XXIV

2519 Words
Sentada al borde de la cama, Holly Campbell se mordía una uña, se había medido tres vestidos que automáticamente fueron rechazados por Meghan. —Dios, Bob pensará que tendrá una cita con una abuela—dijo, mirando los vestidos con desprecio. —No se que ponerme—suspiró bajando la mirada al suelo. —Ponerte algo sensual, sexy, algo que diga: Quiero tenerte entre mis piernas. Holly abrió los ojos exageradamente. —No busco sexo con Bob. Solo vamos a salir. Por dios Meghan. —Deberías de tenerlo...—Meghan puso su pulgar y dedo índice en la barbilla analizando a su amiga que ahora se había tumbado en la cama. —No sé, siento que estoy traicionando a Richard en pensar en Bob como un hombre, o con el simple hecho de salir con él. Me siento... no sé... sucia, desleal. Meghan se incorporó a su lado, hizo una mueca con sus labios torciendolos a un lado. —No eres desleal, y no te sientas que lo estás traicionando. Richard esta muerto, lleva 10 años muerto Holly, y no puedes guardarle luto por siempre. Tienes que dejarlo ya, tienes que aprender a soltar, porque si no sueltas a Richard, te estás limitando a vivir. Es como leer un libro, si no avanzas en paginas, jamás sabrás el final—la expresión de Holly se volvió nostálgica, Meghan le tomó de la mano—. Eres maravillosa, no estoy diciendo que lo olvides, solo que te des la oportunidad de ser feliz. Bob está aquí, a tú alcance, interesado en ti. —¿Crees que este interesado en mi?—se ruborizó la pelirroja. —Por supuesto. Conozco a los hombres, si te invitan a salir, es porque lo tienes como un perrito faldero. —Si lo dices así, suena feo. Meghan se rió. —Atrévete en esta noche a soñar Holly. Holly se llevó un mechon cabello a la oreja ensanchando una sonrisa. —Entonces... ¿que vestido me pongo? A las 7 de la noche tocaron la puerta del hotel. Bob, con una chaqueta de cuero, unos Jean, zapatos deportivos, y su pelo desordenado le hizo ver como aquel hombre que era hace 10 años atrás. Se cuestionaba en sí había usado demasiada loción, si se encontraba presentable. Había pensado en varias opciones para tener una cita agradable, aunque ya no sabia si eran las mejores ideas. Invitar a bailar, a disfrutar de una buena comida, para él seguia siendo romántico. Inspiró hondo para cerrar nuevamente el puño cuando la puerta se abrió. Su boca quedó abierta y sus ojos fijos en la mujer que estaba frente a él. Sus labios estaban pintado de un rojo fuego, su vestido le combinaba con su cabello. Se había delineado los ojos, y su pelo suelto ondulado le recordaba a esa Holly que conoció en la cabaña, a la misma que secuestró para llevarsela al cazador, a aquella que había odiado, y a la misma vez deseado. Sus ojos verdes eran brillantes, sus mejillas ruborizadas, su lunar cerca del labio lo enloquecia. Vestida de rojo a la vista de los ojos indicados, Holly era una reina, una diosa que había abandonado su santuario para presentarse ante él como un torbellino de fuego. Toda ella era fuego, uno que lo consumía con la lentitud con la que el sol se ocultaba para darle espacio a la luna. De algo Bob estaba seguro: esa noche sería su condena. —¡Estas hermosa!—murmuró carraspeando disimulando los nervios al hablar. Holly sonrió con diversión. —Tú no estás nada mal. Se quedaron mirando unos segundos más sin decir nada, mientras que Meghan veía a los tortolitos escondida en el baño. —¿Nos vamos?—sonrió Holly con coquetería. Bob parecía salir de un trance, se sobresaltó y disimulando que se rascaba el pelo sonrió con nervios. —Si, vamos. Con una risita, salieron del hotel, y embutiendose en el auto condujeron a un restaurante fuera de Olerfin. Holly recordó su última vez que salió de Olerfin al mirar por la ventana el camino oscuro, iluminado solo por los reflectores del auto. En ese tiempo se había ido para nunca mas regresar, tomaba a Susie de la mano tan fuerte que la niña se quejó, no obstante, también dió rueda suelta la vez quebes escapó por la ventana para ir a la playa, ese día confirmó lansospecha de que el cazador estaba cerca de ella. La muchacha había puesto música, era la mejor manera para romper el hielo, la tanga le rozaba el culo, no estaba acostumbrada a que la poquita tela de su ropa interior se metiera entre sus nalgas, y su brasier le hacían lucir unas tetas espectaculares. Eso la hizo avergonzarse y a la misma vez ruborizarse un poco, ya que Meghan creía fielmente de que esa noche volvería a perder su virginidad. Una leve sonrisa se dibujo en su cara cuando recordó las palabras de Meghan: Portate mal, muy mal, miau. Finalizó la oración haciendo un gesto con la mano como si tuviera una garra. Holly trató de disimular todo, desde los nervios que se extendía por su espina dorsal hasta la risita que se le escapaba sin poder contenerlo. Ella había obedecido a cada uno de los consejos estereotipados de Meghan, desde usar ropa levanta pasión, hasta de seducir. Sin embargo, Holly no quería seducir Bob, no podía, no sabía cómo hacerlo. Se le había olvidado, además, no se sentía lo suficientemente cómoda como para abrirle las piernas, tenía mucha inseguridad en su mente y corazón. Cuando llegaron al restaurante, Holly se estremeció, llevaba un abrigo color café que le ocultaba el vestido rojo que Meghan le había indicado que se colocara. —¡Llegamos!