XXI

1502 Words
El día estaba alegre, la nieve no estaba tan túpida como anteriormente lo había estado en Olerfin. Rayos de sol calentaban la ciudad dándole paso a un cielo despejado. Holly se había dado cuenta de lo radiante que estaba el día, por eso había aprovechado ir a supermercado para comprar las cosas necesarias para hacer la comida de la boda. Chocolate, galletas, jamón, queso, yogurt, chispas de chocolates, harina de trigo, leudante, levadura, vainilla, uvas pasas, ciruelas, granola, arándanos, crema de leche, leche, queso, huevos,margarina, azúcar, polvo de azúcar, y un sin fin de cosas más. Llevaba el carro full pensando en como carajo llevaría todo eso hasta el lugar donde cocinaría, que era el mismo sitio donde se realizaría el matrimonio. Llevaba un abrigo n***o de lana largo, hasta sus rodillas, el pelo lo tenía recogido en una coleta alta mientras unos mechones rojos rebeldes sobresalían. Tomó en consideración llamar un taxi para que la ayudase con todas las bolsas, y se pondría mano a la obra para comenzar a elaborar panesillos con chispas de chocolate y polvo de azúcar, Dann los había pedido porque le fascinaba. Suspiró, leyendo las instrucciones de una caja para hacer una mezcla chantilly cuando tropezó con alguien, de inmediato alzó la vista y para su sorpresa el que se encontraba frente a ella soltando gruñidos era Bob. —¡Oh, lo siento!—se puso una mano en la boca—. ¿Estas bien? Él se sacudió un poco y con una mueca de dolor asintió. —Lo estoy. Holly sonrió de medio lado, le parecía extraño que Bob haya aparecido justo en el supermercado. —¿Vienes de compra? Bob se sonrojó, estaba nervioso. Carraspeó para aclararse la garganta. —Tú amiga me dijo que estarías aquí y que querías verme—dijo controlando sus nervios. Arrugó las cejas, y maldijo a Meghan una y otra vez dentro de ella. Miró a todos lados rascándose el brazo, no tenía nada que decir, en estos momento estaba enfocada en comprar lo necesario para preparar sus postres. —Oye, Meghan exagera. No era nada grave, solo me hubiese gustado compartir más con usted, con todos—se enfatizó en lo último. Bob se le quedó mirando soltando un suspiro. —Ya—sonrió, como si esperase otra respuesta. Hubo un silencio incómodo entre ambos, uno de esos que quisieras decirlo todo y a la vez nada. —¿Vas a comprar todo eso?—miró la canastilla con todo lo que iba a comprar. —Si. Ya creo que terminé. Iré a pagar. —¿Necesitas ayuda? Ella lo pensó por un momento. —En realidad sí. Ambos fueron a la caja para pagar, y Bob cargó todas las bolsas para llevarla a su maletero. Holly se incorporó en el asiento de copiloto, a su lado. Le dió una mirada de agradecimiento y Bob al darse cuenta de sus miradas se sonrojó, disimulando con una sonrisita que se le escapó súbitamente. —¡Gracias!—dijo —No es nada. Enserio... ¿te gusta lo culinario? Sonrió con la boca cerrada. —Si, no sabía que podía hacer algo hasta intentarlo. —¿Aprendiste de alguien? Holly parecía perderse en un recuerdo, en uno fugaz de cuando llegó a Munds, en como estaba tan sola y desorientada. Una mujer anciana era repostera, panadera y cocinaba de un chupete, gracias a ella, Holly aprendió lo que hasta ahora sabía. —Si, una mujer muy especial me enseñó—dijo con melancólica, bajando su mirada al regazo. —Lo dices con un tono... un poco triste. —Ella murió. Pero sin duda fue un apoyo para mí y Susie, se comportó como toda una...—dejó las palabras al aire—. Una madre—terminó diciendo con dolor, hacia mucho que no recordaba a su verdadera mamá, incluso, a esas alturas se le estaba olvidando como era. Sacudió la cabeza de un lado a otro, convenciendose a sí misma que era lo mejor dejarla en el olvido, el simple hecho de traerla a memoria era sinónimo de heridas, y demasiado dolor en una época donde Karl estaba en pleno acecho. Bufó mirando a la ventana. —Holly... —MMM... —¿Por que no te casaste? Ella volteó a mirar a Bob sorprendida por su pregunta. —Bueno... eh... eh... supongo que no tuve tiempo para relacionarme. Me dediqué a trabajar, a