Jueves, 22 de agosto de 1647 Truenos retumbantes despertaron a Mirella al amanecer. Tras escuchar atentamente se dio cuenta de que no se trataba de una tormenta. Además, estaba inusualmente claro y la luz no era tan fría y blanca como siempre a la madrugada. Probablemente hubiera otra vez un incendio en alguna parte. Se sentó en la cama y buscó a tientas la yesca junto a la lámpara de aceite. Pero luego desistió de encenderla se levantó. Con los pies desnudos fue a tientas hasta la ventana y la abrió. Debajo de ella, el gato le cantaba a un rival atigrado; un instante después, le tiró un zarpazo bufando. Entonces el rival se alejó a toda velocidad; el gato lo persiguió. Desde el puerto se levantaba siseando un proyectil ardiente hacia el cielo y por un momento eclipsó todo. Santa Lucia