—dijo Bob con un suspiro. De inmediato se fijó en la muchacha a su lado que su vista se encontraba clavada en el restaurante iluminado. —¿Bajamos?—dijo saliendo del auto con la rapidez que pudo para abrirle la puerta a Holly. Cuando lo hizo, ella quedó encantada por su detalle caballeroso. Cerró bien el auto, y uno al lado del otro caminaron en silencio acogedor hasta llegar a la mesa reservada. El lugar se llamaba sol y luna, porque... tenían diseños hermosos que decoraba el lugar con los dos elementos fundamentales del cielo. En la mesa donde Holly se sentó observó un esplendoroso cielo iluminado con luces de navidad que hacía simulación a un cielo adornado con diferentes colores y una media luna bastante plateada, resplandeciente y romántica. Al fondo una música instrumental tranquila era el toque perfecto para ambientalizar el sitio con un poco de romance, sin embargo, ambos fueron consciente de que no importaba el lugar a donde estaban mientras fuera con la compañía correcta. Bob se sentó frente a Holly, y la observó con fascinación y a la misma vez con amargura de espíritu, le parecía ficticio que estuviera sentando con la mujer de su mejor amigo, incluso, se consideró un poco hipócrita por quererla cuando se prometió asimismo después de que murió su esposa que no volvería a amar ni darle lugar a nadie más en su corazón. Analizó sus reproches y cuando Holly se sostuvo la mirada, Bob se derritió ante su dulzura, sus ojos brillaban más que esa ilusión de luna que los cubría a ambos, su sonrisa era un destello de gloria que le hermoseaba el rostro. —Y dime... tú novia me golpeará por salir contigo ¿eh?—dijo con coquetería y diversión en sus ojos. Bob hizo un mohin con sus labios. —Nadie va a golpearte—dejó caer su espalda en el asiento soltando un suspiro—Aaah, voy a terminar con ella. Con la boca entre abierta de sorpresa, Holly se rascó la cien. —¿Por qué?—preguntó con interés, luego, se arrepintió de su pregunta, no quería que Bob se sintiera incómodo al explicarle su vida personal—. Claro... si se puede saber—añadió. Él la miró con una sonrisa de medio lado. —No somos compatible. Además, estoy interesado en alguien más. Holly se estremeció, su corazon se aceleró tanto que se le iba a salir. Fingió rascarse su pecho solo como mecanismo de controlar sus nervios. —Ah, si—dijo con asombro, aunque sabia perfectamente que era de interés para Bob, Meghan se lo había dicho, y ella era la voz de la experiencia. El detective bajó la mirada, tamborileo sus dedos contra la mesa mordiéndose los labios, acontinuacion, le sorprendió la pregunta de Holly, no pudo evitar sonrojarse y sentirse como un adolescente sin experiencia en citas. —¿Estas enamorado de ella? Sus ojos se abrieron tanto de sorpresa, le costó respirar y tuvo que tragar grueso varias veces para responder. —No lo sé. Solo sé que... que me gusta muchísimo y que quisiera intentarlo con ella. Holly sonrió de medio lado. —¿Ya se lo dijiste? —Aún no—respondió bajando la mirada, Bob juraba que si la veía se delataría. —¿Se lo piensas decir? Sonrió dibujando imaginariamente círculos en la mesa. —Si... quiero decirle que...—levantó la mirada, suspiró hondo y tomó el valor que necesitaba para declararse—. Le diré que la quiero, que lo intentemos y si no funciona...—suspiró —.Por lo menos quiero tener la dicha de que lo intente—exhaló un poco de aire—. Holly... yo...