Bailaba con Alex, retorcía mis caderas al ritmo de la música, envuelta de nuevo en el ambiente y las risas de mis amigos, a pesar de que no estaba bebiendo en absoluto, estaba tan embriagada por todo que, gritaba, cantaba por sobre la música y no dejaba de bailar en la espalda de Alex quien bailaba con Olivia de frente.
-De lo que te querías perder-. Me gritó Olivia abrazando a Alex para llegar hasta mí, sonreí negando con la cabeza, pero, luego, busqué a Noa por sobre los cuerpos que bailaban, pues, llevaba rato que no lo veía, y él no era a quien no lograra encontrar, ya que siempre había alguna o algunas chicas que se acercaban para algo de él, como si fuera una celebridad ante sus hormonales fans, pero, luego de buscarlo, lo encontré bebiendo en la barra en una animosa plática con una linda chica de cabello teñido de rojo, muy guapa ante los ojos de cualquiera, mi corazón respingó dolorosamente, haciendo que menguara mi baile, Alex se volteó a mirar cuando sintió que me despegué un poco de él.
- ¿Preciosa y esa cara? -Me preguntó dándome una vuelta en mi propio eje para animarme un poco.
- ¿Cuál cara? - Respondí haciendo un movimiento sexy con mi cadera hacia él, él parpadeó cuando miró mi fingido ánimo, luego Olivia le susurró algo que claramente por la música no pude escuchar, él asintió con la cabeza poniendo los ojos en blanco cuando Olivia le apuntó a Noa con un dedo.
-Entonces es eso-. Alex me miró para después salir de la pista de baile rumbo a Noa, quien no se percató que él se acercaba.
Olivia me abrazó entre bailes.
-Tranquila Stella ya Alex se encarga-. Dijo, parpadeé girando la mirada hacia Alex, a quien lo vi llegar pasándole un hombro al de ojos miel, hablar y reír con Noa y la chica para después, sacarlo de allí abrazado por los hombros, para arrastrarlo entre risas con dirección a nosotras, regresé la mirada hacia Olivia con los ojos tan grandes como mi cara.
-No, yo…-
- ¡Stella! -Gritó Alex trayendo a Noa - ¿Por qué no bailas con Noa? No dejes que este idiota se pierda de nosotros-. Dijo Alex arrojándome a Noa, el que me sonrió cuando me vio.
- ¡Vamos! ¡Baila con él! -Olivia me empujó por un hombro, pero yo estaba congelada ¿Cómo iba hacer eso?
Pero sorpresivamente, Noa fue quien se acercó, me tomó por la muñeca con suavidad para atraerme a su cuerpo caliente, me carcajeé nerviosa cuando me pegó a su amplio pecho, Noa se inclinó para hablarme al oído;
-No soy de los que bailan, pero, ¿Por qué no bailar contigo? – Dijo haciendo que mi oído cosquillara, y tomando mis ganas reprimidas lo abracé por el cuello entre sonrisas.
- ¿Qué fue lo que te dijo Alex? – Le pregunté levantando la cabeza, quedando tan cerca de él que casi rozo su nariz con la mía.
-Me dijo que tenía que rescatar a una Stella que bailaba sola-. Confesó mirando mis labios entreabiertos.
Luego reaccionando me alejé un poco, resbalando mi palma por su brazo para tomarlo de la mano.
- ¿Pero la chica con quien estabas? - Le pregunté con los sentimientos encontrados.
Él estiró más su sonrisa, acercando mi mano agarrada a él para que me estrechara de nuevo y lo rodeara con mi brazo donde me tenía sujeta.
- Ella es Emily, suele venir mucho aquí, es una de las amigas de Isabella, y también es amiga de ambos-. Lo vi relamerse los labios volviendo a fijar su vista en los míos.
-Vale-. Mascullé mirando sus ojos que fijó hacia mí, sin embargo, mi inseguridad ya había hecho estragos en mi autoestima y sobre todo, en mis celos, pero, Noa se relamió los labios seductor, distrayéndome de mis dudas.
-Baila entonces conmigo-. Noa me sorprendió, sentí como sus caderas se comenzaron a mover contra las mías que estaban quietas como una roca, mi cuerpo reaccionó erizándose, sonreí mordiéndome los labios, la música tronaba las bocinas y se prestaban para lucirme, y olvidándome de mi alrededor, y de mis inseguridades, comencé a bailar guiada por sus sensuales movimientos, unos que podía sentir contra mí, tanto que pude distinguir la forma de sus músculos por sobre la tela y lo despierto de sus pantalones.
La temperatura en mi cuerpo subió como una olla de presión, el sudor perlo mi frente y mojó los rizos de la frente de Noa, quien tocaba provocadoramente partes de mi cuerpo que solo con bajar o subir un centímetro de piel, podía encontrarse con mis voluptuosidades, lo que me ponía la piel de gallina y activaba en mi mente un instinto peligroso en mí, abrí los ojos en medio del baile caliente, consciente que de nuevo, después de casi dos años, volvía a darme cuenta que aquel instinto mío se había liberado, después de haberlo encerrado en lo más recóndito de mi mente, cerré los ojos cuando me giré para restregar mi trasero en las caderas de Noa, mi cerebro se encendía, mi instinto palpitaba esparciéndose por mi cuerpo, los impulsos se apoderaban de mí, fantasee en frustración, imágenes completamente desubicadas inundaban mi mente empujado por mi instinto, uno que no era normal, pues, no era como el de la mayoría de las personas y que, me había traído muchos problemas en el pasado, pues, mi propio instinto parecía tener mente propia, pues sabía que era totalmente esclava de él, entendí que perdía noción del tiempo, poco faltaba para que mi cuerpo se moviera por sí solo, la punta de los dedos de mis manos cosquillaron queriendo estar en contacto con su piel, las uñas me protestaban.
