.
Siento que nuetra voz es llevada por el viento con rapidez. Me siento realizada
por estar aquí arriba, en lo más alto. La vista es aún más hermosa que la de hace
un rato, ahora alcanzo a ver mucho más del paisaje de Oremurt . Es fantástico.
— Lo logramos Diana — dice Ram con la voz entrecortada — pensé que no aguantarías.
— No sabes de que estoy hecha.
— Bueno ahora si lo sé.
Si que aguantaste toda esa subida.
Esta despeinado y luce cansado. Se ve bien… ¿Qué estoy pensando?
Tomamos un rato para volver a comer e hidratarnos, como llevamos suficiente comida entre todos compartimos y pasamos un ratobagradabke ennla cima de El Picacho, la cima de Oremurt . Antes de irnos nos tomamos algunas
fotos, no podemos irnos sin evidencia de nuestro logro.
— Todos juntos muchachos, así podremos salir todos en la foto — dice Nicole enfocando la cámara para una tomafrontal. — sonrían. LISTO.
— Bueno ahora solo nos queda descender amigos, no se queden allí mirando se unos a otros. Vamos, vamos.
— dice Ram com una sonrisa irónica y divertida mientra mueve las manos en señal de que nos levantemos.
¡NO! Gritamos todos cansados.