POR EL AMOR QUE TE JURÉ

1194 Words
Un par de días habían pasado después de esa terrible noticia, ya muchas personas se encontraban en los campos alrededor de la casa real preparándose, aprendiendo a sostener una espada, a disparar con arco, otros tantos estaban con los herreros fabricando puntas de flecha y espadas, leñadores y carpinteros tallando arcos y flechas, todos buscaban de alguna manera agregar un granito de arena para tratar de sobrellevar esa situación, incluso mis primas estaban ayudando en lo que podían, Elena estaba encargada de llevar de un lado a otro documentos e informes que tenían que ser entregados al rey o a los encargados de cada actividad, una tarea que en un principio la hizo molestar mucho pues reclamaba que ella no era mensajera, sin embargo su madre esta vez la reprendió y le hizo entender la importancia que alguien de la casa real fuera quien estuviera a cargo de esta importante labor y de lo mucho q la necesitaba su padre en ese momento, después de esto supongo que lo comprendió porque dedico todo su esfuerzo en cumplir rápidamente con su labor.   Por otro lado, Mariel se encargaba de cuidar a su hermano que aún se encontraba convaleciente, los médicos decían que no sabían aun si podría recuperarse, ya que su cuerpo estaba demasiado débil por la gran cantidad de sangre que había perdido y por las múltiples heridas, así que los cuidados que requerían eran continuos y minuciosos, debía limpiar las heridas constantemente y aplicarle los extractos correctos para evitar que se infectaran, estar al pendiente de los pocos minutos en los que lograba recuperar un poco el conocimiento para darle los brebajes especiales que le habían preparado para mantener con la fuerza suficiente a su cuerpo para resistir mientras se recuperaba, era una labor que la mantenía a su lado cada minuto del día, pero estoy segura que lo hacía con total devoción por el amor a mi primo Ezra.   Mi tía y yo estábamos encargadas de supervisar todas las actividades, de ver que tuvieran los recursos necesarios para llevarlas a cabo, de solucionar cualquier problema que se suscitara, etc. Yo podía ver como todos daban su máximo esfuerzo y sin embargo sentía que avanzábamos tan lento que en cualquier momento llegarían a atacarnos y nosotros no estaríamos ni siquiera cerca de estar listos, ese era un miedo terrible que me acechaba a cada segundo, cada tanto miraba los horizontes de nuestro reino y claramente podía ver movimiento entre las ramas o al menos eso era lo que creía, ya que al ver con mayor atención o acercarme un poco más, podía darme cuenta que no había nada ni nadie ahí, mi mente preocupada y cansada no dejaba de engañarme con sonidos e imágenes inexistentes, y eso me tensaba aún más. Después del cuarto día de haber enviado las cartas a todos los alrededores, empezaron a llegar algunas respuestas, disculpándose por no poder ayudar, algunos decían que carecían de ejército o de armas suficientes para protegerse ellos y a nosotros, otros decían que tenían temor por su pueblo, que si nos ayudaban entonces ellos serían el siguiente blanco, muchos otros ni siquiera respondieron, se nos estaban terminando las opciones y la situación se volvía cada vez más desesperada.   De 22 cartas que se habían mandado, ya habían llegado 7 con respuestas negativas y disculpas, y solo una con el ofrecimiento de la única ayuda que podían darnos y era asilo para la familia real y para un máximo de 50 personas, Rothemberg era un pueblo muy pequeño de agricultores como nosotros, no muy lejos de aquí, sin embargo su territorio era muy limitado ya que vivían en una ladera rocosa cerca de un rio, su principal fuente de alimento eran los peces y las pocas legumbres y verduras que podían cosechar ahí, ya que sus tierras no habían sido bendecidas con la misma fertilidad que las nuestras, y sin embargo nos estaban ofreciendo lo poco que podían darnos, explicaba su carta que de ser posible nos recibían a todos, sin embargo se acercaba el invierno y hacer eso era condenar a su pueblo a morir de hambre, por esta razón podía limitarse solo a 50 personas más la familia real… ésta parecía ser la única opción que se nos estaba presentando, simplemente era inútil.   En Liam éramos alrededor de 350 personas, ¿Cómo decidir a quién salvar y a quien no?… era inconcebible, o al menos eso había pensado yo… sin embargo la reina hablo con su esposo y lo convenció de hacer un plan b, en caso de no encontrar más opciones y que el enfrentamiento fuera inevitable, se enviaran a todos los niños con los ancianos y algunas mujeres, incluyendo a sus hijas, para ser cuidados en ese lugar, de sobrevivir regresaríamos por ellos, de no ser así, ellos tendrían que ser la siguiente generación para volver a forjar de nuevo el reino de Liam en cuanto fuera posible. El rey Ezra miro a los ojos de su reina y tomo sus manos con suavidad… -       Esposa mía, es una buena idea, y nuestra única opción hasta el momento, esperemos que los dioses puedan escuchar nuestras plegarias y la ayuda venga en camino, sin embargo, debemos salvar a los que podamos, tu estarás a cargo, quiero que hagas todos los preparativos, lleven lo que puedan de comida sin que esto les impida el moverse rápidamente y elabora la lista de las personas que partirán contigo… -   -       ¡Por supuesto que No Ezra! – Exclamo la reina con una voz firme y severa – Yo de tu lado no me moveré, hare la lista y los preparativos como lo pides, instruiré a Mariel para que ella sea quien esté a cargo del grupo y todo lo que deberá hacer, ¡hare todo cuanto me solicite mi Rey, pero no te atrevas a pedirme que te abandone porque no lo hare! –   El rey la miro sorprendido, le soltó las manos y le dijo:    -       ¿Aunque eso sea desacato y desobediencia al rey y te cueste la vida? –   -       ¡Aunque mi castigo sea la muerte bajo tu espada, de que me sirve vivir lejos de ti sabiendo que no me quede a tu lado para cuidarte hasta el final!, cuando prometí a los dioses lealtad, cuidar de ti y amarte hasta el final de nuestros días, lo hice en serio, y aunque digas lo que digas así será, y si he de morir por la flecha enemiga, que sea a tu lado – En ese momento el rey la tomo en sus brazos y con lágrimas brotando de sus ojos le dio un profundo y apasionado beso. Ambos se quedaron abrazados por un largo rato, en silencio, tan solo compartiendo las lágrimas que no habían podido derramar en todos esos largos días de angustia y temor.   Y ahí me quede yo, en la esquina de esa habitación, tan solo de pie, mirándolos, sin poder parar de llorar, conmovida por ser testigo de tan grande amor, pero con el corazón roto sabiendo que un final trágico le esperaba a la vuelta de la esquina…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD