Jueves, 3 de octubre 1647 Mirella se sobresaltó. Afuera chascaban las ramas bajo su ventana. Justo después tintineó una piedra contra la hoja de vidrio, luego otra. Se levantó y se echó un chal sobre el camisón. Reflexionó por un momento si debería encender una luz. Luego decidió mirar primero. De nuevo tintineó contra el vidrio. Abrió la ventana. Abajo había dos figuras vestidas de color oscuro, una un poco alejada en el patio, la otra directamente junto a la pérgola. Mirella se inclinó por delante; ¿debería silbar o algo así? La figura debajo levantó la cabeza y susurró: “Voy a subir.” Tomó la espaldera y trepó por los travesaños. Dario – ¡por fin! ¿Pero por qué venía en secreto? Mirella dio un paso atrás. El ramaje crujió varias veces y ella comenzó a temer que se cayera. Aún má

