Lilith.
Sentía como agarraba con fuerza mis muslos, subía suavemente hasta mis senos acariciándolos con tal delicadeza como si se tratara de un algodón de azúcar, esto provocaba que soltará pequeños gemidos.
—No necesitas temer conmigo, pues haré de esta noche la más feliz de tu vida —Susurro a mi oído.
Comenzó a besar mi pecho con besos cortos, bajaba disfrutando de todo mi cuerpo haciendo que yo misma lo disfrutara, llegó hasta mi paraíso despojándome de mis bragas.
Nunca me ha provocado tanto la v****a de una mujer tanto como la tuya —Menciono viéndome con un brillo en sus ojos, mientras tanto me mordía los labios queriendo que dejara de hablar para comenzar con la acción.
Con las puntas de sus dedos acariciaba esa zona en forma circular provocaba que mi cuerpo se estremeciera y después de tanto tiempo en este trabajo quería que este hombre continuará cada vez más y más.
—¿Te gusta? —Preguntó para luego lamer mi zona sensible.
—Si, por favor, continúa —Dije apretando fuertemente los dedos de mis pies.
—Dime que lo quieres y si me convences, te prometo que haré que conozcas a dios.
—Quiero que hundas tu cara en mi v****a, Joseph.
—Dilo más fuerte —Exclamo apretando mi cintura encendiendo aún más mi cuerpo.
—¡Hazme tuya Joseph —Grite varias veces.
—Eso me gusta, que me ruegue por ello —Contesto convencido.
Introdujo su lengua en mi interior, moviéndola con delicadeza de un lado a otro, mientras yo me agarraba con fuerza de las sábanas tratando de ni correrme en su cara.
El se apartó un momento para ver si lo estaba disfrutando —Te gusta?.
—Deja de hablar y follame —Exclame queriéndolo dentro de mi.
El no se hizo de rogar tomó el condón que se encontraba sobre la mesa y se lo colocó a su m*****o.
Lo introdujo en mi interior y empezó a arremeter contra mi, empujándolo más al fondo cada vez que lo sacaba y lo volvía a introducir.
Yo gemía como loca queriendo tener hasta sus bolas dentro de mi.
—¡Sigue, por favor! —Gemí
Ambos estamos entrelazados con el otro, provocando que la cama sonará de una manera agresiva.
—Me vendré dentro de tu cuando estés lista —Susurro lamiendo el lóbulo de mi ojera.
—Hazlo ahora suplique mientras lo sostenía con fuerza con mis piernas.
Ese momento fue mágico pues sentía como su virilidad se colocaba más dura dentro de mi dejando soltar sus energías al mismo tiempo que yo.
***
Cinco horas atrás.
Pov : Joseph.
Sigo teniendo su rostro en mi cabeza no puedo parar de pensar en ella y amaría poder conocer su nombre,
—Deja de pensar en pajaritos y mejor concéntrate en que está noche sea la mejor, pues el dinero que me voy a gastar para que amiguito se divierta será una cantidad exorbitante. —Dijo Mike con cierta credulidad.
—Se que no puedes entenderlo Mike, pero es que ver a esa mujer es como haber visto una diosa, estoy seguro que si en algún momento tu también te la cruzas quedarás deslumbrado como yo —Explique mientras colocaba mi mano sobre mi nuca.
—Eres muy joven para querer amarrarte a una sola mujer, hoy te daré la oportunidad de que experimentes no solo con una diosa sino con muchas de ellas para quitar ese asombro de tu cara si quieres y me lo permites te pagaré unas tres horas en el cuarto del amor junto a tres chicas de tu preferencia. —Saco de la nevera una birra para tomarse un trago y seguir con su arrogancia.
Me levanté de la mesa un poco frustrado.
Es obvio que Mike no lo pueda entender, una persona que piense con la cabeza de abajo jamás podrá escuchar su corazón.
Me dirigí a mi habitación a cambiarme no tenía salvación, ya estaba comprometido a ir con él y no suelo ser el aguafiestas del grupo.
Al entras a mi habitación me saqué la remera, lanzándola al suelo dejando mis pectorales al aire, me sentí sobre mi cama y tomé mis pesas para desquitarme con ellas para realizar unas cincuenta flexiones.
Sé lo desagradable que puedo actuar en este momento pues por alguna razón después de mucho tiempo estoy dejándome llevar por mis deseos primitivos.
Recuerdo perfectamente sus labios su particular forma de corazón, su largo cabello marrón y su tez algo bronceada, lo que daría por poner mis manos sobre sus caderas, me di cuenta de que en mis pantalones deportivos se marcaba una prominente erección, coloque las pesas a un lado, me levanté de la cama desatando los cordones que amarraban mis 0antalones deportivos dejándolos caer al suelo, me acerque al closet que tenía frente a mi cama, colocando el espejo para ver mi reflejo, coloque mi mano sobre él notando lo rojizo que se había puesto mi rostro.
Pase mis manos por mi pecho recordando sus suaves manos bajando hasta mis calzoncillos para dejar al aire libre mi impureza más grande.
Lo tome fuertemente entre mis manos desquitando mi iré con el como si de una pesa se tratara, anhelando que fuera quien estuviera brincando frente a mi.
—Agradezco que guardes esa hombría para una mujer —Dijo entrando a la habitación Mike.
Voltee ingenuamente a verlo —Que buscas? Que acabe en tu estúpida cara? —Replique.
—Parece que esas grandes bolas no son solo de adorno —Contesto con un tono burlón. —Tranquilízate solo vengo por la chaqueta que te preste y recordarte que ya vamos saliendo añadió tomando su prenda de cuero para luego salir de la alcoba.
