Jack tenía un frío impresionante cuando se levantó del sofá, era consciente de que había cometido un error enorme a quedarse a dormir en casa con una menor que estaba sola. Por más que no hicieran nada, se podía presentar malos entendidos. Se alzó del sofá cuando vió a Susie bajar las escaleras, había sido una noche intensa para ambos después de revisar toda la casa y encontrar: micrófonos y cámaras por cada rincón y en las habitaciones.
Era la forma en la que su acosador tenía y sabia tanta información de sus víctimas.
—¿Quieres café?—preguntó Susie, Jack se frotó los ojos asintiendo.
—Gracias—dijo siguiendo a Susie hasta la cocina.
Estaba inquieto, frotándose las manos, mordiéndose los labios, buscando las mejores palabras para decirle a la niña frente a él que no confundiera las cosas, que solo se había quedado porque estaba muerta del miedo.
—Susie...
Ella lo miró suspirando.
Él bufó.
—No quiero que confundas las cosas, yo me quede simplemente porque...
—Ya se... tú nunca te fijarías en mí. Soy una niña para ti—repuso, dejando a el detective sin palabras.
Susie apartó la vista de él concentrándose en el café, sus expresiones eran de preocupación, quedaban tres días, tres malditos días para su sentencia final y aún no sabía nada de ese mugroso acosador.
Jack la miró con nostalgia, no podía evitar estudiar sus gestos de miedo y preocupación, tampoco pudo eludir en las pecas que se extendía en los pómulos de la pelirroja, en como sus labios rosados eran dos líneas que se verían hermosos al sonreír.
Por fijarme en un imbecil como tú.
Recordó sus palabras. Su vista bajaron a su camisa mostaza con un arcoíris dibujado y se imaginó sus dos pechos pubertos... ¡Que carajo! sacudió la cabeza de un lado a otro, apartando todo pensamiento lascivo de su mente, ella era una niña y tenia que respetarla y tratarla como tal. Debía mantener distancia, cierto límites con ella o... o... podría caer en la tentación de besar sus labios, de pegarla a su cuerpo y... y... que dios los amparara en ir tras el camino de la lujuria.
Susie le acercó el café sin expresión alguna, ella le había contado a Jack sobre anónimo, las cartas, y las cosas que había recibido, lo único que no se atrevió a confesar era su crimen, por más que esforzaba en desvelar su secreto, no podía, no solo la involucraba a ella.
Tocaron la puerta y Jack se irguió de un brinco, se volvió loco en solo pensar en que alguien lo descubriera a solas con Susie. Se asustó, comenzó a sudar y su rostro fue de un terror puro.
La muchacha se dió cuenta, puso su mano encima la él para tranquilizarlo, se dieron una mirada cómplice, una de esas como si fueran mejores amigos.
—Escondete arriba, yo me encargo.
Jack la miró titubeante, sin embargo, obedeció yendo al pasillo de arriba. Susie le siguió con la mirada, inspiró hondo, y abrió la puerta.
Era Laura con Pedro.
—Lau...
—j***r, te he llamado unas 20 veces—dijo Laura con su pelo n***o recogido en una coleta. Llevaba unos jeans negros, y una chaqueta del mismo color. Sus ojos estaban delineado de un grueso n***o en forma de gato con una sombra oscura por todo el párpado.
—He estado ocupada...
—Ya veo—la miró de arriba abajo.
—Mierda...aquí hace frio—dijo Pedro acariciandose el mentón, observando la casa con interés.
—No tengo calefacción ¿okey?—Susie se cubrió con sus manos—. ¿Que hacen aquí?
Los dos se dieron una mirada.
—Veo que ni siquiera te has tomado la molestia de revisar el celular—Laura suspiró con una leve exasperación en su voz—. Bueno... Hanna no aparece. Lleva dos días desaparecida.
Susie se quedó inmóvil.
—¿Como que no aparece?
—No ha regresado a casa desde que salió de la escuela, nadie la ha visto, no ha ido a clase. Su madre está preocupada. ¿Se ha comunicado contigo?