salir adelante con Susie y me olvidé de los hombres. —Ya... —¿Y tú? ¿por qué no te has casado? Bob pensó un poco la pregunta. —Necesitaba sanar, dejar atrás a mi esposa, a mi hija. Necesitaba soltarlas a las dos. También me dediqué a los casos, a ayudar a los demás, y cerré mi corazón por completo—suspiró mientras conducía—. Luego, a medida de que pasaron los años creo que consideré la posibilidad de ser feliz una vez más. Los dos se quedaron mirando, Bob paseaba su vista entre Holly y la carretera, maldecia dentro de si en como las manos le sudaban, en lo nervioso que se colocaba estando cerca de ella, en como su corazón se aceleraba de una manera tan acelerada en tenerla tan cerca. Parecía que Holly le daba vida a los sentimientos que consideraba muertos, además, su mente no dejaba de revivir ese momento donde la besó, el grosor de sus labios, el sabor de su boca, le detenía en ocasiones el pulso. Bob se había cuestionado, analizado y reprochado sus sentimientos, los había controlado minuciosamente hasta el día que la besó y descubrió que lo que sentía por Holly era más que una atracción física. Mató esas emociones cuando la dejó ir, y sentenció su amor a un olvido perpetuo hasta ahora, hasta volverla a ver y averiguar qué lo tenía en una caja fuerte bien guardado comenzaba a florecer nuevamente, que le seguía gustando de la misma manera que antes, y Richard ya no estaba en medio de ambos. Los dos eran libres para iniciar una historia de amor. Se lamió los labios ruborizado, mantenía la vista tan firme en su punto fijo para que Holly no se diera cuenta de su leve sonrojo. Le incomodaba el hecho de que Holly se marcharía nuevamente y nunca más la vería, y eso le dolió, entonces, se prometió asimismo proponerle mantener el contacto, en verse de vez en cuando así sea para tomar un café. El auto estaba desordenado, lleno de papeles y archivos de casos por todos lados, el silencio se había extendido un poco más de cinco minutos, era exasperante para ambos. —¿Como conociste a tú amiga?—rompió el silencio. Holly sonrío con delicadeza. —Iba a la panadería todos los días, y así nos volvimos amigas. ¡Es una buena chica! —¿Susie la quiere? —Jaaaa... Susie la adora. —¿Como es Susie? —Bonita, se parece mucho a mí, y ahora que las dos tenemos el pelo rojo. Bob sonrió. —¿Como está Jimmy?—cambió de tema Holly. —Bien, hasta este año trabaja con nosotros, ya presentó su renuncia—Bob suspiró con dolor—. Lo voy a extrañar demasiado. Eran más de 10 años trabajando juntos. —Si... es entendible. Quiere pasar tiempo con su familia. —Si... y estoy de acuerdo con eso. —¿Y tú que harás? Suspiró cerrando sus ojos. —Supongo que seguiré trabajando con Lois. —Lois...—murmuró Holly en voz baja. El carro se estacionó fuera del lugar donde se iba a realizar la ceremonia. Holly se bajó y junto a Bob llevaron todo a la cocina. —¿Te irás a tu hotel? puedo llevarte... —Oh, no... me quedaré voy a organizar un poco y a ayudar a Meghan con unas cosas. —Okey—murmuró Bob tragando saliva, nervioso por lo que acontinuacion diría—. Eh... Holly... —MMM...—bajó la mirada a todos sus ingredientes. —¿Quieres salir conmigo a... a cenar esta noche? Alzó la vista para encontrarse con la intensidad de sus azules ojos. —Eeh, ¿hoy? —Si. Si puedes claro. Si no estás ocupada. —Hoy no podría, tengo que ayudar a Meghan con algunas cosas... Bob se sintió estupido por haber preguntado. —Si claro, entiendo. Si—disimuló con una leve sonrisa que estaba a punto de borrarse de su rostro por la decepción. —Pero... ¿qué te parece mañana por la noche?—añadió Holly. Sus ojos se iluminaron, Bob sonrió. —Perfecto—dijo con su mirada fija en ella. —¿Mañana por la noche?—recalcó ella. —Mañana por la noche, te recogeré en tu hotel—sonrió retrocediendo—. Tengo que irme. Nos vemos. Holly le despidió con una distancia prudencial y al salir de ahí Bob pudo respirar. Tendría una cita con ella, y quería que esa noche fuera especial... ☆☆☆ Comentarios... los estaré leyendo.
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