Capítulo 6: Un nuevo comienzo bajo las sombras
Me quedé mirando el techo de mi habitación por lo que parecieron horas, incapaz de calmar la tormenta de pensamientos que me azotaban. Todo lo que había sucedido en las últimas semanas, desde el matrimonio con Alexander hasta el terrible encuentro en el bar, me había dejado exhausta. Pero no podía permitirme el lujo de descansar; no con la vida de Martín dependiendo de mí. Mis pensamientos giraban en torno a las palabras de Alexander antes de que se marchara la noche anterior, especialmente a esa mención del divorcio. No había sabido cómo interpretar su reacción. Quizás, después de todo, el matrimonio no significaba nada para él.
A la mañana siguiente, lo encontré en la sala de estar, sentado en uno de los sofás de cuero. Su porte siempre imponente irradiaba una frialdad que me había costado tiempo entender. Cuando levantó la mirada, su expresión seguía siendo imperturbable, como si los eventos de la noche anterior jamás hubieran ocurrido. Parecía dispuesto a continuar con su fachada de indiferencia, pero había algo en su actitud que me indicaba que no todo estaba tan bajo control como pretendía mostrar.
—No podemos divorciarnos —dijo sin rodeos, rompiendo el silencio antes de que pudiera decir algo—. Al menos no en los próximos años.
Sus palabras me dejaron perpleja. ¿Por qué estaba tan seguro de eso? Había sido yo quien sugirió el divorcio, no él. Creía que, después de todo lo que habíamos pasado, sería la mejor opción para ambos.
—¿Por qué? —pregunté, más confundida que enfadada.
—Porque hacerlo traería más problemas de los que imaginas. —Su tono era firme, pero no despectivo. No pude evitar notar que en sus ojos había algo más allá de la indiferencia habitual—. Además —continuó, sacando un pequeño trozo de papel de su bolsillo y escribiendo algo en él—, no necesitas recurrir a ese bar para ganar dinero.
Me entregó el papel. Al principio, no entendí lo que estaba haciendo, pero cuando bajé la mirada y leí el nombre de la empresa escrito en tinta negra, algo en mí se encendió. Olivetti Enterprises.
—Ve a esta empresa —dijo, con una tranquilidad que me desconcertó—. Tienen una vacante, y quiero que vayas allí para una entrevista. Diles que vas de mi parte.
Lo miré, incrédula. Esto no podía ser real. Alexander, el hombre que apenas mostraba interés por mi vida, ahora me ofrecía ayuda en forma de una recomendación. Sabía que tenía poder, pero aún así, me preguntaba si esta oferta era realmente genuina. Y, peor aún, ¿qué pensaría la madre de Melissa si se enteraba de que Alexander me estaba ayudando? Esa mujer había dejado claro que haría todo lo posible para bloquear cualquier oportunidad que yo pudiera tener.
—No creo que funcione —murmuré, negando con la cabeza—. La madre de Melissa tiene demasiada influencia. No importa a dónde vaya, ella siempre encontrará la forma de arruinarlo.
Alexander me miró fijamente, con esa mirada penetrante que siempre me hacía sentir incómoda, como si pudiera ver más allá de las palabras.
—Deja que ella intente lo que quiera —dijo—. Tú solo ve a la entrevista y verás lo que pasa. No subestimes la influencia que puedo ejercer.
Algo en su tono me dio la confianza que necesitaba para intentarlo. Había estado tan concentrada en la desesperación que ni siquiera había considerado que Alexander podría tener la capacidad de superar los obstáculos que la madre de Melissa había puesto en mi camino. No tenía nada que perder. Si realmente me habían cerrado todas las puertas antes, esta podría ser la única que se abriera.
Asentí lentamente, guardando el papel con el nombre de la empresa en mi bolsillo. No dije nada más. Tampoco él. Y cuando me levanté para salir de la habitación, sentí que, de alguna manera, el aire entre nosotros había cambiado. Seguía siendo tenso, pero ya no era tan asfixiante como antes.
La mañana de la entrevista, me sentí más nerviosa de lo que hubiera querido admitir. Me puse uno de los pocos trajes que tenía, algo sencillo pero profesional, y me miré en el espejo tratando de convencerme de que esto no era un salto hacia lo desconocido. Sabía que esta podría ser mi única oportunidad de conseguir un trabajo decente, de dejar atrás la desesperación del bar y comenzar a ganar dinero para Martín de manera legítima.
Olivetti Enterprises se alzaba en el corazón del distrito financiero, un edificio moderno de cristal y acero que reflejaba el cielo nublado de la ciudad. Cuando entré en el vestíbulo, la recepcionista me miró con curiosidad mientras le entregaba mi identificación.
—Tengo una entrevista —dije, intentando sonar más segura de lo que realmente me sentía—. Vengo de parte de Alexander.
Sus ojos se agrandaron ligeramente al escuchar su nombre. Hizo una rápida llamada y, en cuestión de minutos, me condujeron a una sala de conferencias en el piso superior. Las paredes de cristal permitían una vista panorámica de la ciudad, y mientras esperaba, sentí que el peso de todo lo que había pasado recaía sobre mis hombros.
Cuando el entrevistador llegó, un hombre mayor con el cabello canoso pero bien peinado, me observó con una mezcla de respeto y curiosidad. La entrevista comenzó de manera estándar, preguntas sobre mis habilidades, mi experiencia previa —aunque limitada—, y lo que esperaba del trabajo. Pero sabía que lo más importante no era lo que dijera, sino de quién venía la recomendación.
Al final, el hombre cerró su carpeta y me sonrió, algo que no esperaba en absoluto.
—He escuchado mucho sobre Alexander —dijo, con una mezcla de admiración y precaución—. Si él confía en ti, entonces no tengo dudas de que serás una buena adición al equipo. Considera el trabajo tuyo.
Me quedé helada por un momento, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. ¿Había sido tan fácil? ¿Realmente el poder de Alexander era tan grande como para superar incluso las barreras que había temido durante tanto tiempo? No podía creerlo. Había conseguido el trabajo, y ni la madre de Melissa había podido impedirlo.
Agradecí al entrevistador y salí de la oficina con una sensación extraña en el pecho. A pesar de la victoria, aún sentía que estaba caminando en una cuerda floja. No sabía cómo reaccionaría la madre de Melissa cuando se enterara, ni qué haría Alexander después de esto. Pero por ahora, tenía algo que no había tenido en mucho tiempo: una oportunidad de ganar dinero de manera legítima.
Mientras caminaba de regreso a casa, por primera vez en semanas, sentí una pequeña chispa de esperanza. Tal vez, solo tal vez, las cosas empezaban a cambiar.