La pelirroja sonrió.
—¿Por que conmigo? la abofeteé ¿te acuerdas?
—Lo cierto aquí es que hay que buscarla, y callarla por si se atreve a decir algo...—dijo Pedro con un tono exasperado. Susie miró arriba en las escaleras.
—¿En donde la vamos a buscar?—consultó Susie
—Así sea en el mismísimo infierno—contestó Pedro.
Susie Suspiró.
—Susie, tenemos que encontrarla, tengo miedo de... de... que cometa una locura—dijo Laura con evidente preocupación.
Susie volvió a mirar arriba en las escaleras.
—Okey, busquemos. Me cambio y nos vamos—subió las escaleras con rapidez, introduciéndose en su cuarto, allí estaba Jack con una ceja levantada.
—¿Que pasa Susie? ¿por que mi hermana quiere proteger su pellejo?
—Te lo explicaré luego, pero ahorita no puedo decirte nada—buscó ropa de su armario para cambiarte—. Por favor, podrías darte la vuelta o salirte.
Jack asintió y antes de girar el pomo escuchó la voz de su hermana al otro lado de la puerta, se paralizó.
—Mierda...—soltó casi en un susurro. Colocó el cerrojo para que ella no pudiera entrar.
—¡Suuu, abre!—movió el pomo de un lado a otro con la esperanza de que esta se abriera.
Susie se quedó petrificada.
—¡Dame unos segundos!—exclamó quitándose la ropa. Jack la miró horrorizado, volteandose para no ver su ropa interior o sus atributos, no era lo correcto.
Dió una ojeada, a su espalda y tragó saliva cuando se dió cuenta que Susie tenía un brasier blanco de encaje y estaba a mitad de ponerse la camisa.
—¡Ya voy!—gritó.
Se sentó en la cama cambiando las pantunflas por unos zapatos. Jack por fin respiró de alivio aún con el corazón ensalzado por la presión de que lo descubrieran ahí.
Susie se levantó una vez estando lista, y el detective se colocó en un rincón para no ser visto, se sentía como un amante al esconderse del marido cuando llegaba a casa. Suspiró cuando Susie salió de la alcoba.
Asimismo, un viaje de busquedad no sólo iba acompañado de los lugares comunes que Hanna visitaba. Desde salones de belleza y video juegos recorrieron durante toda la mañana. Finalmente, decidieron ir a la escuela y saber si había alguna información respecto a su paradero. Susie hablaba con algunos maestros hasta encontrarse con la última maestra que quería ver.
La señora Fisher...
Se paró en el umbral y cuando la vió en su saloncito de clase, Susie se dió la espalda para marcharse, sin embargo, la mujer se dió cuenta de su presencia y con una voz ronca le preguntó:
—¿Que te trae por aquí Susie? no me hablas desde...desde que mi esposo desapareció..
Tragó saliva
—Lo siento profesora Fisher... yo... yo... soll quería preguntarle algo—respiró hondo.
Ella levantó una ceja.
—Preguntame.
—Quería saber si usted... había visto a Hanna
Una leve sonrisa curveó los labios de la maestra.
—¿Esa putita? no... no la he visto—soltó con una risita soncarrona.
Susie peló los ojos por la respuesta de la maestra. Por la expresión tan cruel ha referirse a Hanna. Susie siempre había criado que los maestros eran una especie de dioses, educados e inmaculados, sin fallas ni errores, nunca había escuchado a alguno decir una palabrota.
Estaba tan asombrada que la profesora se dió cuenta. Ensanchó una sonrisa.
—¿No es lo que es Susie? tirarse a tú novio siendo tu amiga es una de las máximas traiciones de este mundo. Quizás es mejor asi, y incluso, para ti. Dijiste que la matarías, y si ella simplemente desaparece, no tienes porqué ensuciarte las manos.
Susie quedó boquiabierta
Te mataré.
Recordó sus palabras.
—Bueno profesora Fisher... fue un placer verla—finalmente dijo cuando reaccionó a su estado de conmoción, al darse cuenta que parecía una estupida delante de la profesora Fisher, además, de no poder ni mirarla a los ojos porque Susie le había hecho daño, uno irreparable.
