Capitulo 12

1279 Words
Isaac. En el momento en que vi a Lilith en mi restaurant, mi corazón se aceleró. Estaba tan radiante, su belleza hacía que llamara la atención entre la multitud, tenía puesto un vestido de lentejuelas que detallaba su esbelta figura, su hermosos cabello castaño que le llegaba a la altura de la cintura se encontraba suelto, estoy seguro de que están suave como me lo imagino. No pude evitar sorprenderme cuando la vi con un hombre que la estaba sosteniendo de su fina cintura, ella me había comentado que no tenía novio o quizás es solo un amigo, pero en mi caso si yo fuera amigo de una mujer no la sostendría de esa forma. Cómo me hubiera encantado que se quedará a conversar aquí conmigo, pero comprendo que se tenían que marchar, seguramente tenía que cuidar a su otra hermana. Un camarero se acercó a mi mesa —Buenas noches, señor ¿Qué va a pedir está noche?. —Buenas noches, Mike, quiero lo mismo de siempre pero está vez tráeme una copa de vino, por favor. —Esta bien, señor, enseguida traeré su pedido. Miré la hora en el reloj de mi teléfono. Está noche había quedado en verme durante mi descanso con Isabella, mi ex novia, ella es la mejor oncólogo que tenemos en el hospital y hablaremos sobre el caso de la hermana de Lilith ya que el día que quedó en atenderla se le presentó un inconveniente. Mike no tardó mucho en traer mi pedido —Aquí tiene señor Cavalieri —Coloco mi platillo favorito sobre la mesa, sushi. El Sushi es uno deis platillos favoritos de este restaurant y es lo que suelo pedir la mayoría de la veces que vengo. Luego de colocar el platillo colocó un copa de vino sobre la mesa. —Muchas gracias —Dije con un tono amable. El chico asintió y se marchó para atender a una pareja que estaba a mi lado. Termine mi comida lo más rápido posible pues no me gusta comer lento. Luego empecé a tomar mi compa de vino. A la distancia vi entrar al lugar a Isabella, tenía puesto un vestido n***o que le quedaba a la perfección y tenéis el cabello recogido en una coleta. Desde que terminamos nuestra relación se me ha hecho difícil salir con otras mujeres y tampoco me he tomado el atrevimiento hasta que apareció Lilith desde aquel día en que la vi por primera vez quedé deslumbrado con su belleza y fechado desde ese momento. Isabella empezó observar cada una de las mesas mientras caminaba hasta que sus brillantes ojos azules se toparon con los míos. Ella sonrió al verme e hizo un gesto con su mano para saludarme. Se acercó hasta donde yo me encontraba y tomó asiento —Buenas noches, Isaac, ¿Cómo estás? —Buenas noches, Isabella, me alegra que hayas venido, estoy bien y tú? ¿Quieres tomar algo? —Bien, disculpa la tardanza tenía unos pendientes pero aquí estamos, háblame sobre el caso de la niña y no gracias no quiero tomar nada. —Coloco sus manos entre lazadas sobre la mesa. —Ok, la niña está hospitalizada desde hace una semana, el primer día que llegó al hospital estaba desmayada y logramos estabilizarla, luego le hicimos unos exámenes y padece de leucemia crónica —Le mentí a Lilith, la leucemia que padece su hermana no es para nada leve, el único lado bueno de esta enfermedad es que avanza muy lento pero es un poco complicada para curarse. —La Leucemias crónica es muy poco común en los infantes, debemos iniciar más rápido posible con la quimioterapia, tenemos que averiguar qué tan grave es porque de ser así tendríamos que proceder a realizar un transplante de medula. —Espero y no sea así, tengo la certeza de que solo tendremos que que hacerle la quimio. —Puse mis manos sobre la mesa para darle un trago al vino. Haré todo lo que esté a mi alcance para hacer que Sallie se recupere, en el poco tiempo que llevo interactuando con ella le he tomado un gran aprecio y estoy seguro de que es mutuo. La veces que la cuido me habla de su escuela y de que le han aburrido estas vacaciones y que quiere recuperarse antes de que empiecen las clases, también me ha dicho que extraña mucho a sus hermanas y que l gustaría que Lilith pasará al menos una noche con ella pero que entiende que su trabajo en el restaurant no se lo permite. Dejé de divagar en mi pensamientos. —Y cuéntame, Bella, qué has hecho con tu vida, —Decidí poner un tema de conversación pues después de que hablamos del caso de Sallie hubo un silencio algo incómodo y pude notar como estaba inquieta. —No me digas, Bella —Se río —Desde que volví de España, ha Sido un poco difícil volver adaptarme en Manhattan pero creo que ya me estoy acostumbrando un poco y en el trabajo me va de maravilla —Dijo con entusiasmo. Mi relación con Isabella comenzó cuando estábamos en la universidad, cursábamos el mismo año de medicina hasta que a ella le llegó la gran oportunidad de irse como estudiante de intercambio a España. Al principio ella estaba pensando en rechazar esa gran oportunidad porque no quería dejarme aquí y para ella irse a España implicaba terminar nuestra relación pues ella no creía en las relaciones a distancia. Sin embargo yo estaba dispuesto a tener a continuar con la relación a distancia, estaba dispuesto a dar todo de mí por ella. Ella terminó cambiando de opinión y aún recuerdo aquel día donde estábamos en el aeropuerto, la última vez que la vi, hasta el día de hoy, ese día en aquel aeropuerto ella decidió terminar la relación, cuando había quedado en que íbamos seguir con la relación a distancia, me tomó por sorpresa esa decisión tan repentina. Recuerdo que ella se despidió de mi con un fuerte abrazo y lágrimas en sus ojos. Debo admitir que me costó mucho tiempo para poder olvidarme de ella, caí en una depresión que ni siquiera me dejaba levantarme de la cama e incluso llegué pensar en dejar la carrera. Pero tuve apoyo de mis compañeros y ahora estoy aquí frente a ella. De pronto note en su cara algo de tristeza. —Oye, ¿Qué te sucede? Ella me colocó su mano encima de la mira y la tomo con fuerza. —No debí haberte dejado ir aquel día en el aeropuerto, debí haberme quedado a tu lado… —Me miro fijamente a los ojos. Sentí una gran presión en mi pecho y mis manos comenzaron a sudar. —¿Por qué me dices esto ahora? Ignoró mi pregunta —Intente conocer gente nueva, intenté tener un relación cuando estuve en España, pero aún así me sentía vacía, quise olvidarte se me ha hecho difícil, ninguno de los hombres que he conocido me ha hecho tu, Isaac Cavalieri. Aparte mis manos de las de ella —Isabella, no sabes cuánto sufrí por la decisión que tomaste aquel, y si tú realmente amabas hubieses aceptado tener una relación a distancia aún así no creerás en ellas. —Entiendo —Agacho la mirada dejando caer algunas lágrimas. Verla llorar me dió mucha tristeza. —Te puedo ofrecer mi amistad —Dije sonriendo tratando de animarla. Limpie sus lágrimas con mis manos. —Ya me tengo que ir — Se levantó de la mesa y se dio la vuelta . —Déjame llevarte. —Me levanté del asiento. —No, gracias, traje mi auto. —Siguió su camino hasta la salida.
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