Di un fuerte golpe al espejo pues ahora tenía una erección y una gran frustración por descubrir que no hay forma de estar con ella, ni siquiera en mi imaginación.
Me vestí y baje a la sala el se encontraba en el sofá viendo en el plasma pornografía.
—¿Podrías dejar lo cerdo? —Dije lanzándola con todas mis fuerzas un cojín en la parte posterior de su cabeza.
—Mira quien habla a quien encontré masturbándose frente a un espejo —Arqueo una ceja volteando levemente su cabeza para mirarme.
—Mejor vámonos dije dándole un puñetazo en el hombro.
Mike apagó el televisor y me siguió.
Nos montamos en mi moto y nos dirigimos al club nocturno más cercano.
Al llegar en la entrada nos esperaban otros amigos de Mike, saludé a cada uno de ellos sin gran importancia, ni siquiera sus nombres me interesaba saber, ni siquiera sus nombres recuerdo.
Al entrar pedimos una mesa, unas de las privadas donde pudiéramos presenciar el show tranquilamente.
—Para celebrar esta noche a lo grande creo que lo mejor es dar inicio a los retos pues conozco a varios de aquí y se que son muy nenitas como para tomar a una de estar preciosas damas.
Saco Mike de su bolso una botella del ron más caro colocándola sobre la mesa este comenzó a girarla sin previo aviso.
La botella apunto cada uno de nosotros exceptuándome a mi, la penitencia siempre era la misma sin dar oportunidad de escoger verdad.
Así que cada uno de ellos termino en las habitaciones privadas con una dama de compañía.
Al final solo quedamos en la mesa Mike, una amigo de él y yo.
—Como somos muy pocos seré yo el juez y ahora escogeré yo a quien de ustedes dos le toca la siguiente penitencia. —Comento con una sonrisa pícara.
—¿Y por qué tienes que ser tu el juez? —Preguntó el amigo de Mike.
—Porque a diferencia de ustedes vírgenes, yo si le conozco el culo a cada de las mujeres de este lugar —Respondió con esa enorme y cínica sonrisa.
—Supongo que no tengo nada que atestiguar sobre eso —Agacho la cabeza su amigo.
—Para seguir escogeré a Joseph con mi siguiente presa, tu penitencia como todos los demás será irte con la dama que yo escoja a un cuarto privado, además al ser un reto no tienes permitido negarte —Explico.
—No busco perder mi tiempo en una discusión tan tonta contigo así que solo estaré esperando en el cuarto —Conteste levantándome de la mesa dirigiéndose a una de las habitaciones.
Eran un gran pasillo donde se encontraban varias habitaciones y de ella se emitían algunos gemidos.
Logré escuchar detrás de mi un grito de Mike preguntando a cuántas mujeres quería, omití su preguntas y entre frustrado a la habitación.
En ella había un gran espejo que cubría una pared completa, una cama llena de pétalo rojos y sobre ella un arnés, también pude visualizar un pequeño sillón el cual tenía la función de tener sexo más cómodo sobre él.
Al lado de la cama había mesa de cristal y encima de ella había un frasco de lubricantes, varios condones y un rollo de papel.
Me quite la camisa negra que tenía puesta dejándola encima de la mesa que estaba al lado de la puerta.
Me senté sobre la cama mirándome en el espejo sintiéndome un poco extraño por la luz roja del ambiente.
Me pregunte que clase de mujer escogería Mike para mí me sentí muy nerviosos pues ha pasado tiempo desde que no estoy con una mujer o por lo menos no en la intimidad.
Resople y desabroché mi jean relajándome para tener sexo.
Pov: Lilith.
Está noche se encontraba muy concurrido el club habían pasado muchos meses desde que no venía tanta gente al club, me ponía un poco nerviosa pues de algo que estaba muy segura es que hoy si o si te tendría que cumplir mi trabajo.
Mi jefe andaba como loco pues alguien estaba pidiendo una dama de compañía y muy pocas de nosotras estábamos disponibles, así que me tocó a mí tomar el trabajo.
—¡Lilith que bueno que te veo, alguien está pagando una suma grande por una chica linda y tú eres perfecta para el trabajo, así que no pierdas más tiempo y vete al cuarto 06. —Dijo con un tono estricto.
Me dirigía a seguir la indicaciones que me dieron, al entrar a la habitación, un chico joven con cuerpo esbelto me esperaba de espaldas, el volteo al sentir que entraba.
—¡Eres tú! —Exclamo.
Presente.
Este extraño seguía encima de mi con su m*****o en mi interior, lo disfruté como nunca antes lo había disfrutado pero me sentía tan mal porque no era el doctor quien me había hecho ver las estrellas está noche.
—Si te molesta me puedes pedir seguir, la plata no es un problema para mí —Susurro a mi oído.
Saque de un empujón su pene provocando que le doliera.
—¿Qué te sucede? —Preguntó cayendo de bruces al suelo.
—Tu eres igual que todos estos hombres, solo quieres utilizar mi cuerpo a tu conveniencia ya se que este momento solo fue mágico para mí —Dije visitándome para luego tomar mis cosas y marcharme.
—No quería decir eso, perdón—Dijo levantándose del suelo con su cuerpo desnudo aún, podía notar lo nervioso que está.
—Sé que te debe creer mucho solo porque tienes un m*****o grande pero tengo una vida además de dedicarme a ser dama de compañía, así que te agradezco que si quieres continuar con tus barbaridades alquila la v****a de alguien más. —Dije enfurecida saliendo de la habitación, cerrando la puerta de un portazo.
Hombres.