Capítulo 4 El precio de sobrevivir

1690 Words
La voz de Noah la trae de vuelta. Aria guarda el teléfono con un movimiento demasiado rápido. —Nada. —No mientas. —No estoy mintiendo. Noah la observa. No parece un hombre que acaba de despertar después de diez años. Parece alguien que está aprendiendo a leerla otra vez. —Te conozco, Caroline. Ella baja la mirada. —No uses ese nombre como si fuera un arma. —No lo es. Es el único que tengo. Silencio. —¿Es con quien estuviste todos estos años? —pregunta Noah. Aria no responde solo maldice por dentro el que la conozca tan bien que la comience a descifrar. —Entonces sí es él. —No empieces —susurra. —¿Qué es lo que no debo empezar? ¿Preguntar? ¿Existir? ¿Recordarte que soy tu esposo? La palabra esposo cae entre ambos como algo pesado. —Noah… —Solo dime algo —la interrumpe—. ¿Te está obligando a algo? Ella levanta la cabeza de inmediato. —No. —¿Te está amenazando? —No. —Entonces ¿por qué tiemblas cuando miras el teléfono? Aria aprieta los dedos contra la bolsa. —Porque todo es más complicado de lo que crees. —Explícamelo. Ella lo mira. Por un segundo piensa hacerlo. Decirle todo. El contrato. Las cláusulas. La verdad que pesa más que todo eso. Pero recuerda otra noche. Otra decisión que tomó cuando estaba más rota que ahora. —No puedo —dice finalmente. Noah la observa largo. —Eso significa que sí puede lastimarte. Aria se acerca a la ventana, evitando su mirada. —No me lastima. —No físicamente, quizás. Ella se gira. —No digas eso como si supieras lo que pasa. Noah se queda en silencio. —No lo sé —admite—. Pero sé cómo se ve alguien que aprendió a soportarlo. El aire se vuelve más denso. —Noah… —¿Te ama? Las preguntas la toma desprevenida. —Eso no importa. —Para mí sí. Aria traga saliva. —No sé si sabe amar. —Entonces ¿qué sabe hacer? —Controlar. —¿Y tú qué sabes hacer? —Sobrevivir. Noah no sonríe. —Eso no es vivir. El teléfono vibra otra vez. Aria lo ignora. —¿Vas a volver con él? —pregunta Noah. Ella no responde de inmediato. —Firmé un contrato con el. —Los contratos se rompen. —Este no. —Todo se rompe. —No entiendes. —Haz que entienda. Aria cierra los ojos. Y entonces el recuerdo vuelve. —¿Estás segura? Matt no levantó la voz esa noche. Nunca lo hacía. Aria tenía el bolígrafo entre los dedos. —¿Esto cambiara algo? —preguntó. —Sí. —¿En qué? —En si lo haces por miedo o por decisión. Ella sostuvo su mirada. —No tengo miedo. —No te creo. El silencio fue más largo que el contrato. —Él no va a despertar —dijo Matt con calma—. Los médicos fueron claros. —No vuelvas a decir eso. —Estoy siendo realista. —Yo también —respondió ella—. Y mi realidad es que necesito dinero. Matt la observó. —No es solo dinero lo que estoy ofreciendote. —Lo sé. —Entonces dilo. —Carrera. Protección. Poder. —Y exclusividad. Ella no apartó la mirada. —Sí. Matt deslizó el contrato hacia ella. —Cuando firmes, no habrá vuelta atrás. Aria firmó. Sin temblar. Pero cuando dejó el bolígrafo, sus dedos se quedaron rígidos sobre la mesa. —¿Qué más incluye? —preguntó ella. —Nada que no esté escrito. —No mientas. Él se inclinó apenas. —Incluye que no vuelvas al pasado. —Eso no puedes exigirlo. —Ya lo hice. Ella sostuvo su mirada. —Entonces asegúrate de que valga la pena. La respiración de Aria se tenso y la voz de Noah la regreso al presente. —¿En qué pensabas? —pregunta él. —En las decisiones que tuve que tomar. —¿Te arrepientes? —No. Pero la voz de Aria no suena firme. —¿Él estuvo contigo desde el principio? —insiste Noah. —Desde que decidí sobrevivir. —Eso no responde nada. —Es lo único que puedo darte. Noah respira hondo. —Caroline… —Deja de llamarme así. —Es tu nombre. —No más. —Entonces dime cuál es. —Aria. —Aria —repite él, como si lo probara. — ¿Lo elegiste tú? Ella suelta una risa breve. —No seas ingenuo. —Entonces fue por necesidad. —Sí. —¿Y la primera vez que estuvieron juntos? El recuerdo la atraviesa y agradeció que Noah no pudiera leer su mente. —No tenemos que hacerlo esto esta noche. Matt se había quitado el saco, pero no se había acercado más. —Es parte del acuerdo —respondió Aria. —No lo es. —No seas hipócrita. —No soy hipócrita. Soy claro. —Los hombres no firman contratos así sin esperar algo más. Matt dio un paso hacia ella. —¿Eso crees? Ella