Se dió media vuelta y comenzó a caminar hasta quedarse quieta cuando escuchó nuevamente la voz de su maestra.
—Nos vemos pronto Susie.
—Nos vemos profesora Fisher—le sonrió alejándose de ella lo más rápido que pudo. A la entrada del colegio se encontró con Pedro y Laura, los dos tenían lo mismo: no había rastro de Hanna.
Susie se frotó los ojos. Ver la escuela le hacía recordar el como la había abofeteado delante de todos, se arrepentía de haberlo hecho.
—Sigamo buscando...—dijo Pedro embutiendose en el auto.
Siguieron conduciendo, buscando, preguntando por el paradero de la muchacha. Era como si la tierra se la fuese tragado.
—¡Maldicion!—golpeó Pedro el volante—. De seguro se irá a boca suelta con la policía.
—¡Debemos mantener la calma!—exclamó Laura.
Ya había caído la noche, el hambre arreciaba con fuerza, no habían comido nada, se enfocaron tanto en buscar a Hanna que se olvidaron de almorzar, inclusive, cenar.
—¿Por que no vamos a su casa? de pronto su mamá tiene información de ella—propuso Susie.
Por primera vez, todos estuvieron de acuerdo, y conduciendo en un silencio absoluto, se dirigieron a casa de Hanna.
Los tres se sobresaltaron al ver una patrulla afuera de la casa. Susie se imaginó lo peor, salió del auto con el corazón en la boca. La chica parecía hipnotizada, caminaba con tanta firmeza que Laura por más que la llamaba, ella no volteaba, parecía un robot rumbo a cumplir su propósito. Susie se aproximó, los policías y la madre de Hanna se quedaron mirándola primero con confusión, luego, sus expresiones se relajaron.
—¿Donde está Hanna?—fue lo primero que preguntó con angustia.
—No lo sabemos Susie—dijo la madre con lágrima en los ojos.
La madre despachó a los policías que le dieron esperanza de que la encontrarían, y que no se angustiara. A Susie le pareció hipócrita decir esas palabras a una madre desesperada por encontrar a su hijo que hacía dos días no regresaba a casa.
—¿Aún no la encuentran?
—No.
Susie sintió como el alma le regresaba al cuerpo. Abrazó a la madre de Hanna y está lloró en su hombro.
—Lo único que me dejó fue una carta, tenía tú nombre.
Susie se tensó. Frunció el ceño.
—Una...—tragó saliva—.¿Una carta?
—Si.
La madre se la sacó del bolsillo entregandola a la muchacha.
Más que una carta, era una fotografía de una serpiente negra con amarillo, detrás de la misma decia: Perdóname Susie.
—¿Pelearon o algo?
A Susie se le exaltaron las lágrimas.
—Si—dijo tragando grueso.
—¿Por que?
—Ella... ella... ella se acostó con mi novio—dijo rompiendo a llorar.
La madre de Hanna no dijo nada, se quedó inescrutable, con solo las lágrimas.
—¿Y si algo le pasó?—inquirió
—No, ella está bien... solo quiere darnos un susto—declaró Susie limpiándose las lágrimas.
—Hanna. Mi Hanna, no se que haría si... si... —estalló en un llanto desgarrador. Susie la abrazó nuevamente.
—La buscaremos, no la dejaremos de buscar.
La madre asintió. Así permanecieron unos minutos hasta que Susie regresó al auto, tenía un pesar de dejar a la madre de Hanna en ese estado tan deplorable, pero... ¿qué podía hacer? debía encontrar a Hanna.
Susie estalló en llanto al ingresar al auto. Laura la abrazó.
—La encontraremos...—dijo.
—Si, debemos hacerlo—resopló inspirando hondo.
—¿A donde buscamos?—formuló Pedro
—A donde sea... Hasta al infierno si es posible.
Los tres se dieron una mirada, y así se marcharon en busca de Hanna, en busca de anónimo, en busca de la muerte.
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