Como caminar entre sueños

3307 Words
Conforme las semanas transcurrían, parecía que todos en el restaurante se acostumbraban a mí, así como yo a ellos. Por lo tanto, resultó mucho más fácil trabajar en un lugar donde ya no me veían como una extraña recién llegada. Incluso llegué a formar sólidos lazos con Olivia y Alex, muy por encima de los demás meseros. Sin embargo, a pesar de haber pasado ocho semanas, Isabella seguía intimidándome; no parecía haber logrado adaptarse a mí. A pesar de que nuestro trato era siempre cordial y amable, me daba la impresión de que el hecho de que a mí me gustara Noa no le agradaba en absoluto. Era completamente extraño, ya que, a pesar de que ambos salían con personas ajenas, había algo que los volvía recelosos uno del otro. Cualquiera podía darse cuenta de eso, y a mí me causaba un vacío en el pecho. No solo tenía que enfrentar a Isabella para poder llegar a Noa, sino que él parecía estar distante. Tanto Olivia como Alex me habían repetido innumerables veces, después de mi llegada, que Noa no era de los que mantenían una relación, pero tampoco podía acercarme a coquetearle así de fácil, ya que, por lo que podía percibir, no parecía interesarle en absoluto. Sin embargo, curiosamente se divertía haciéndome sentir que tenía un interés por observar lo que yo hacía o dejaba de hacer, especialmente cuando el restaurante estaba lleno y Joyce me ordenaba que ayudara a los meseros. Esto confundía aún más mi mente, ya de por sí trastornada, porque sus ojos intensos me escrutaban como si me devoraran. Pero, al mismo tiempo, no daba ninguna señal de un interés más profundo cuando me acercaba. Oh, quizás todo estaba en mi mente, y el hecho de que me observara no era más que una simple mirada. Mi desesperación por mi atracción hacia él parecía superar cualquier racionalidad, pues era evidente que él no estaba interesado. Sin embargo, había logrado establecer entre nosotros una amistad bastante estrecha, lo que hacía que tuviera que tragarme la tristeza cada vez que lo veía salir con chicas a las que claramente sí les coqueteaba, o aquellas con las que simplemente se besaba en los antros a los que íbamos de vez en cuando. Olivia y Alex me lo habían advertido, pero mi corazón terco no podía evitar deprimirse al verlo acompañado de alguna chica atractiva. Mis amigos intentaban ayudarme distrayéndome, pero lo hecho estaba hecho, y no podía detener las emociones que, hasta ese momento, me aterraban. Mis reacciones no eran las esperadas. Si bien me dolía que Noa no estuviera interesado en mí, no lograba controlar el efecto que su presencia tenía sobre mi cuerpo cuando lo veía coquetear o besarse con alguien. En esos casos, debía retirarme para enfriar tanto mi mente como mi cuerpo, mientras me repetía una y otra vez que estaba soñando demasiado alto, que debía aterrizar y aceptar que Noa no compartía mis sentimientos. Así fue como, días antes de cumplir nueve semanas desde mi primer día, mis amigos se acercaron a mí con enormes sonrisas en los labios. La jornada de trabajo ya había terminado, y me vestía para regresar a mi departamento, donde llamaría a Latti. —Stella...