no respondió. Él rozó su muñeca. Aria se tensó. No fue un movimiento grande. Pero fue demasiado inmediato. —No quiero lastimarte —dijo Matt. —Lo sé. Pero su respiración no decía lo mismo. Matt soltó su muñeca. —No me mires así. —¿Así cómo? —Como si estuvieras esperando que termine. Silencio. —Es lo que quieren los hombres —murmuró ella. Matt se quedó quieto. —Yo no. Ella sostuvo su mirada. —Todos dicen eso. Él se apartó. Se sentó al borde de la cama. —No soy como todos. Aria no supo qué responder. Matt tomó la sábana y la cubrió. —Duerme. —¿Y tú? —No voy a tocarte así. Ella lo observó, confundida. —Me perteneces ahora —añadió él—. Pero no pienso obligarte a estar conmigo en la intimidad. El aire se volvió más pesado. —No necesitas protegerme —dijo ella. —No lo hago por ti. —¿Entonces? Matt la miró por primera vez sin cálculo. —Porque es claro que alguien ya te toco sin que lo deseara y te aseguro que cuando estemos juntos va ser porque lo deseas. No solo para sobrevivir. Aria no supo si aquello era amenaza o promesa. Esa noche él no la tocó. Se quedó despierto hasta que su respiración se volvió regular. Y fue la primera vez que sintió algo similar a lo que Noah le hacia sentir. —¿Te hizo daño? —pregunto Noah y eso provoco que Aria regresara al presente. Aria abre los ojos. —¿Cómo? —Pareciera como si te perdieras en una tormenta dentro de tu mente. ¿Te pasa seguido? ¿El te hizo algo? —No, no es totalmente bueno pero jamás me lastimaría como te estas imaginando. Noah la observa. —Lo defiendes. —No. —Entonces ¿qué haces? Ella tarda en responder. —Intento ser jussta. —¿Y él lo merece? Aria recuerda la sábana. El silencio. La distancia que no esperaba aquella primera noche. —A su manera. —Eso suena peligroso. —Lo es. —¿Y aun así firmaste un contrato con el? —Porque nadie más estaba ofreciendo sostener el mundo cuando el mío se cayó. Noah suaviza su mirada, no quería juzgarla la amaba desde la primera vez que la escucho cantar. —Yo lo habría hecho. —Estabas en coma. Silencio. —¿Te protegió? —pregunta él. Ella duda. —Sí. —¿Te poseyó? Ella no responde. El teléfono vibra de nuevo, esta vez es una llamada entrante. Esta vez Noah lo ve. —Contesta. —No. —Contesta. Aria lo saca. Mensaje nuevo. Si no vuelves a los Ángeles, voy a cancelar todos los conciertos de la gira. El aire desaparece de la habitación. Noah nota el cambio en su expresión. —¿Qué dice? Aria no responde. Noah extiende la mano. —Déjame verlo. Ella retrocede. —No. —Caroline. —Aria. —Aria —corrige él—. ¿Qué está pasando? Ella lo mira. Y por primera vez entiende algo que había evitado aceptar. Matt no solo la protege. La controla. Y ahora controla algo más. —Los conciertos —susurra. —¿Qué pasa con los conciertos? ¿Te volviste tan famosa que ya tienes giras? Aria cierra los ojos. —Depende de él. Silencio. Noah no grita. No se altera. Solo la mira. —Entonces realmente atrapada por un contrato. —No es tan sencillo. Las palabras caen como un disparo. —No digas eso. —Es verdad. El teléfono vibra de nuevo. Otro mensaje. La confirmación que Matt a enviado uno de sus aviones privados a recogerla. Aria siente que el tiempo se encoge. Noah sostiene su mirada. —Ve. —No. —Ve. —No voy a dejarte. —Si no vas, perderás tus conciertos. Ser famosos es algo que siempre deseamos. Ella niega con la cabeza. —Encontraremos otra forma. —¿En cuánto tiempo? Silencio. Noah respira hondo. —Siempre fui yo quien te protegió y siempre supe que llegarías lejos. —No digas eso tú también siempre fuiste muy talentoso. —Déjame hacerlo otra vez. Déjame protegerte. —No sabes a qué te enfrentas. —Entonces dime. Aria abre la boca, pero no sale nada. La puerta se abre de golpe. Dos hombres de traje entran sin anunciarse. —Necesita acompañarnos, el señor Lockwood nos ha enviado por usted. —¿Qué? No. — dice Aria mientras uno de ellos la toma del brazo. Noah se levanta en él acto. —¡Suéltenla! —Señor, no se altere —dice el otro. Aria forcejea. —¡Suéltenme! El tirón desacomoda su peluca. Un mechón real cae sobre su rostro. Una enfermera la mira fijamente mientras Aria es llevada hacia el corredor y sin los lentes de sol y la peluca la reconoce en el acto. —¡Por Dios es ella… Es Aria Langford!
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