Mis lagrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, las rodillas me temblaban y la fuerza abandonaba mis piernas, este era el fin y no había nada más que pudiera hacer…” Eso es todo” pensé, “estamos perdidos” y mi cuerpo sucumbió ante la desesperación, me desplomé de rodillas al suelo, como si mi alma hubiese escapado de mi cuerpo… Y de pronto, en medio del estruendo de los gritos y el choque de las espadas, se escuchó un rugido tan fuerte como si un relámpago partiera el cielo en dos, de inmediato lleve las manos a mis oídos y levante la vista al cielo, y ahí estaba, tan majestuoso como terrible, surcando los cielos y exhalando fuego, sentí terror, pero a la vez alivio. Sali corriendo del campanario para pode verlo mejor, ver como su poderoso fuego derretía las armas y los rostros de los