— canturreó Alex, con las manos en la espalda y una sonrisa pícara en los labios. Ya estaba vestido y, a juzgar por cómo lo vi, parecía estar bien arreglado. —No, no. Quiero dormir un poco— le contesté, mientras me ponía el abrigo, ya que comenzaba a hacer frío. Él chasqueó los labios y se cruzó de brazos. —Oh, vamos, ven, el novio de Olivia tocará y ella te invitó desde hace una semana— hizo un puchero. Solté aire por la boca y lo miré fijamente. —Intentas hacer que me sienta mal, ¿verdad? —le pregunté. Alex parpadeó, asintiendo con la cabeza. —Sí—él se carcajeó, y yo puse los ojos en blanco. —Aggghh—. El chico se movió de su lugar y me tomó por los hombros. —Tranquila, acordamos que primero iremos a cenar algo. Si quieres, no vayas al bar, pero acompáñanos a cenar. —Estiró aún más su característica sonrisa felina—. Además, Noa irá. —Musitó. Apreté los ojos; no era la primera vez que me chantajeaba con eso. La mayoría de las veces lograba convencerme, pero aquella noche no estaba de ánimos, pues mis demonios internos se encontraban en esos días en los que eran increíblemente crueles. —Ya no puedes sobornarme con eso. —Negué con la cabeza. —¿Sobornarte con qué, Stella? —Interrumpió Noa al entrar a los vestidores con una serenidad en su rostro que me erizaba la piel. Isabella se desenrolló del brazo de él, soltando aire por la nariz. —No quiere acompañarnos. —Me acusó Alex, cruzado de brazos junto a mí. Sentí un pinchazo de traición y lo fulminé con la mirada. —Oh, vamos, Stella. Casi no sales con nosotros, deberías acompañarnos. —Sorpresivamente, fue Noa quien me insistió. Abrí los ojos al ver cómo sonreía mientras sacaba su ropa del casillero. —No la presionen si no quiere; no sean pesados. —Isabella me defendió mientras se soltaba el cabello. —Querida, tú también deberías venir. —Alex la interrumpió, mirándola con ojos de cachorro. Ella le regresó la mirada. —Tengo una cita. —Sonrió con coquetería—. No puedo faltar, es muy lindo. —Dijo, mirando de reojo a un Noa que se ponía la camiseta para salir. Apreté los labios. —¡Chica! —Interrumpió Olivia, mirando a Isabella—. Así se habla. —Ambas se carcajearon. Alex me empujó suavemente con uno de sus hombros. —¿Y? ¿Vas a venir? —me preguntó mientras me miraba. Le sonreí. —Está bien, pero solo los acompañaré a cenar —murmuré, lo que provocó que Alex aplaudiera emocionado, mientras Olivia se acercaba a mí para abrazarme. —Menos mal que quieres venir —dijo ella. Me crucé de brazos. —Es solo que no traje nada para salir —les contesté. Noa me miró y, tras un momento de silencio, continué—: ¿Qué les parece si los alcanzo allá? Tengo que ir a mi departamento a cambiarme. Olivia entrecerró los ojos, pero Noa interrumpió. —Te llevamos, así llegamos todos juntos —se ofreció—. Traje mi auto. Isabella lo miró fijamente, pero él no le prestó atención. Tanto Olivia como Alex estallaron en un grito de fascinación. —Pues no se diga más, vámonos —dijo Olivia, empujándome por la espalda y obligándome a salir. Antes de que lo hiciera, clavé la mirada en Noa, quien parecía estar disfrutando de la situación. Alex hizo lo mismo, pero sorprendió que Noa no se despidiera de Isabella. Ella se quedaría esperando a que terminara de vestirse. La emoción me consumió, no solo porque iba a subir al auto de Noa, que, por cierto, olía como él, sino por el repentino gesto de amabilidad del chico. Sabía que Noa no subía a nadie a su coche, a menos que fuera Isabella o algún interés amoroso. A pesar de que mis ánimos se apagaban a medida que pasaban los días, él parecía ser mi luz al final del túnel, la fuerza que me daba la esperanza de escapar de todo lo que me lastimaba, dejando atrás lo que debía permanecer en el pasado. —Tú das las indicaciones —me dijo Noa al subirse al auto, después de que me dejara pasar a su coche, que, aunque no era lujoso, mantenía en buen estado. Me senté en el asiento del copiloto, lo que me permitió mirarlo con libertad. La visión de él me causó un cosquilleo en el vientre, y con los labios temblando ligeramente, le indiqué dónde estaba mi departamento. En el camino, no hacía más que observarlo de reojo mientras la plática transcurría