—se rascó la nariz, se maldijo en sus adentros por ser tan torpe en sus palabras, le daba rabia ser tan ridículo frente a Holly, se cuestionaba su manera de actuar como adolescente cuando ya era un hombre de unos treinta y algo que después de haber perdido a su esposa, nunca habia tenido una cita con alguien que de verdad le gustara. Era como si los años te quitara ese tiempo de experiencia y debía volver a comenzar como lo hizo en un tiempo con la mujer que amaba, solo que cuando conoció a su esposa Bob era joven, torpe, y encantador, ahora, de ese Bob solo quedaban cenizas, cicatrices y Soledad, definitivamente, ya no era la misma persona de hace 20, ni 15, ni 10 años. Cuando abrió su boca para declararle a Holly sus sentimientos, un mesero les trajo un vinotinto con dos copas que les puso a cada uno a un lado, la sirvió con delicadeza, y luego les pidió que iban a comer. Holly rápidamente supo que quería. —Un filete con bastante papas a la francesa, salsa, y puré de papá. El mesero asintió anotando en una mini libreta. Bob también pidió lo mismo. Una vez quedaron solos, los nervios eran más de flor de piel, Holly se volvió a interesar en la conversación, de hecho, recaocandole que quería decirle. Pero Bob se trabó, no pudo, no sabía cómo declararle sus sentimientos a alguien que le gustaba, le dió mucho nervios de que Holly lo rechazara, de que se levantara de la mesa y se fuera, que lo bofeteara, que le dijera que nunca se fijaría en él, o que todavía su luto y amor por Richar fuera demasiado fuerte. —¿Piensas casarte o tener una pareja?—cambió con abrupte el tema de conversacion. Por el rostro de Holly cruzó un destello decepción. —No lo sé. Nunca he pensado en eso—hizo un mohin con sus labios. —Ya. Y en el pueblo o el lugar donde vives ¿es bonito? Ella se mordió los labios. —Sin duda alguna. Es un pueblo hermoso, aunque los cambios climáticos son un poco... desordenados. Un dia llueve y al otro día esta saliendo un sol con un calor espantoso, y así es... —¿Donde queda ese pueblo? Holly sintió que podía confiar en Bob para revelar su paradero. —En Munds. Bob arrugó las cejas llevándose un poco ee vino a la boca, disgutando su sabor dulce que se extendía por su paladar. —Esta mañana recibí un correo de alguien en Munds... se llama... se llama...—lo pensó un par de veces hasta que se acordó del nombre—. Jack Anderson... creo que así es que se llamaba. Me preguntó sobre presuntos suicidios y mi investigación sobre... ÉL. La mirada de Holly fue curiosa. —¿Sobre Anónimo? —Si. Quiere ayudar en la investigación, además, de que tiene un caso de s******o bastante parecido a como opera anónimo. Le escribí, le recomendé vernos presencialmente, tengo cierta desconfianza en enviar información por vía internet. El mesero nuevamente apareció con dos platos de filete con papa a la francesa. Ambos se mostraron sastifecho con lo que vieron. —¡Que disfruten!—dijo el hombre. —¡Esta exquisito!—alagó Holly disfrutando del sabor, y lo blanda que estaba la misma. —Si, es muy rico—apoyó Bob, llevándose papa a la francesa a la boca. Con delicadeza, Holly picaba la carne, comia, bebía. La música se intensificó ahora ya no era un instrumental, si no una música de amor, hablaba de los besos, el amor, el estar enamorado. Holly se sonrojó de inmediato, siguió comiendo en silencio, escuchando, envuelta en ese ambiente tan desconocido. A terminar de comer se quedó allí en la silla, tan inmóvil como una piedra, pensó en Meghan en como le había dicho que tenía que dejar ir a Richard. También recordó a Susie, y por supuesto a su Richard, a su sonrisa, a sus ojos azules. Fue consciente que Meghan tenia razón por 10 años le había sido leal, y que estuviera saliendo con su amigo no era una traición si no una muestra de que el tiempo de dejar ir había llegado. Ese tiempo siempre llega, tarde o temprano, pero llega. —¿Quieres bailar?—propuso Bob y aceptó encantada. Holly se dió cuenta de la tensión silenciosa entre ambos, el juego de las miradas estaba otra vez a ruedo. Sentir sus manos cálidas la estremeció. Decidió quitarse el abrigo y lucir el vestido rojo que se había colocado. Bob sonrió, la atrajo hacia su cuerpo quedando a solo centímetros de sus labios. —¡Eres preciosa!—dijo, dejándose llevar por el ritmo lento de la música. —Tú también —ambos estallaron en una risita. Se sostuvieron la mirada a medida que sus pies se movían con mucho cuidado para no pisotear el pies del otro. Estaban tan cerca que podían escuchar sus propias respiraciones. —Gracias por la cena. —Gracias a ti por tu compañía. Se quedaron así, juntos, casi abrazados hasta que... Acontinuacion, cuando todo marchaba bien, tanto que a Holly le parecía irreal estar con Bob... No obstante, su sonrisa se desvaneció y se separó de Bob de inmediato cuando lo vió... cuando vió al hombre de su pasado... Cuando vió a: Rodrigo Cardenas. ☆☆☆ este capitulo se publicó sin querer. mañana estaré exponiendo más y escribiendo más sobre la cita, pero ya saben en donde termina el capítulo, con Rodrigo. El último del grupo de los 5, el violador de Holly.
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