Él me hace señas con su mano para que me acerque. En cuanto lo hago me invita a entrar a su auto polarizado. Lo hago ante su atenta mirada. —No creí que fueras de esas chicas. —No entiendo. ¿De qué chicas? —De las que son animadoras —me contesta. —Y según tu criterio ¿cómo son las animadoras? —hace un gesto de restarle importancia con su mano. —Sólo no son de las mías. —Por fortuna, tú sólo estás aquí para trabajar, no para opinar —se muestra sorprendido ante mi respuesta y no toca más el tema. —Estoy aquí para comunicarte que aún no te tengo nada. —¡Nada! Es imposible, te pago para que me traigas algo. —Es difícil, estoy seguro, muy seguro que es algo turbio lo que estoy averiguando así que no puedo hacerlo de un día para otro, sin embargo, jamás dejo sin terminar lo que comienzo