entre risas y bromas. No perdí detalle de cómo movía la palanca de velocidades y apoyaba la mano en el volante. Apretaba las piernas al verlo sentado en el coche, que parecía pequeño en comparación con la longitud de sus piernas y la anchura de sus hombros. Me mordí los labios contemplándolo, hasta que el repentino llamado de mi nombre me hizo parpadear de pronto. —¿Eh? —respondí, algo desubicada. —¡Stella!, ¿ese es tu edificio? —me preguntó Olivia, con la cabeza apoyada hacia adelante, junto a los asientos de adelante. Solté un suspiro. —Sí, si quieren, pueden esperarme. Prometo no tardarme. —Abrí la puerta, lista para bajarme. —Oh, no, querida —protestó Olivia—. No quiero esperarte aquí en el auto; además, quiero conocer tu departamento. —Dijo mientras salía conmigo del carro. Sonreí y observé cómo ambos chicos hacían lo mismo. Mis nervios se activaron al ver a Noa plantado junto a Alex, listo para seguirme a mi departamento. Siendo completamente sincera, la simple idea de que él entrara en mi casa me emocionaba, así que tuve que cubrir mi sonrisa apartando el rostro de las miradas curiosas de mis amigos. Entre risas, abrí la puerta, nerviosa por mostrarles mi departamento casi vacío; sin embargo, eso no pareció importarles. Hicieron una rápida inspección visual y luego se sentaron en el sofá de buena calidad que había logrado conseguir hacía poco. Comenzaron a platicar entre risas, lo que aproveché para meterme en mi cuarto y cambiarme lo más rápido que pude. A los pocos minutos, escuché pasos resonando por mi departamento. —¡Tengo un poco de jugo en el refrigerador! —grité desde mi habitación mientras peinaba mi cabello suelto. —¿Jugo? ¡Yo tomando jugo! —escuché protestar a Alex al abrir la puerta del refrigerador—. ¡Ah, sí! No tomas. —Dijo mientras sacaba una de las botellas de jugo. Sonreí, sabiendo que al final terminó bebiendo un jugo de naranja. —¡Ya estoy por terminar! —volví a gritar. —¡Tranquila, tómate tu tiempo! —me respondió Noa. Un cosquilleo subió por mi vientre, pues su voz estaba cerca de mi cuarto. Me estremecí al imaginar que entraba para comerme los labios a besos. La emoción de la fantasía se apoderó de mí, pero se esfumó cuando, al intentar subir la cremallera de mi blusa, no logré hacerlo con facilidad. Solté aire. —¡Olivia, podrías ayudarme! —le grité, y escuché cómo se levantó del sofá. Sin embargo, me sorprendió darme cuenta de que no fue Olivia quien se asomó por la puerta de mi cuarto, sino Noa. Quedé helada cuando lo vi mirarme con sus hermosos ojos. —Ella había entrado a mi baño justo en ese momento, pero, ¿quieres que te ayude con eso? — me preguntó, con las manos en los bolsillos. Mi corazón dio un brinco en mi pecho. ¡Por supuesto! Pero, intentando no parecer tan obvia en mi deseo de que me ayudara, simplemente me giré en silencio, invitándolo. Sin decir una palabra, lo escuché acercarse. Mi respiración se aceleró. Extrañamente, lo tenía más cerca de lo habitual. Mi piel se erizó cuando “accidentalmente” rozó la yema de sus dedos por mi hombro derecho, cortándome la respiración. Mi ansiedad activó cada parte de mi piel, que reaccionó ante el más mínimo roce de él, haciendo que mis demonios provocaran un incendio en mi interior, agudizando todos mis sentidos. El aroma de su perfume llenó mi olfato, nublando mi control. Apreté los puños repriméndome, porque aquel descontrol me había llevado a tomar las peores decisiones de mi vida. Sin embargo, no pude evitar derretirme cuando subió el cierre de mi blusa. Ese momento se sintió como si transcurriera en cámara lenta. Luego, nos quedamos así, unos cortos segundos, escuchando nuestras respiraciones