Apreté los puños, hiriéndome las palmas, empujé ante el dolor el instinto, ¡Reacciona Stella! Me repetí en la mente, mi cuerpo se resistió, pero poco a poco pude entrar en razón, impidiendo que el control se saliera de mis manos, y, de un rápido movimiento me separé del cuerpo de Noa, con todas las intenciones de no hacerlo, él parpadeó mirándome con confusión, resoplé sintiendo mi sangre hervir.
-Perdona Noa, pero ya es tarde, tengo que irme ya-. Dije de pie como una estatua a mitad de la pista, él tardó un momento en entender, pues parecía estar tan concentrado que mi desconexión lo desconcertó por unos cortos segundos.
- ¿Estás segura que quieres irte ahora? – Me preguntó, yo asentí con la cabeza y me dirigí con Olivia quien era presa de los labios de un chico, ella respingó cuando me vio, pero sin permitir que me detuviera la abracé despidiéndome de ella.
Luego me apresuré con Alex quien, bailaba con dos chicas morenas, hice el mismo procedimiento y casi corriendo salí del antro que me envolvía en ardor, el aire helado golpeó mi cuerpo, arrojé mi instinto de nuevo al fondo de mi mente, de donde no debía salir, aspiré el viento consciente que quizás me resfriaría, me abracé sintiendo el frio calar mi cuerpo caliente, para después escuchar la voz de Noa tras de mí.
-Ponte tu abrigo, no debiste salir así-. Dijo, lo miré mientras me ponía mi abrigo sobre los hombros con ternura, mi corazón se estrujó.
-Gracias-, lo miré -y perdona, pero, no suelo desvelarme mucho-. Dije, él se metió las manos en los bolsillos del pantalón, luego de cerrar su chamarra abierta.
-Descuida-, musitó -vámonos, te llevó-. Dijo invitándome a caminar por la calle junto a él, lo miré cubriéndome el pecho con el abrigo, luego lo seguí.
El trayecto del viaje, permanecí el silencio, pues además que no sabía que decir, estaba avergonzada, ¿Qué podía decirle?, la razón me decía que no era correcto sincerarme en una noche como esa, no cuando él solo había prestado interés cuando le restregaba el trasero, por lo que opté por quedarme en silencio, sin embargo, él de vez en cuando hacía algún comentario sobre el clima o la música que estaba poniendo en el coche.
Luego de lo que me pareció un camino largo e incómodo, llegamos a las afueras de mi edificio, de inmediato me moví para salir del auto, pero, él me detuvo, llamándome por mi nombre.
-Stella-. Me llamó.
- ¿Sí? –
Él me miró fijamente, parecía querer decirme algo, era más que obvio, pero lo meditaba, mi corazón golpeo en mi pecho, expectante.
-Abrígate cuando salgas-. Musitó relamiéndose los labios, la decepción se escurrió por mi mente, ¡claro! ¿Acaso esperaba algo más de él?, no tuve más opción que sonreírle agradeciéndole el interés, bajé del coche con el alma herida, después me despedí de él con un gesto con la mano.
Y él no se marchó hasta que le envié un mensaje diciéndole que ya estaba dentro de mi departamento.
Fue allí que me quité el saco, mi instinto había empujado cuando estaba en el auto, por lo que me saqué el abrigo, completamente sofocada, imágenes de mi baile atravesaban mi mente, esta vez no los reprimí, ahora estaba sola, en un lugar seguro por lo que me saqué toda la ropa con la piel hirviendo, y jadeante me metí en la ducha de agua helada, al fin esa regadera serviría de algo y enfriaría mi piel que echaba humo.
-Noa-. Susurré su nombre acariciando mis labios que picaban por los suyos, lo había tenido tan cerca esa noche que, si solo me hubiera inclinado un poco hacia el frente, hubiera presionado mis labios contra los suyos, me estremecí, visualizando sus manos por mis caderas, por mi vientre y por mi cintura, me mordí los labios comenzando a recorrer mi cuerpo mojado con mis manos, imaginando que eran sus manos las que recorrían mi cuerpo dispuesto -Noa-. Decía su nombre como si tuviera miel en la lengua, cerré los ojos al resbalar mis manos por mi vientre -Noa-. Mi instinto animal se apoderó de mis manos, de mi mente y de mi cuerpo, y dejé que se hiciera de mí, total era su esclava, me dejaría llevar por las sensaciones y por mi imaginación, unas que no había sacado desde hacía casi un par de años, sonreí sintiendo mi entrepierna responder ante mis dedos, ¿Cómo me había privado de esas sensaciones tanto tiempo? ¿Por qué? Entreabrí los labios envuelta en cada terminación nerviosa de mi feminidad, luego, abrí los ojos cuando la sensación creció rápidamente en mi vientre, al mismo tiempo en que recordaba por qué había privado mi instinto todo ese tiempo.
Grité al recibir la explosión sacudiendo mi interior, ¡Claro!, ¿Cómo era posible que hubiera olvidado los motivos?
Era un castigo.