El rizado decidió dirigirse hacia la habitación de Louis. Esta se encontraba sin seguro, así que, tomó aquello como una invitación. Entró y logró pillar como las cortinas estaban cerradas y por encima había otras más, dejando la habitación en una oscuridad total. Que delicia para dormir. — ¿Louis? — Vete. — Louis, ¿dónde estás? — Aquí —Harvey logró ver una pequeña mano salir por entre las mantas y sonrió enternecido por la diferencia de tamaño. A paso decidido caminó hasta aquel lugar y se sentó en el suelo, tomando suavemente la extremidad de Louis entre las suyas. — No creí que fueras a hacerme caso. — Yo creí que era verdad, soy tan idiota. — No eres idiota, bueno- sólo un poco. Una suave risa se escuchó y el corazón de Harvey se hinchó sabiendo que le había hecho reír.