entrecortadas y sintiendo el ambiente provocador que envolvía nuestro alrededor, hasta que la estridente voz de Alex interrumpió nuestro silencio. —¡Oh, pero mira nada más! —dijo Alex, levantando la voz desde el exterior de mi cuarto. Una punzada de miedo me invadió al imaginar que mi compañero descubriera secretos míos. Entonces, giré la cabeza y miré a Noa con los ojos abiertos de par en par, mientras él parpadeaba, mirando la puerta abierta. Sin decirle nada, salí de mi habitación, viendo cómo Alex sostenía entre sus manos el único retrato que adornaba un mueble en la entrada. El chico guió su mirada hacia mí mientras me acercaba. —Esa chica es verdaderamente sexy. ¿Quién es ella? —entornó los ojos mientras Olivia se acercaba para tomar el marco de las manos de Alex. Me relamí los labios. —¿Y por qué firmó como Foxy? —musitó Olivia, observando la firma en el costado inferior de la foto, donde yo la abrazaba en un gesto sonriente. Caminé, impulsada por una mezcla de emoción y nostalgia, y tomé el marco de sus manos. Al mirar la imagen, un torrente de recuerdos me golpeó; era un eco de tiempos que ya no regresarían. Una oleada de melancolía inundó mi corazón. En esa foto, me veía completamente radiante, sonriente por estar junto a esa chica a la que durante muchos años consideré mi mejor amiga. Sentí un cosquilleo en la nariz al leer la dedicatoria que ella había escrito en la parte posterior de la foto. “Por más años contigo” Atte: Foxy… — ¿Quién es ella? ¿Era parte del tiempo en que vivías en tu país? — preguntó Noa, mientras mis labios temblaban levemente. Un nudo se formó en mi garganta. — Ella es solo una vieja amiga, y sí, es de ese tiempo —respondí, caminando hacia el sillón donde había dejado mi bolso. Mis amigos se prepararon para seguirme afuera del departamento. — ¿Y exactamente de qué parte de Italia eres? — Noa se plantó a mi lado mientras salíamos, junto a los demás. Sonreí, era realmente agradable recordar mi lugar de nacimiento. — Soy de la Toscana, de un pueblito campirano que se llama Montefioralle — recordé los verdes prados y los cielos increíblemente azules. Me vi a mí misma de niña, corriendo por los viñedos, estirando las manos a los costados para alcanzar los racimos que llevaba a mis labios, hasta atiborrarme de grandes uvas. — ¡Wow! — exclamó Alex, con los brazos entrecruzados. — ¿Y qué demonios haces aquí? — preguntó Noa al mismo tiempo en que entrábamos al elevador del edificio. Fue en ese momento cuando sentí un mini infarto. Mi mente de pronto comenzó a trabajar a mil por hora, mi cuerpo se estremeció y mis ideas se atropellaban unas a otras. — Es verdad, ¿qué pasó? — parpadeó Olivia, interesada. — Bueno — sonreí con nerviosismo —me di cuenta de que ese no era mi lugar —respondí, cruzándome de brazos. La ansiedad picaba los dedos de mis manos, enviándome señales para morderme las uñas. Sin embargo, me contuve. Ellos se miraron entre sí, pero no dijeron nada más. Aunque lo disimulé lo mejor que pude, fue obvio que ese tema alteraba cada parte de mí. Agradecí que no continuaran con preguntas que, para ellos, podían resultar inocentes, pero que, para mí, eran como la misma muerte. Así que me dejé llevar por la noche. Instalé en mi mente un sentimiento agradable. Ya no permitiría que mis recuerdos se apoderaran de mí ni que tomaran control de mis emociones. Disfruté de la amena plática en el restaurante. Parecía que el asunto de las preguntas incómodas había quedado atrás; solo éramos nosotros cuatro y nada más. Además, Noa estaba allí, riendo y conviviendo con nosotros. Descubrí una nueva faceta en él que no conocía: podía ser bastante gracioso y agradable, a