— ¿Quieres que traiga a Louis? A él también poder peinarle. — Se dice puedo, hija de Tarzán —se burló Harvey, ganándose una mirada de rabia de la niña. — Al menos no tengo pelos de loco. — No te metas con mi cabello, enana. — Bien —se encogió de hombros la niña—. Entonces, le diré a Charlotte que cuide de tí, mientras llamo a Lou. — ¿Qué? ¡No! —Harvey corrió hacia la puerta, pero esta quedó con seguro. La niña lo había encerrado. Ya podía darse cuenta que la crueldad en esa familia era desde el más joven, al más viejo. La puerta se abrió, y apareció la rubia pintándose los labios con un brillo labial. — Juntos de nuevo, Harvey. El mundo nos quiere en la misma familia. — Pero como mi cuñada… —susurró el rizado, viéndola hacer una mueca. — No lo creo, bebé. — ¿Podrías calmart