pesar de que, la mayor parte del tiempo, se mostraba serio o en su etapa de Casanova. Aunque era discreto, tampoco ocultaba que tenía “citas” de vez en cuando. —¡Ya! —exclamó Alex, alzando la voz por encima del bullicio del bar-restaurante, con un cigarrillo en los labios y un plato semi vacío frente a él. —Noa, dinos qué pasa con Isabella —le preguntó. El chico borró su sonrisa y miró a su compañero fijamente—. Últimamente está jodidamente irritante —dijo. Olivia asintió con la cabeza. —Sí, cuéntanos, está más perra de lo habitual —respondió, mientras Alex y ella soltaron unas sonoras carcajadas, y yo me mantuve interesada—. Tiene días que no sale con ninguno de nosotros. Noa se removió en su asiento. —Parece ser que no le está yendo bien en su nueva relación —dijo, limpiándose los labios con un gesto seco. —Ah —respondió la chica, cruzándose de brazos—. El “chico lindo” con el que está de cita, ¿verdad? —preguntó, entrecerrando los ojos. —Sí —asintió Noa con la cabeza—. “Ese chico”. Dijo con un dejo de amargura en sus últimas palabras. Apreté los labios, consciente de lo incómoda que se sentía Noa al hablar de Isabella y su relación. A pesar de su intento de hablar con normalidad, había algo en su expresión que resultaba demasiado inquietante. Fruncí el entrecejo, porque, desgraciadamente, siempre había sido capaz de reconocer las emociones de los demás a la perfección. Durante muchos años, las emociones intensas habían rodeado mi vida. Una oleada de náuseas se apoderó de mi estómago; Noa parecía normal, pero algo muy dentro de mí me gritaba que no había nada de normalidad en sus sentimientos. Tuve que darle un enorme trago a mi refresco para tratar de calmarme. Olivia entrecerró los ojos, mirando al barman con una sonrisa pícara en los labios. —¿Y ya la consolaste? —se aventuró la mesera, veneno en la pregunta. Alex apretó los labios, esforzándose por no soltar una nueva carcajada, mientras yo bajaba la mirada, hiriéndome solo con entender la intención detrás de la pregunta. Noa, en cambio, le devolvió una mirada de pocos amigos. —Es mi mejor amiga —recalcó, tomando un pedazo de papas fritas de su plato y llevándoselo a la boca con fastidio. —Claro, entendemos eso, Noa —contestó Alex, con ojos venenosos y recelosos. -Espero que este mejor-. Dije luego de aclararme la garganta, dejé la servilleta sobre mi plato vacío. —Bueno, creo que es hora de bailar. —Olivia interrumpió, moviéndose un poco mientras estaba sentada en su asiento. Alex le secundó afirmativamente. Luego, ella dirigió la mirada hacia Noa, quien bebía de su cerveza. —Y espero que nos lleves. —Se rió. Noa puso los ojos en blanco y le hizo un gesto a la mujer que trabajaba como mesera para pedir la cuenta. —Claro, Oli. —Contestó cuando la mesera se acercó y dejó la cuenta sobre la mesa. Saqué lo que me correspondía de la cuenta y comenté: —Entonces es momento de que me vaya a casa. —Los tres me miraron con decepción. —¿Qué? ¡No! Acompáñanos. —Pidió Olivia, enredando su brazo con el mío. Solté un suspiro. —Es que no aseguré que iría a un antro. —Dije, pero ella me apretó más a su cuerpo. —Entonces no te soltaré, tendrás que venir. —Respondió ella, mirándome con ojos de cachorro. —Descuida, Stella —dijo Noa acercándose a mí—. Yo puedo llevarte a tu departamento. Se ofreció, y así, con una facilidad sorprendente, me desarmó. —¿Seguro? No quiero…—respondí, dudando. —Me gustaría llevarte a tu departamento —espeto, y vi un brillo diferente en sus ojos; aquello sonó como una invitación oculta que no pude rechazar. —Está bien —murmuré, mientras Alex y Olivia celebraban.
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